Neuromarketing: ¿Puede Facebook «leer la mente» de sus usuarios?

Celular con la aplicación Facebook

¿Puede el cerebro escoger a los amigos?, ¿dictar de quién se tiene que enamorar una persona?, ¿podrá Facebook leer la mente de sus usuarios? La neurociencia tiene una respuesta tajante para éstas y otras preguntas similares: no.

Porque el cerebro puede participar, y de hecho interviene, en muchas de esas decisiones, pero no es el único órgano del sistema nervioso; y porque algunos sistemas que están desarrollando algunos gigantes tecnológicos pueden ser capaces de interpretar algunas señales del cerebro, lo cual es muy diferente de «leer el pensamiento».

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Para promover el diálogo entre la neurociencia de vanguardia, la psicología y las humanidades, y para impulsar la comprensión integral del cerebro y algunas de las cuestiones éticas que se derivan de esa comprensión ha surgido el Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET), una iniciativa de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno a la que se han sumado científicos y filósofos de varios países.

La nueva Fundación, que se presenta hoy en un acto en el Museo del Prado, quiere impulsar la investigación multidisciplinar para favorecer la comprensión rigurosa del cerebro, su funcionamiento, su relación con el resto del cuerpo, con la historia vital del individuo y con las relaciones interpersonales.

El CINET ha nacido arropado por numerosos investigadores en diversas disciplinas, como la neurociencia, la psiquiatría, la filosofía, la ética o el derecho, entre ellos Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología en la Universidad de Columbia; Jorge Sepulcre (Universidad de Harvard); o los filósofos Markus Gabriel (Universidad de Bonn) o Alva Noë (Universidad de Berkeley).

Jorge Sepulcre, director de laboratorio en el Gordon Center for Medical Imaging en Massachusetts General Hospital de Boston y profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, se ha mostrado hoy, durante la presentación a la prensa de la Fundación, convencido de que la neurociencia va a dar «pasos de gigante» en los próximos años con la integración de las llamadas «ómicas», que se ocupan de la interacción entre los distintos niveles moleculares (el ARN, las proteínas o los metabolitos).

En la presentación ha intervenido la profesora de Filosofía Marya Schechtman, miembro del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Universidad de Illinois, en Chicago, quien ha constatado por ejemplo su preocupación por algunos tratamientos de enfermedades neurológicas y psiquiátricas que pueden «perturbar o alterar la identidad del paciente».

A su juicio, el alivio de los síntomas depresivos «es bienvenido», pero ha alertado de que una rápida alteración del estado de ánimo mediante el uso de productos farmacéuticos o mediante la estimulación cerebral profunda, puede hacer que los pacientes dejen de sentirse ellos mismos y ocasionar tensiones en las relaciones con sus seres queridos.

Son éstas las cuestiones a las que el nuevo Centro de Neurociencia y Ética pretende dar respuesta, ante los nuevos dilemas o desafíos que se están abriendo camino en este ámbito.

Schechtman ha citado entre ellos los «prometedores» intentos de prevenir o tratar el trastorno de estrés postraumático dirigiéndose a los procesos de la memoria, pero ha planteado que si la neurociencia comienza a intervenir de alguna manera en los recuerdos e incluso a insertarlos se podría de alguna manera estar rediseñando la identidad personal de una manera «preocupante».

El director académico de la Fundación Tatiana, Álvaro Matud, ha incidido hoy durante la presentación del CINET en la importancia de impulsar la investigación multidisciplinar en el ámbito de la neurociencia y de fomentar el debate y la discusión para afrontar los desafíos éticos que plantean el progreso científico y tecnológico.


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