La historia del auto salvador que rescató a Porsche de la peor crisis de su historia

Según publica el portal clarin.com

El Boxster apareció en 1993 ante las urgencias de la marca por sobrevivir. Una apuesta de apuro que terminó en éxito.


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En tiempos de problemas casi insalvables, Porsche encontró la respuesta en un deportivo compacto, más accesible que su emblemático 911 y fruto de la inventiva contra las urgencias. Boxster no sólo es el nombre de uno de los autos más vendidos de la marca alemana; representa, además, el hito creativo que señaló la salida de la casa de Stuttgart del laberinto.

Lo presentaron en 1993, en medio de los inconvenientes financieros de la compañía, y desde el comienzo fue sensación. Traía una novedad importante en el motor y sus curvas tenían un toque juvenil que rápidamente enamoró a un público nuevo. El bolsillo de la marca, en tanto, se robusteció con innovaciones logísticas y de producción. Con todo, el Porsche Boxster abrió mercados y fue la salvación ante un naufragio casi seguro.

Motor, precio y líneas frescas: así Porsche encontró la salida de la crisis

En 1993, la empresa alemana afrontaba una inminente tormenta, ocasionada por una baja en las ventas, la devaluación del dólar y altos costos de producción. Todos buscaban la escapatoria. Incluso un equipo de la firma ya estaba trabajando en un proyecto que, al final, quedó de lado. La carpeta elegida fue otra, que prometía ampliar mercados con la conquista de un público más joven y con un precio accesible (70 mil marcos fue el tope que se pusieron sus impulsores).

Ya en su nombre alberga dos características distintivas del nuevo vehículo. Surge de la combinación de «Boxer», que es un tipo de motor, y «Roadster», el segmento de descapotables biplaza que definió a la nueva creación.

La gran novedad la trajo en el corazón: un motor central (como el 550 Spyder) de seis cilindros opuestos con un sistema de refrigeración por agua, inédito en esa versión mecánica. Contaba además con escape central, otra herencia de su antecesor de los años 50.

Para el exterior, la decisión fue modelar las líneas tradicionales de la marca. De atrás se veía limpio; pero de costado descubría tomas de aire laterales y de frente exponía ópticas comunes con intermitentes integrados que añadían elegancia a un dibujo similar al del codiciado 911. Un diseño que equilibraba legado y renovación a la caza de un mercado más juvenil.

Por dentro, el Boxster agregaba equipamiento que miraba a un futuro que, lejos de ser ciencia ficción, ya era tangible. La consola ofrecía cinco relojes y pantalla LCD. Además, disponía de un sistema de navegación e incorporaba teléfono. La consola, como el salpicadero y el metal de las puertas, estaba acabada con pintura del mismo color que el exterior del vehículo.

El prototipo salió a escena en el Salón del Automóvil de Detroit, en 1993, y no fue hasta 1996 que se inició la producción en serie. La propuesta sedujo rápidamente al público, que también quedó encantado con el precio. Por una suma menor a las habituales, podía tener su propio Porsche. Tal era la reputación de la compañía de bandera alemana, que se mantenía vigente a pesar del amenazante rojo de los números.

La trastienda del Boxster, entre la puja interna y la feroz competencia de mercado

La marca alemana tenía avanzado un proyecto diferente. Se trataba de una berlina de cuatro puertas y cuatro plazas, rotulada como 989. Pero arrastraba una debilidad incompatible con los apuros financieros de la firma: exigía una inversión muy alta.

En ese contexto Wendelin Wiedeking (Producción y materiales), Dieter Laxy (Ventas) y Horst Marchart (I+D) acercaron su idea. Con la elección de un auto de dos puertas, se apegaban a la línea de un consagrado, el 911.

Lejos del lujo, la iniciativa llevaba los signos de los tiempos que le tocó vivir. Su diseño surgió del lápiz, a mano alzada, en dos dimensiones. La urgencia también adelantó las fechas. Si bien iba a salir a la luz en el Salón del Automóvil de Ginebra, se apuró su presentación para que fuera tres meses antes, en enero. La elección de Detroit como locación obedeció en gran parte al objetivo de ganar un mercado gigantesco (el de Estados Unidos, nada menos), en el que pisaban fuerte BMW y Mazda.

Las reacciones positivas en el evento en suelo norteamericano anticiparon un éxito de ventas y el consiguiente rescate de Porsche. No había dudas: desde la cúpula de la empresa llegó la orden de detener todas las pruebas y de que un auto igual al prototipo fuera el que saliera a la calle.

La nueva creación entraba por los ojos, pero también apuntaba a los bolsillos. No solo por aquel límite de 70 mil marcos para el precio de mercado, sino que -en época de vacas flacas- prometía a la compañía un ahorro del 70 por ciento en el costo de elaboración de vehículos nuevos. Para alcanzar ese objetivo, el Boxster utilizaba remanentes de otros modelos: usaba algunas partes del 911 y llevaba las mismas puertas que el 996, que se estrenaría en 1997. Además, compartían equipos de desarrollo.

Bajos costos, tope al precio y rejuvenecimiento de las líneas clásicas fueron los factores que sacaron de los apuros a Porsche. Veintiséis años más tarde, la empresa sigue estando entre los líderes en el mercado de los autos deportivos. Y el Boxster, compacto y exuberante, se mantiene como un hito con cuatro generaciones y más de 350 mil unidades vendidas.