La globalización ha llegado a los empleos tecnológicos: ya no es necesario mudarte para trabajar en una empresa de Silicon Valley

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La startup Deel tiene su sede en San Francisco, pero los 21 puestos de trabajo de ingeniería que busca cubrir no estarán en la ciudad. Probablemente, ni siquiera se ubiquen en Estados Unidos. La idea esta empresa es buscar algunos en América Latina, otros en Europa, África y Oriente Medio, pero afirma ser flexible, ya que lo importante para ellos es encontrar a los mejores, independientemente de dónde vivan. Desde su creación en 2019, han construido la que podría ser la empresa tecnológica más global de su tamaño: 1.100 empleados repartidos en más de 75 países, incluyendo Nigeria, Colombia y Bielorrusia. Los empleados estadounidenses constituyen solo el 18% de la plantilla de la empresa, y solo el 1% están en ingeniería, datos y productos.

Se trata de un cambio radical en el sector tecnológico. Desde el principio, Silicon Valley se comprometió a mantener sus puestos de trabajo más importantes allí, para que todos pudiesen disfrutar de los espacios de ocio de las oficinas y aprovecharlos para interactuar.

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Sin embargo, estos beneficios no estaban ahí para complacer a los empleados: las empresas querían que sus equipos estuvieran juntos, las 24 horas del día. «Creían que el trabajo codo con codo fomentaría la creatividad», opina Duri Chitayat, un veterano ejecutivo de la industria tecnológica.

Pero ahora, cada vez más compañías del sector siguen el ejemplo de Deel. El mes pasado, en la plataforma de contratación Laskie, el 75% de las empresas que buscaban ingenieros en Estados Unidos también lo hacían en América Latina. Esta cifra es superior al 55% de hace un año. Y antes de la pandemia, el CEO Chris Bakke estima que solo el 25% de las compañías buscaban ingenieros en la región.

El rápido y arrollador cambio en el empleo tecnológico está siendo impulsado por la confluencia de 2 factores: el trabajo a distancia y la Gran Dimisión. Una vez que empezó a permitirse teletrabajar, se dieron cuenta de que podían contratar no solo en Estados Unidos, sino también en el extranjero.

La codificación, de hecho, es el trabajo más fácil de realizar a distancia en el país: en un análisis reciente de las ofertas de empleo en Indeed, en 51 categorías profesionales, las personas con más probabilidades de que se les permitiese trabajar desde casa eran los desarrolladores de software. A fin de cuentas, solo se necesita un ordenador y buena conexión a internet.

No obstante, incluso cuando las empresas de EEUU amplían el ratio de contratación a otros territorios del país, siguen teniendo dificultades para encontrar ingenieros. Y, debido a la Gran Dimisión, se ven obligadas a pagar sueldos cada vez más altos. Así que, ¿por qué no buscar el talento tecnológico en otra parte, sobre todo cuando se puede conseguir por menos dinero? «Si ya nadie necesita entrar en una oficina, ¿sigue valiendo la pena contratar a los mejores trabajadores tecnológicos de Estados Unidos?», reflexiona Bakke.

Ahora, a medida que más empresas trasladan los puestos de trabajo al extranjero, los mejores y más brillantes de Silicon Valley ya no compiten solo entre ellos. Compiten con el resto del mundo. Lo que empezó siendo un mercado de trabajo firmemente local se está convirtiendo, por fin, en un mercado de trabajo internacional. La globalización empezó en las fábricas, y luego se extendió al personal de apoyo. Ahora ha llegado al último bastión de los empleos tecnológicos estadounidenses: las filas de la élite de los ingenieros.
0,6% de desempleo

Con la generalización del teletrabajo, es raro pensar que hubo un tiempo en que la cultura de Silicon Valley se basaba en la interacción cara a cara en las oficinas. Cuando las empresas tecnológicas querían aprovechar las habilidades de los programadores extranjeros, construían oficinas en grandes ciudades de otros países que fuesen conocidos centros tecnológicos. O bien tramitaban visados para aquellas personas extranjeras que mostraban un gran talento, y se las llevaban a Estados Unidos.

No obstante, solo las grandes empresas podían permitirse construir oficinas en el extranjero. Y en la era Trump, los visados se volvieron casi imposibles de conseguir. Esto limitó la capacidad de la industria tecnológica para contratar talento extranjero, incluso cuando la demanda de ingenieros alcanzaba un máximo histórico.

Entonces llegó la pandemia. Por primera vez, estas compañías se dieron cuenta de que no era necesario que la gente se viera todos los días para trabajar bien juntos. Con todo el mundo confinado, el trabajo seguía saliendo adelante. Todos, desde los gigantes tecnológicos hasta las empresas más pequeñas, empezaron a contratar ingenieros en todo Estados Unidos, mucho más allá de las ciudades donde tenían oficinas. Eso les permitió aprovechar una reserva de talento mucho mayor, y pagar sueldos más bajos.

Pero, a pesar de todo esto, seguía resultando muy difícil encontrar ingenieros. En el último trimestre, la tasa de desempleo de los desarrolladores de software fue solo del 0,6%, una de las más bajas. Básicamente, Estados Unidos se quedó sin ingenieros que buscasen trabajo. Esto alimentó una competencia feroz entre empresas por captar talento, que acabó llevando a una fuerte subida de salarios.

Y esto, finalmente, ha hecho que el talento empiece a buscarse en el extranjero. Hacerlo, también supone una ventaja económica, ya que un ingeniero que viva en Ciudad de México cobra mucho menos que uno de EEUU. Mientras que a uno en EEUU habría que pagarle un sueldo de alrededor de 190.000 dólares (unos 180.000 euros), su homólogo mexicano, siempre que tenga experiencia y un muy buen nivel de inglés, cobraría unos 91.000 dólares (87.000 euros). Según Deel, empresa especializada en recursos humanos, los salarios medios de los ingenieros de software senior son de 57.000 euros en Argentina, 73.000 euros en Filipinas, 77.000 euros en Brasil y México, y 81.000 euros en Polonia.

Tien Lee

¿Dónde contratan más las empresas tecnológicas? En todas partes: desde Lahore hasta Lagos, pasando por Lisboa. Y como ya no tienen que limitar sus búsquedas a los principales centros tecnológicos, la ciudad o la nacionalidad de un candidato pasa a estar en segundo plano. Así es como Deel ha pasado de tener 3 ingenieros a unos 140, en solo 2 años. «Si necesitas escalar rápidamente, contratar a nivel global es sin duda el camino a seguir», dice Yaron Lavi, director de tecnología de Deel.

Safeguard Global, una empresa de gestión de nóminas y personal de Austin (Texas) competencia de Deel, ha adoptado un enfoque similar. «Necesitaba tener los mejores talentos, y no podía hacerlo desde una sola ubicación, ya que la competencia entre empresas es demasiado alta. La forma de enfocarlo fue: ser globales, mantener el listón lo más alto posible y no ir a los lugares normales a los que ya ha ido todo el mundo», indica Chitayat, director de Tecnología de Safeguard.

Las consecuencias imprevistas

El lugar de mayor auge ha sido América Latina. La región comparte horarios de trabajo similares a los de Estados Unidos, y los salarios allí son comparativamente bajos. Pero, gracias a la avalancha de contrataciones, están empezando a subir. ¿Ese salario medio de 87.000 euros de los ingenieros senior en Latinoamérica? En mayo de 2021, según Laskie, era de sólo 62.000 euros, un aumento de casi el 40% en apenas un año.

Esto crea una enorme oportunidad para los ingenieros en países en desarrollo, que ya no tienen que desarraigar a sus familias y mudarse a Estados Unidos para ganar un sueldo que cambie sus vidas. No obstante, puede tener un impacto negativo en la industria local. Si las empresas estadounidenses se lanzan a por todos los ingenieros de, por ejemplo, Uruguay, ¿qué harán las empresas de allí? ¿Cómo van a permitirse tener sus propios ingenieros? ¿Significa esto que el mundo va a perderse una empresa que podría convertirse en el próximo Google o Amazon? Contratar talento en el extranjero, con salarios más altos, solo servirá para reforzar aún más el dominio de Silicon Valley.

Silicon Valley

«Es muy bueno ver que la gente puede acceder a salarios que de otro modo no podría. Pero, al mismo tiempo, ¿perjudica al ecosistema local la llegada de este tipo de sueldos? Y si es así, ¿tenemos la responsabilidad de pensar críticamente en ese impacto?», se pregunta Jim Conti, socio de la empresa de capital riesgo Hyde Park Venture Partners.

Si eres un ingeniero de software en Estados Unidos, tu mayor preocupación es probablemente lo que esto significa para tus perspectivas de trabajo. Cuando las empresas estadounidenses subcontratan se alimenta una reacción proteccionista, «made in America». No obstante, nadie con quien haya hablado en la industria tecnológica cree que esta nueva tendencia tenga la más remota posibilidad de quitar puestos de trabajo a los trabajadores tecnológicos estadounidenses en un futuro inmediato. Como escribí la semana pasada, los puestos en el sector tecnológico siguen en auge en Estados Unidos, incluso cuando a pesar de la caída del mercado y el parón de las contrataciones. En una era económica que se basa casi por completo en la tecnología, hay trabajo para todos, aunque ese «todos» se extienda al resto del mundo.

«Si algo han demostrado las últimas décadas es que el potencial de crecimiento de la creación de nuevas empresas tecnológicas sigue superando con creces la capacidad de nuestros mercados laborales para abastecerlo», afirma Adam Nash, un veterano ejecutivo de Silicon Valley.

Nash añade que el auge de la contratación internacional también debería ser un buen augurio para los sueldos de los ingenieros estadounidenses, debido a que una parte se les paga en acciones. Lo que es bueno para las compañías, probablemente también sea bueno para los empleados.

Pero, a largo plazo, ¿la subcontratación de empleos tecnológicos supone un riesgo para los trabajadores de EEUU? Si viene una recesión ¿despedirán antes al ingeniero americano o al de Perú? Cuanto más se parezca la industria tecnológica a la automovilística, cuanto más siga Silicon Valley los pasos de la globalización de Detroit, más incentivos tendrá para ofrecer puestos de trabajo en el extranjero.

El momento representa un profundo giro en el mito de Silicon Valley. Desde Larry Page hasta Mark Zuckerberg, la tecnología ha fomentado la noción de que los ingenieros informáticos son como dioses, seres tan raros y mágicos que las empresas deben retenerlos a ellos a cualquier precio. Pero ese estatus siempre ha dependido de un extraordinario desequilibrio entre la oferta y la demanda. A medida que más y más empresas estadounidenses aprovechen la oferta mundial de talento tecnológico, los programadores en Estados Unidos pueden tener que enfrentarse al hecho de que, después de todo, no son tan extraordinarios.


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