Estudios: El boom de las dark kitchen y las entregas inmediatas

Persona recibiendo maleta de delivery

En un contexto de auge del delivery, empresas como Glovo o Dija compiten en el nuevo escenario del Q-Commerce: entregas ultrarrápidas de la compra a domicilio. Hoy queremos abrir un par de reflexiones: ¿Estamos ante un modelo rentable? ¿Realmente el consumidor necesita la compra en casa en apenas 10 minutos?

Si el pasado año 2020 fue, con la crisis del coronavirus, el del auge y consolidación de las dark kitchen (cocinas fantasma), este 2021 se implanta con fuerza el modelo que podríamos llamar de ‘supermercados fantasma’, que bajo la misma premisa que las cocinas, el delivery, están llegando con la intención de competir en el panorama de la distribución española.

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La base es la misma: locales cerrados que, si en el caso de las cocinas sirven para preparar la comida y enviarla a domicilio, en del supermercado la dinámica consiste en preparar la compra con idéntica finalidad, la del envío online al consumidor.

A la existencia de importantes operadores como Glovo, que han apuestan por pescar en el río de la distribución, hay que sumar la aparición de nuevos actores, como Dija, un retailer totalmente online que promete repartir la compra a domicilio en tan solo 10 minutos. No nos olvidemos, por supuesto, del gigante Amazon, que no deja escapar una tendencia y que en España sigue consolidando su alianza con la cadena de supermercados Dia para el reparto de productos de gran consumo a domicilio. La diferencia entre este último y los anteriores es que éstos tienen que aportar algo nuevo para poder competir con el monstruo de Jeff Bezos, y en este caso han apostado por las entregas ultrarrápidas o Q-Commerce.

¿ES RENTABLE REPARTIR LA COMPRA EN 10 MINUTOS?

En el caso de Dija, estas entregas ultrarrápidas (de las que también presume Glovo) se presentan como la seña de identidad de la startup de origen londinense: si la compra no se reparte en 10 minutos, el cliente recibe 3 meses de repartos gratuitos. En el caso de Glovo, la introducción de tecnología de última generación y la eficiencia en el proceso de preparación del pedido en los almacenes urbanos (volvemos al concepto ‘darkstore’) que la compañía tiene en grandes capitales como Barcelona y Madrid hacen posible alcanzar dichas entregas ultrarrápidas. La pregunta del millón es: ¿se trata de un modelo rentable? En un sector con unos márgenes tan ajustados -la distribución no permite los márgenes de la hostelería- la respuesta más rápida es «no».

La pandemia, el aumento del consumo en el hogar y un consumidor que cada día exige más -y más rápido- han servido de caldo de cultivo para este modelo; pero no olvidemos que surgen numerosas dudas a cuenta de lo que ya hemos vivido en los últimos años con las plataformas de delivery: empresas deficitarias que sobreviven gracias a su captación de datos de los clientes, modelos laborales en entredicho (regulación de los riders) o, sencillamente, una cuestión logística (¿alguien ha intentado recorrer Madrid o Barcelona en 10 minutos?) o de sostenibilidad (no parece fácil conseguir las ansiadas bajas emisiones en una política de entrega ultrarrápida de última milla).

Está por, por tanto, conocer la rentabilidad de estos negocios (aunque es cierto que de momento los inversores respaldan el modelo) y quizá también sea hora de apelar al consumidor a que levante el pie del acelerador. ¿Realmente necesitamos tener la compra en casa en el tiempo que duran unos anuncios en Antena 3? Cuestión de prioridades…


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