Trabajadores de Kroger batallan para pagar alimentos y vivienda

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Más de dos tercios de los trabajadores de Kroger batallan para pagar alimentos, vivienda u otras necesidades básicas debido a los bajos salarios y los horarios laborales a tiempo parcial, según un informe publicado el martes por un grupo de investigación con sede en Los Ángeles.

El catorce por ciento de los empleados de Kroger no tiene hogar en este momento o no lo ha tenido durante el último año, según el informe.

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Las tres cuartas partes tienen inseguridad alimenticia, lo que significa que carecen de acceso en todo momento a comida para una vida activa y saludable, según la definición establecida por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Eso es siete veces la tasa de escasez en ese rubro en la población general. El catorce por ciento de los empleados informa que recibe cupones de alimentos, o productos de un banco de víveres o un programa de donación de la comunidad.

El grupo Economic Roundtable basó sus hallazgos en una encuesta a más de 10.000 trabajadores en tiendas propiedad de Kroger en el sur de California, Colorado y Washington. El informe fue encargado por varios locales del Sindicato Internacional de Trabajadores de Alimentos y Comercio (UFCW por sus siglas en inglés).

Con el ajuste de la inflación, los salarios de los empleados de alimentos de Kroger con más experiencia han disminuido entre un 11% y un 22% en las regiones encuestadas desde 1990, según el informe. Kroger es el único empleador para el 86% de los trabajadores encuestados.

El portavoz de Kroger, John Votava, indicó que Ralphs y Food 4 Less pagaron una compensación promedio de más de 24 dólares por hora para cubrir salarios, atención médica y beneficios de jubilación, comparados con los 18 dólares por hora que se otorgan a los empleados minoristas de Estados Unidos.

En el sur de California, Kroger opera más de 200 sucursales de Food 4 Less y Ralphs. Los trabajadores, puestos a disposición para comentarios por parte del sindicato UFCW, señalan que sus salarios y horarios son insoportables.

Jeanne Olsen, una empleada de servicio de delicatessen, toma el autobús desde su casa en La Crescenta hasta el Ralphs donde trabaja, en La Cañada Flintridge. Luego, a las 9 p.m., después de que termina su turno, camina cuatro millas a su vivienda porque no puede pagar un transporte, explicó.

Olsen, quien mantiene a un hijo de 18 años, complementa sus ingresos a través del reciclaje, lo que le genera entre 100 dólares y 150 dólares adicionales en un buen mes.

“Recojo todas las latas y las botellas de plástico que encuentro y pido a mi familia, a mis parientes, así como a mis amigos que lo hagan por mí”, comentó Olsen, de 59 años. “Y tengo que hacer espacio dentro de mi departamento a ese reciclaje, pero sin eso, no podría comer”.

Olsen trabaja seis horas al día, seis días a la semana y ganó 14.90 dólares por hora el año pasado. Su salario aumentó a 15.90 dólares a principios de año.

“No creo que la mayoría de nosotros estemos pidiendo algo más allá de que nos paguen lo que vale nuestro trabajo, que nos remuneren de manera justa”, comentó Olsen. “No debería tener que batallar como lo hago”.

Los problemas de los trabajadores se han visto exacerbados por la pandemia de COVID-19.

A Robin White, quien labora en Ralphs en el oeste de Los Ángeles, le recortaron su horario de trabajo a la mitad cuando llegó la pandemia.

Ya no podía pagar la renta y acumuló más de 1.000 dólares en su factura telefónica, que eventualmente se destinó a cobranzas. Durante un tiempo, dormía en el automóvil con su hijo de 9 años, comúnmente en el estacionamiento del trabajo.

Luego perdió su auto y se mudó con su madre durante unos meses mientras intentaba recuperarlo.

“Es una treta, supongo, te darán un aumento en el salario como de un dólar, pero luego te quitarán horas”, enfatizó White. “Así que de igual manera no llegarás a fin de mes”.

White, de 35 años, se transfirió recientemente a una tienda en Moreno Valley para poder quedarse con un primo.

Los trabajadores también informaron sobre seguridad y personal inadecuados en las tiendas, así como la falta de cumplimiento de las normas de salud, como el distanciamiento social y el uso de cubrebocas por parte de los clientes.

Kroger es una de las cadenas de supermercados más grandes de Estados Unidos y fue la decimoséptima corporación con mayores ingresos en 2021.

El informe se publicó antes de las próximas negociaciones entre Kroger y el sindicato UFCW, ya que el contrato de aproximadamente 33.000 trabajadores en el sur de California vence el 6 de marzo. Se pidió un aumento en el salario mínimo para los empleados, duplicando la proporción de personas con trabajo a tiempo completo, y agregar puestos elegidos por el personal a la junta directiva de la empresa para representar a los sindicalizados, entre otras recomendaciones.

Las negociaciones no han ido bien ya que los contratos vencen en varias regiones del país. Los trabajadores de Kroger en Oregón se declararon en huelga en diciembre de 2021 antes de llegar a un acuerdo. Los empleados de Houston autorizaron un paro un mes antes, pero volvieron a la mesa de convenios antes de iniciarlo.

“Ralphs se compromete a negociar y llegar a un acuerdo que invierta significativamente en nuestros asociados, poniendo más dinero en su bolsillo mientras mantiene una atención médica asequible y una pensión estable para la jubilación, un beneficio que el 93% de las corporaciones ya no brindan a sus empleados”, señaló Votava.

Anteriormente, Kroger ha rechazado agresivamente los mandatos de la ciudad de Long Beach y Los Ángeles que requieren aumentos salariales temporales de 5 dólares por hora para los trabajadores de supermercados en medio de la pandemia. En marzo de 2021, la compañía cerró tres locales en Los Ángeles, citando la orden de “pago de héroe” como un factor.

Burt P. Flickinger III, director gerente de la consultora minorista Strategic Resource Group, indicó que los supermercados están “atrapados en el proverbial fuego cruzado de impuestos más altos del condado y el estado, aumento de precios para sus licencias de operación, así como incrementos de costos operativos”.

Flickinger también señaló la pérdida de ingresos por robos en comercios, culpando a la Proposición 47, una ley aprobada por los votantes en 2014 que elevó el mínimo para imputar el robo de propiedad como un delito grave a 950 dólares en mercancías.

Las tiendas de comestibles han presionado para aumentar las sanciones por robo en establecimientos, con una encuesta de 2020 realizada por la Federación Nacional de Minoristas que encontró que el hurto estaba en su punto más alto. El grupo comercial subrayó que ese delito le costó a la industria 61.7 mil millones de dólares en el año fiscal 2019, lo que equivale al 1.6% de las ganancias de los minoristas. El porcentaje se mantuvo igual en 2021.

A nivel local, los delitos contra la propiedad en Los Ángeles aumentaron un 2.6% con respecto al año pasado, según datos del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD por sus siglas en inglés) publicados el 27 de noviembre, pero disminuyeron un 6.6% con respecto a 2019. La categoría que incluye el robo en tiendas, “robo personal/otro” según LAPD, ha bajado un 32% desde 2019.

A los supermercados les ha ido bien durante la pandemia ya que las personas han estado comiendo más en casa.

Los tres proveedores de comestibles más grandes del país, Walmart, Kroger y Albertsons, obtuvieron una ganancia adicional de 6.800 millones de dólares en los primeros tres trimestres de 2020 en comparación con 2019, un aumento promedio del 98%, según un informe de Brookings Institution.


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