Cómo leer las etiquetas de la ropa para ser más responsable

Tenemos algunos consejos para descifrar las etiquetas de la ropa y al mismo tiempo hacer un balance de lo que se está haciendo para mejorarlas.

Las etiquetas de la ropa son muy grandes, pero no hay nada en ellas’, dice Audrey Millet, historiadora de la moda y autora del Livre noir de la mode. Y con razón: aunque parezca obvio, la lectura ilustrada de una etiqueta es, en realidad, más compleja de lo que se cree. Este pequeño trozo de tela, que se encuentra en el reverso de la ropa, es una pista (o la única) con la que se puede obtener información sobre una prenda. Sin embargo, pronto se hace evidente que esta información es sólo parcial. Te presentamos algunas explicaciones y consejos para descifrarlas mejor.

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¿Qué se puede leer en las etiquetas de la ropa?

Las etiquetas de la ropa están llenas de símbolos que todos conocemos pero que no sabemos exactamente lo que significan. Ahí están las instrucciones de lavado, siempre en el mismo orden: lavar, blanquear, planchar, limpiar en seco y secar. Luego está la composición del artículo, con el porcentaje de cada fibra textil utilizada. Sin embargo, no se indica directamente el país de origen de las fibras, el modo de producción o si son o no respetuosas con el medio ambiente. Lo mismo ocurre con la etiqueta ‘Made in’, que sigue siendo opcional y, aunque se indique, suele ser poco clara.

La importancia de cuestionar estas pequeñas etiquetas

Porque los materiales que componen un producto dicen mucho de su responsabilidad medioambiental y humano, porque el lugar de creación y distribución rara vez es el mismo que el de producción, y mantener una prenda también es prolongar su vida. Son muchas las razones por las que la etiqueta es una herramienta útil y valiosa, pero a la vez escasa.

¿De dónde viene realmente nuestra ropa?

La realidad es que cuando se trata del etiquetado textil, las respuestas pueden leerse a menudo entre líneas. Por ejemplo, cuando no se indica el país de origen, todo hace pensar que la prenda se ha diseñado en la otra punta del mundo, en fábricas que no están situadas en el mismo país. Por ejemplo, cuando no se indica el país de origen, es probable que la prenda se haya diseñado al otro lado del mundo, en fábricas del sur de Asia como China, India, Tailandia o Bangladesh (donde los trabajadores, en su mayoría mujeres, cobran menos). En estos casos, el derecho a vigilar y controlar los riesgos sociales y medioambientales se complica inmediatamente. La amplitud de la cadena de suministro de prendas de vestir, que abarca varios países y regiones, favorece la escasa o nula información sobre los procedimientos de fabricación, especialmente en los países donde la normativa no es la misma que en Europa. Asimismo, cabe señalar que una prenda ‘Made in France’ no está obligada a ser fabricada al 100% en Francia, tal y como estipula la Dirección de Información Legal y Administrativa: ‘se considera que las mercancías son originarias del país en el que tiene lugar la última transformación sustancial o que representa una fase importante de la fabricación’. Por lo tanto, si la lectura de las etiquetas no es suficiente para conocer una prenda y su origen, es imprescindible informarse más a fondo.

¿Qué materiales hay que elegir?

Aunque los materiales naturales suelen tener menos impacto en el planeta que los sintéticos, que se sabe que son más contaminantes y menos duraderos, la cuestión no es si hay que utilizar materiales naturales. Sin embargo, el problema no es tan sencillo (las fibras sintéticas también pueden reciclarse y tienen un menor coste medioambiental). El algodón, por ejemplo, que solemos favorecer, tiene sus propios problemas. Es una de las fibras más utilizadas en la industria, pero sigue siendo muy susceptible a las interferencias de los insectos, que son los que provocan su mayor pérdida, y requiere el uso de pesticidas y fertilizantes, obviamente tóxicos para la salud y el medio ambiente, pero cuyo control varía según el país y su legislación. También se sabe que la industria no duda en recurrir a los recursos naturales (drenaje de lagos, desvío de ríos) con el fin de recoger suficiente agua para la producción masiva de esta fibra. ¿Y el algodón orgánico? Aparte de que este método de producción representa, por desgracia, solo el 1% del cultivo mundial de algodón, no es imposible que, tras la recolección de esas fibras ecológicas, vayan a las mismas tejedurías que los textiles no certificados y, por tanto, se sometan a los mismos tratamientos químicos de acabado (sobre todo para el teñido).

Etiquetas

A partir de eso, podrás saber más sobre las marcas y, en particular, sobre su compromiso con el desarrollo sostenible. Puedes averiguar si trabajan con etiquetas textiles o no. Existen varias certificaciones oficiales basadas en diferentes normativas. Las etiquetas garantizan la aplicación de acciones por parte de los proveedores para limitar los residuos, el impacto en el cambio climático (emisiones de gases de efecto invernadero), el consumo de agua y la contaminación, etc. Pero también actúan sobre el respeto de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo, la realización de controles de sustancias químicas y la limitación del sufrimiento animal para la fabricación de lana y plumas. Aquí están los que hay que reconocer en cada categoría:

Medio ambiente

Global Organic Textile Standard que garantiza un 95% de fibras orgánicas en una prenda, Global Recycled Standard certifica una fibra reciclada y Forest Stewardship Council atestigua una gestión forestal ecológicamente responsable.

Humano

Comercio Justo, que garantiza ingresos justos para los trabajadores a lo largo de la cadena de suministro.

Animal

La Norma de Plumón Responsable, que garantiza la protección de los gansos y patos criados para la producción textil, la Norma de Lana Responsable, que certifica una producción de lana que respeta el bienestar de las ovejas y la tierra, y la Norma de Cuidado Animal Responsable, que garantiza la protección de los animales. Naturleder, que aborda la cuestión del cuero garantizando que no procede de animales salvajes o en peligro de extinción, que las pieles se tratan sin utilizar productos químicos.

Salud

Oeko-Tex Made in Green, que certifica que los materiales se someten a pruebas de sustancias peligrosas, Naturtextil Best, que exige que todas las fibras textiles de una prenda sean de cultivo ecológico y Bluesign, que certifica que no se utilizan sustancias tóxicas o cancerígenas en la producción.

Luego, a medida que florezcan las iniciativas de mejora de la moda, también podremos recurrir a herramientas prácticas como la Moda clara, que califica a más de 450 marcas para ayudar a los consumidores a darles sentido.

Etiquetado medioambiental de la ropa: ¿qué es? ¿Dónde estamos en 2022?

Al igual que la puntuación nutricional en la industria alimentaria, el etiquetado medioambiental en la industria de la moda es un dispositivo de comunicación que informa a los consumidores sobre el impacto medioambiental de la ropa. Debería permitir ver rápidamente si el producto es o no perjudicial para el planeta. El objetivo es doble: informar y orientar a los clientes en sus compras, al tiempo que se anima a los fabricantes y distribuidores a mejorar su producción. Para ello, el Ministerio de Transición Ecológica y Solidaria de Francia está estudiando un sistema de calificación que va de la A a la E (siendo la A la mejor calificación). Sin embargo, los criterios que deben utilizarse son objeto de debate y el sistema de referencia de dicho indicador, que es unánime, sigue siendo complejo. El proceso requiere la recopilación de mucha información para establecer la calificación, ya que el impacto medioambiental se calcula a lo largo de todo el ciclo de vida de la prenda: desde la extracción de las materias primas hasta su acabado, pasando por la distribución (embalaje, transporte) y su uso.

En la actualidad, la puntuación se basa en las emisiones de gases de efecto invernadero y los daños a la biodiversidad causados por la prenda. Además, los productos que obtienen una buena puntuación no son necesariamente ecológicamente diseñados (es decir, reciclados), y solo permiten un acto de consumo más sensato. En definitiva, a las etiquetas de la ropa aún le quedan muchos años para convertirse en algo global, inevitable y controlado. Mientras tanto, nos toca aprender el complejo lenguaje de las etiquetas para adoptar un vestuario más responsable.


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