La huella que deja la pandemia en los consumidores

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Dos años después de que la pandemia de la Covid-19 impactara en nuestra vida, el consumidor se ha vuelto, en términos generales, menos sociable y confía menos en el futuro, por lo que dedica más tiempo a pensar en sí mismo y en invertir en su hogar, el sitio que siente como más propio, seguro y que no restringe sus libertades.

Así lo pone de manifiesto el análisis Trends Review 2021-2002, realizado por The Cocktail, consultora especializada en el diseño y ejecución de proyectos de transformación digital, que estudia la evolución del consumidor en nueve áreas concretas: la vida laboral, la evolución en el consumo y el modo en que pasa del disfruta al conflicto, la experiencia de límites durante los años pandémicos, la sostenibilidad, el hogar, la socialización, el bienestar (especialmente emocional), las actividades de evasión y su percepción como consumidor.

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Según este análisis, la satisfacción vital general de los ciudadanos ha descendido significativamente con respecto a la satisfacción de la época prepandemia (2018). Esta menor satisfacción es especialmente notable en dos grupos de población: los jóvenes y las mujeres.

Tras dos años de malestar pandémico y el descenso de la satisfacción vital, los consumidores no quieren mensajes dramáticos a la hora de ser interpelados por las marcas, sino que buscan aquello que contribuya a su mejora. Aunque la sostenibilidad es una preocupación relevante, los consumidores buscan mensajes de fomento, mejora y optimización a la hora de realizar acciones que mejoren la vida del planeta.

La saturación de mensajes negativos, más el malestar generado por la pandemia, hacen que por vez primera descienda el porcentaje de aquellos dispuestos a modificar su estilo de vida en pro de la sostenibilidad.

Es decir, es momento de positivizar y restar dramatismo (ya está asumido el impacto y la responsabilidad) al tono desde el que las marcas abordan la sostenibilidad. La comunicación debe ser con mensajes de confianza, capacidad y propósito, vinculando sostenibilidad y disfrute, recompensando la acción e involucración.

El confinamiento también ha provocado cambios importantes en el hogar del consumidor. No solo por las inversiones que se han realizado para acomodarlo a opciones como el trabajo, el deporte o el ocio (tanto personal como colectivo), sino también en la percepción que los usuarios tienen de este espacio. Por un lado, se ha convertido en el lugar donde el consumidor cree recuperar el poder y control sobre sus vidas y donde los límites son los que marca cada uno.

Además, y dado que los consumidores salen mucho menos sociables de la pandemia, piensan en pasar más tiempo en casa, el espacio donde se sienten seguros y ellos mismos. Un espacio configurado conforme a sus aspiraciones vitales.

En relación al mundo del trabajo y más allá de la consolidación del teletrabajo en porcentajes de alrededor del 20%, es relevante una progresiva flexibilidad en la gestión del día a día: así, incluso entre quiénes vuelven al trabajo presencial se incrementa la posibilidad de comer en casa, con lo que implica de capacidad de posibilidad de gestión de los tiempos propios.

De la misma manera, la posibilidad de trabajar desde casa ha hecho que el teletrabajo sea visto como una nueva opción de libertad, flexibilidad y comodidad. Tanto que, entre aquellos que no pueden trabajar desde casa, el teletrabajo se haya convertido en un referente aspiracional.

Los consumidores creen que, dentro de diez años, estaremos más solos, nos interesaremos más por las cuestiones sanitarias (lo que también incluye la salud mental), que habrá más divorcios y menos nacimientos.


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