Sostenibilidad: Todo va a cambiar para que nada siga igual

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El impacto de los fondos europeos Next Generation EU va a sacudir los cimientos de las infraestructuras actuales: ¿en qué se van a invertir los fondos,cómo y para qué?

La sociedad española, igual que el resto del mundo, se enfrenta al gran reto del siglo XXI: la emergencia climática. La creciente presión medioambiental también exige cada día más la necesidad de hallar soluciones que sean más eficientes y sostenibles, especialmente en el sector del transporte que es uno de los más contaminantes.


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Con el objetivo de abordar estos retos, el 21 de julio de 2020 el Consejo Europeo acordó un instrumento excepcional de recuperación temporal conocido como Next Generation EU por un importe de 750.000 millones de euros. Además de reactivar la economía en la era post covid, haciendo frente a las consecuencias económicas y sociales derivadas de la pandemia, estos fondos permitirán avanzar en los objetivos de transición energética y de economía verde que persigue la Unión Europea, abanderando a nivel mundial este cambio necesario para nuestro planeta.

Para articular los fondos Next Generation EU, el Gobierno ha elaborado el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, España Puede. Incluye en él dos ejes estratégicos asociados con la crisis medioambiental en que estamos inmersos: la transición ecológica y la transformación digital. Esta hoja de ruta definida como base para justificar el despliegue de los fondos de la UE incluye inversiones y un amplio conjunto de reformas estructurales. Responden a las recomendaciones específicas de las instituciones europeas y a los propios diagnósticos realizados por instituciones y agentes sociales y de la sociedad civil recogidas entre otras vías a través de Conferencias Sectoriales, grupos de diálogo social y manifestaciones de interés que se iniciaron a raíz de la irrupción en la sociedad de la covid-19.

El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia contribuirá en un 40% a la transición ecológica y en un 28% a la transformación digital, lo que supondrá en la práctica que más de 27.500 millones euros irán destinados a promover la transición hacia un modelo de economía sostenible y verde y a contribuir al reto climático. Más de 19.590 millones se destinarán a la transformación digital de la sociedad y la economía, para poder afrontar con éxito los retos de la digitalización.

Uno de los aspectos más relevantes del Plan es que estos fondos se articularán en gran parte a través de los PERTE (Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica), que son un nuevo instrumento de colaboración público-privada.

Estos retos vienen marcados por cambios en el contexto global, como la necesidad de descarbonizar la economía y dar respuesta al cambio climático, la irrupción, muchas veces disruptiva, de nuevas tecnologías y los desafíos producidos por la concentración cada vez mayor de población en las grandes ciudades. Esta situación supone que desde el gobierno se prioricen las iniciativas e inversiones que optimicen su uso y supongan un mayor beneficio social. Entre estas destacan el adecuado mantenimiento y conservación de las infraestructuras, las soluciones de movilidad cotidiana, la digitalización, la intermodalidad o la seguridad con el objeto de garantizar un sistema de transportes y logística eficiente, sostenible y resiliente. Es evidente que estas inversiones y reformas estructurales tendrán un gran impacto en los próximos años para las infraestructuras y especialmente en aquellas relacionadas con el transporte, como puertos, carreteras e infraestructuras de transporte público (metro, autobuses, las líneas de ferrocarril, etc.). En los próximos años seremos testigos de grandes transformaciones que permitirán avanzar en la sostenibilidad de las mismas.

En relación con lo anterior, varios componentes de este Plan de recuperación, como la Estrategia de Movilidad Sostenible, Segura y Conectada 2030, tienen una gran capacidad de tracción y de impulso de sectores importantes de nuestro tejido productivo. El Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (MITMA) ha desarrollado esta estrategia para guiar las actuaciones en materia de movilidad, infraestructuras y transportes en los próximos diez años. Con ella pretende dar respuesta a los retos en movilidad y transporte que plantea el siglo XXI. La Estrategia de Movilidad se sustenta en tres pilares o principios básicos: la seguridad, englobando la seguridad de las infraestructuras, seguridad operacional, seguridad en casos de emergencia y crisis, seguridad contra actos ilícitos y ciberseguridad; la sostenibilidad social, económica y medioambiental, priorizando la movilidad cotidiana, la equidad económico-social, la eficiencia energética y la lucha contra el cambio climático. Se trata de minimizar la contribución del transporte a las emisiones contaminantes, tanto de viajeros como de mercancías, fomentar los modos limpios, la economía circular, la resiliencia climática y la movilidad universal. Y finalmente, la conectividad, desde tres vertientes: la digitalización y el avance tecnológico, gran oportunidad para la trasformación del sector transporte; la conectividad con Europa y el mundo; y la conectividad multimodal.

De las inversiones de los fondos Next Generation EU, se pueden destacar las siguientes líneas de actuación que tienen como objetivo incrementar la sostenibilidad del transporte y derivarán en una transformación de las infraestructuras, estructuradas en cinco pilares.

En primer lugar, una parte importante irá destinada a la promoción del uso de fuentes de energía renovables en el transporte y la mejora de su eficiencia energética. Esto implica que las infraestructuras se deberán adaptarse al mix energético del futuro, en el cuál la electrificación será el vector estrella, pero también tendrá especial relevancia el hidrógeno verde. Estas medidas van a implicar una adaptación de las infraestructuras de transporte, como, por ejemplo, la dotación de puntos de recarga eléctricos, de hidrógeno o de otros combustibles sostenibles que estarán disponibles en las próximas décadas.

En segundo lugar, se va a invertir en la digitalización completa de las infraestructuras de transporte. Por ejemplo, se financiarán nuevas tecnologías para reducir la congestión o controlar las zonas de bajas emisiones. Entre los objetivos de la UE, se vislumbra el interés en financiar los nuevos modelos de movilidad como servicio, con datos abiertos y nuevas tecnologías para el análisis, gestión, y optimización.

Uno de los elementos claves para mejorar la sostenibilidad de la movilidad, es la optimización de la gestión de la demanda, atenuando los picos de demanda de transporte público o de las carreteras. Estas soluciones pueden ser una gran arma para reducir la congestión en las ciudades y, por ende, las externalidades negativas asociadas. Asociados a este objetivo, se financiarán el desarrollo e implementación de nuevos planes de movilidad urbana sostenible.

La digitalización del transporte y las infraestructuras van a permitir el desarrollo de gemelos digitales que permitan a los operadores de transporte optimizar los flujos de movilidad, monitorizar en tiempo real y realizar simulaciones de escenarios disruptivos. Los gemelos digitales irán apoyados con un elevado despliegue de hardware sobre las infraestructuras, así como de tecnologías de apoyo como el 5G, Galileo, edge computing, realidad virtual, inteligencia artificial, etc.

Los fondos de la UE se articularán en gran parte a través de los PERTE, proyectos estratégicos y transformadores de colaboración público-privada

En tercer lugar, respecto a la logística de mercancías, los fondos se invertirán para mejorar la digitalización y resiliencia de la cadena logística, la intermodalidad, y la distribución urbana de mercancías. Todo ello irá acompañado de inversiones tecnológicas en automatización y robotización, permitiendo incrementar la flexibilidad y resiliencia. Se sumará una mejora de la seguridad (operacional, física, ciberseguridad y sanitaria) de servicios críticos de transporte para la protección frente a nuevas amenazas.

En cuarto lugar, destacar que el ferrocarril de pasajeros y mercancías también será uno de los grandes beneficiados de los fondos, al ser uno de los transportes más sostenibles. Las inversiones irán enfocadas al incremento de la gestión inteligente, resiliencia y sostenibilidad de infraestructuras, terminales y estaciones interoperabilidad ferroviaria (ERTMS).

Por último, los fondos Next Generation deben servir para preparar las infraestructuras frente al inminente despliegue de vehículos autónomos sostenibles: tecnologías, sistemas, aplicaciones y gestión de drones y otros vehículos no tripulados, desarrollo de drones para infraestructuras de transporte y monitorización.

LOS DEBERES PARA UNA MOVILIDAD SOSTENIBLE DE VERDAD

Impacto en las infraestructuras de transporte de pasajeros

La sostenibilidad del movimiento de personas pasa por que se realice mediante el transporte público colectivo, puesto que es el modo más eficiente desde el punto de vista energético. En concreto, el ferrocarril es de los modos más sostenibles y eficientes energéticamente, contribuyendo a la movilidad sostenible, a la descarbonización de la economía y a la electrificación mediante energías renovables.

​Además, genera entornos urbanos de bajas emisiones, más accesibles e inclusivos, respirables y sostenibles, inteligentes y dinámicos. La CE propone la elaboración de Planes de Movilidad Urbana Sostenible, que serían aplicados a grandes ciudades o áreas metropolitanas con el fin de estructurar la movilidad teniendo en cuenta criterios estrictamente relacionados con el medio ambiente y la sostenibilidad.

​Para que dicha inversión en el transporte de pasajeros genere los beneficios esperados se han de seleccionar y priorizar rigurosamente las intervenciones mediante análisis coste beneficio para el cálculo del retorno económico, social y ambiental. Por ello, cualquier inversión en transporte público o en infraestructuras para el vehículo privado debe ser analizado con detalle mediante un análisis coste beneficio que considere también las externalidades del transporte.

​La sostenibilidad y la eficacia en la movilidad pasa también por fomentar la multimodalidad, que se basa en la combinación de diferentes medios para un mismo desplazamiento (coche particular, autobús o tren, junto con otros vehículos, tales como bicicleta o patinete), con el fin de ofrecer servicios competitivos en rapidez, confort y fiabilidad. Es la mejor alternativa al vehículo privado, ya que reducen la congestión y las emisiones. Para hacerla realidad, hay que construir los intercambiadores modales pendientes e integrar los servicios facilitando que los usuarios puedan comprar paquetes de movilidad puerta a puerta dentro de un mismo sistema tarifario (movilidad como servicio).

​Otros proyectos relevantes para la movilidad de las personas, es la electrificación de la flota de vehículos privados, y que esta sea alimentada con fuentes de energía renovables. Todo ello requiere tres premisas: infraestructura de producción de energías renovables (fotovoltaica, eólica, hidráulica, etc); despliegue de infraestructura de recarga para vehículos eléctricos; y promoción paulatina y coherente para el cambio del parque de vehículos. Estos tres vectores serán subvencionados mediante los fondos Next Generation EU.

SOSTENIBILIDAD POR TIERRA Y MAR

Impacto en las infraestructuras de transporte de mercancías

Los fondos Next Generation EU también van a permitir digitalizar y hacer más sostenible el transporte de mercancías, incluyendo toda la cadena logística y en particular la distribución urbana. Para ello, se deben descarbonizar los modos de transporte (barcos, vehículos pesados y ligeros, etc.) y también la actividad de los nodos logísticos (puertos, centros intermodales, etc.), convirtiéndolos en hubs de intercambio verdes.

​La transformación, digitalización y electrificación de la cadena logística es también fundamental para su eficiencia, mitigación del impacto ambiental y la generación de nuevos servicios y modelos de negocio. El lugar donde confluyen prácticamente todos los modos de transportes de mercancías existentes hoy en día son los puertos, convirtiéndose en el escenario ideal para convertirse en la infraestructura del cambio para promocionar la transición energética. En ellos se implementarán proyectos de electrificación de muelles o proyectos para garantizar el suministro de energías renovables a los modos de transporte. Además, deberán estar preparados para poder administrar los nuevos combustibles sostenibles del futuro, como el hidrógeno o el amonio.

​También es importante que los puertos estén bien comunicados ferroviariamente con otros nodos logísticos. Para ello, los fondos van a permitir construir accesos ferroviarios en los puertos y ampliar los apartaderos en las líneas de ferrocarril para permitir el paso de trenes de 750 metros, lo que se traducirá en una ampliación de la capacidad de este transporte.
​En definitiva, los puertos y otros nodos logísticos como terminales interiores o centros de distribución urbanos de mercancías, son grandes candidatos a recibir los fondos, siendo estos elementos vertebradores para trancisionar hacia la economía verde.

​Estos últimos meses se ha evidenciado la necesidad de convivir con la globalización y una mayor frecuencia de eventos disruptivos ocasionales (virus, ciberataques, catástrofes meteorológicas) que perturban los procesos productivos y logísticos de los suministros (desde la oferta a la demanda) de forma muy significativa. Como medida de previsión, el ecosistema deberá transformarse mediante la digitalización de los sistemas y adoptar estrategias que permitan responder a dichos eventos de forma flexible y resiliente. La automatización de la movilidad puede ayudar también a afrontar estos eventos disruptivos como la covid-19. Los puertos y otros hubs logísticos, siendo infraestructuras estratégicas, no pueden cesar su actividad con el objetivo de garantizar el funcionamiento del comercio.


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