Es hora de actuar seriamente sobre la sostenibilidad en la última milla

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Vehículos de reparto estacionados en doble carril; millones de repartidores de comida entregando a domicilio; mensajeros que se suman a la congestión. Esta es la realidad de la última milla de hoy. Y el caos sigue evolucionando gracias a los millones de nuevos consumidores aprovechando las grandes ventajas que ofrece el comercio electrónico.

Tan sólo el transporte de mercancías es responsable del 10% de las emisiones globales de CO2, de acuerdo con datos de la Agencia Internacional de la Energía, mientras que el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) predice que, sin intervención, la cantidad de vehículos de entrega en las 100 principales ciudades del mundo aumentará en un tercio de aquí al 2030. Como resultado, las emisiones del tráfico de entrega aumentarán en un 32% y la congestión aumentará en más del 21%, sumando 11 minutos más de tráfico para cada pasajero, todos los días.

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Si bien es cierto que hace varios años se conoce la urgencia de un cambio en la industria, con algunas propuestas incluidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas para el año 2030, la logística no puede cumplir con los tiempos de respuesta rápidos de buena fe si el resultado es la obstrucción de los paisajes urbanos y el aumento de las emisiones. Y si bien la pandemia ofrece algunos ejemplos de prácticas de última milla más ecológicas, como las dark stores y centros de fulfillment más cercanos al cliente, la industria aún debe comprometerse con prácticas más sostenibles. Veamos por qué ahora es el momento de tomar en serio la sostenibilidad en la última milla.

La última milla en la actualidad

Se espera que la entrega de última milla crezca un 78% a nivel mundial para 2030. Este cambio se debe en gran medida al desarrollo continuo del comercio electrónico en los mercados emergentes y establecidos, así como a la preferencia de los usuarios por servicios que entregan el mismo día o al día siguiente.

Sin embargo, con el aumento vertiginoso de los números de entrega y los consumidores que esperan una entrega más rápida, estamos viendo un sacrificio de la sustentabilidad por impulsar la velocidad.

El impacto en la sostenibilidad

Las entregas más rápidas no suelen dar lugar a la optimización, ya que la ventana de tiempo más corta impide que las empresas de logística consoliden los pedidos. Como resultado, corren el riesgo de enviar camiones de reparto a menos de la mitad de su capacidad total, implicando más viajes y por lo tanto más emisiones. Tan sólo al día de hoy, las ciudades son responsables del 70% de las emisiones globales, a las que los vehículos de reparto agregan cantidades desproporcionadamente altas en comparación con los automóviles de pasajeros.

Este es un problema enorme, ya que las ciudades enfrentan una creciente urbanización a un ritmo sin precedentes. Se espera que la población mundial alcance los 8,500 millones en 2030, de los cuales el 60% vivirá en ciudades. A medida que aumenta la densidad urbana, la congestión aumenta exponencialmente y tiene un impacto negativo en las emisiones. Por ejemplo, un estudio reciente encontró que, en 2019, la congestión en las 32 ciudades mexicanas tenía un costo de 94,000 millones de pesos al año.

Curiosamente, para los consumidores sería más importante la sostenibilidad sobre la velocidad en las entregas. Según un nuevo estudio, casi la mitad de los consumidores (48%) son más conscientes de cómo su comportamiento de compra en línea en la actualidad afecta el medio ambiente más que antes de la pandemia. Esto hace eco con los hallazgos de Gartner, quienes predicen que los consumidores rechazarán la entrega rápida en la gran mayoría de sus compras en los próximos años. De hecho, la firma cree que los consumidores pronto responsabilizarán a los minoristas de comercio electrónico por los impactos ambientales de las entregas y seguirán prefiriendo el envío gratuito, incluso si eso significa entregas más lentas.

Vale la pena mencionar que la pandemia también ha ocasionado algunas mejoras ambientales en la cadena de suministro. Por ejemplo, algunas tiendas se convirtieron en centros de distribución y surgieron los envíos directamente desde la tienda y opciones de recoger en puerta. Sin embargo, la mayoría de estos cambios provocados por la pandemia no estaban destinados a largo plazo. El cambio duradero requerirá que los actores públicos y privados trabajen juntos para incentivar opciones más ecológicas, repensar los métodos de entrega y aprovechar los datos y análisis.

Soluciones para mejorar la sostenibilidad

No existe una fórmula mágica para abordar la sostenibilidad en las entregas de última milla. Más bien, reducir las emisiones y mejorar la eficiencia requerirá un enfoque ecosistémico que ataque el problema en múltiples frentes.

Como primer paso, se requieren nuevos métodos de entrega. La pandemia aceleró radicalmente la adopción del local fulfillment o basado en el mercado, generando un método permanentemente en las cadenas de suministro donde el inventario siempre está más cerca de los clientes. La investigación muestra que la adopción generalizada de este método podría ser enorme. Accenture desarrolló un modelo sólido que mide el impacto potencial de los centros logísticos locales para el comercio electrónico. El análisis fue revelador: la nueva cadena de suministro podría reducir las emisiones de última milla entre un 17 y un 26% para 2025 gracias a los centros logísticos locales.

En segundo lugar, se deben integrar las nuevas tecnologías. Herramientas como la inteligencia artificial y el machine learning permiten actuar con la base en la información en tiempo real sobre las preferencias de los consumidores y los patrones de compra. Como resultado, las empresas pueden innovar y optimizar su inventario y gestión de rutas para reducir la huella de carbono en la última milla.

Por último, estamos ante un problema que debe ser abordado de frente por todos los actores públicos y privados de la industria. El Foro Económico Mundial asegura que la cooperación entre ambos sectores podría traer muchos beneficios, como entregas nocturnas, antes o después del horario laboral; soluciones efectivas de conectividad basadas en datos, así como la entrega multimarca. Se pronostica que tal escenario reducirá las emisiones en un 30%, la congestión en un 30% y los costos de entrega en un 25% para el 2030 en comparación con simplemente “no hacer nada” para cambiar el panorama actual.

Los esfuerzos individuales realmente están lejos de solucionar de raíz la problemática, sólo el esfuerzo conjunto puede generar el cambio hacía una verdadera última milla sostenible. El cambio requerirá que todos los actores del ecosistema trabajen juntos como nunca antes, desde minoristas y empresas de logística hasta gobiernos y consumidores. Es hora de que los actores públicos y privados se tomen en serio la sostenibilidad en la última milla al abordar el problema juntos, un proyecto a la vez.


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