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Bodega Araujo recibe certificación internacional por su producción de triple impacto

  • La bodega de la familia Araujo recibió la certificación internacional como empresa B de triple impacto, en reconocimiento a su compromiso social y ecológico.

La cosa es así: se abre un vino, se sirve en una copa, se lee la etiqueta – que siempre dice más o menos lo mismo – se prueba y generalmente gusta. Algunas veces no. Pero muy pocos realmente conocen el backstage del vino. El esfuerzo que conlleva. Los años de conocer un terruño, de apostar a una uva, de vinificar de acuerdo a las posibilidades y al deseo, de pensar un nombre, terminar de construir una identidad. Y finalmente, encontrarse con el resultado, coloreando una copa. Muy pocos participan de esa ambiciosa obra. Y la familia Araujo, está ahí.

Hace poco más de veinte años – en el emblemático 2001 – apostaron a un nuevo negocio y, desde su Rosario natal, compraron fincas en San Rafael de Mendoza, recuperando viñedos tradicionales. Once años después lanzaron al mercado su primer vino, producido con uvas propias. Pasó una década más, ganaron un premio internacional por su primer malbec orgánico. Y este año, recibieron la certificación internacional de “Empresa B” de triple impacto: social, ambiental y económico. Una prueba del compromiso de la empresa por avanzar, con pasos certeros, en términos de calidad y responsabilidad.

Una certificación con B de brindis.

El movimiento B nace como una red sin fines de lucro en Estados Unidos, en 2011, con la misión de poner en marcha un nuevo capitalismo, en donde las empresas compiten no solo en el ámbito de lo económico, sino también en ser mejores para las personas y la naturaleza.

B Lab, la organización madre, se expandió en los 5 continentes y ya certificó en el país aproximadamente 170 Empresas B, cerca de 900 en Latinoamérica y poco más de 5000 en el mundo, un número menor pero nada despreciable de corporaciones que asumen una responsabilidad en primera persona en relación a su impacto en el mundo. “Las Empresas B no tratamos de ser las mejores empresas del mundo, si no las mejores empresas para el mundo” explica Mariano Gallo, gerente comercial de Bodega Araujo y profundiza sobre la filosofía de la marca a la hora de llegar a sus clientes “Buscamos estar cerca de nuestros clientes, no necesariamente contando cómo se hace el vino, si no buscando enamorar con nuestro proyecto. Y abrirnos a mercados internacionales nos abrió un poco la cabeza y nos hizo descubrir esta certificación B, un desafío que al principio pareció una locura pero después entendimos que ya lo teníamos en los genes.”


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Bodega Araujo priorizó desde su gestación el cuidado de la tierra y de los procesos productivos sustentables, produciendo en sus fincas ciruelas orgánicas y apuntando a la producción gradual de vinos también orgánicos. Con este perfil, se postuló a la certificación por primera vez en 2020, obteniendo una muy buena evaluación pero aún teniendo que perseguir mejoras para alcanzar los 80 puntos necesarios en los rubros Gobernanza, Trabajadores, Clientes, Comunidad y Medio Ambiente, los 5 puntos que evalúa la organización – que en Latinoamérica se denomina Sistema B – para certificar a una corporación.

Bodega Araujo viene creciendo a un ritmo del 30% anual y produce un millón de litros de vino. Un montón. Llega a todo el país con sus productos y a plazas internacionales como Brasil, Perú, Canadá y Alemania, iniciando contactos con mercados descomunales como China y USA. Y corona el 2022 finalmente siendo parte de la comunidad global de Empresas B, un paso que alcanza a numerosas acciones en el trabajo cotidiano: ahora producen solo vinos orgánicos, usan botellas livianas con menos vidrio, aplican menos tinta en sus cajas y hasta incluyen un programa de apoyo para finalizar los estudios dentro de su equipo de colaboradores. Enumerando, Mariano concluye sosteniendo que “la mentalidad no la cambiamos, pero había que reafirmar un compromiso con la tierra, que es la que nos da todo.”

Con las copas llenas de orgánicos

María Galli es gerente de marketing de Bodega Araujo. Lideró el proceso hacia la certificación y tiene un marcado perfil a la sustentabilidad. Habla rápido cuando nos cuenta sobre la producción de vinos orgánicos, crece su intensidad explicando el esfuerzo que eso representa. “Indudablemente el consumidor está cambiando. Y las empresas tienen que responder a esa demanda”, sostiene y aporta datos concretos: entre 2012 y 2021, la producción de vinos orgánicos en Mendoza aumentó un 75%. El destino principal sigue siendo el mercado internacional, que tiene ya una preferencia evidente por este tipo de productos. En Argentina, de a poco se empieza a acompañar esta saludable tendencia.

“Nucha” fue el primer vino orgánico de la bodega. Un malbec, por supuesto. En 2021 fue premiado en Holanda, un hito que reafirmó la filosofía de la empresa y los animó a seguir en esa búsqueda, en donde no se usan pesticidas, se fertiliza el cultivo con compostaje natural, se cosecha a mano y el vino no tiene aditivos, entre otras prácticas agroecológicas. Una transición que desemboca en el fraccionamiento de este último semestre, en donde el 100% de su producción es orgánica. “Fue todo un trabajo, que como todo proceso natural llevó mucho tiempo. Al principio tuvimos cierto recaudo a la hora de comunicar que producimos orgánicos, hay muchos prejuicios en torno a esa palabra. Cuando vimos que la respuesta del mercado fue favorable, que nuestro vino fue premiado, sentimos que nos alineamos a una tendencia que ya es mundial.” afirma María, con un orgullo que ya no puede ocultar.

Hoy miramos la copa y descubrimos un poco el backstage de Bodega Araujo, con vinos que seducen porque tienen mucho que contar: una historia familiar que nace en Rosario, se desarrolla en Mendoza y se proyecta hacia un futuro global, parada sobre un suelo saludable por varias generaciones más. En noviembre, van a participar del evento para Empresas B que se hará en el país y será justamente el primero en nuestra ciudad: el “Día B”. Allí compartirán con pares sus experiencias en este camino hacia una nueva forma de producir, en donde las empresas toman las riendas para crear una economía más sensible con su entorno, sin dejar de ser rentables. Que muchos más levanten esta copa. Chinchín.


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