Cómo se originó Mazda y qué representa su logotipo

Mazda reabre su museo

Según publica el portal elpais

Una marca diferente que empezó fabricando corcho, sobrevivió a la bomba atómica y se adelantó a su tiempo con automóviles de motor rotativo.


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Mazda Cosmo 110 Sport, el primer coche de la historia con motor rotativo.

Jujiro Matsuda nació en Hiroshima en 1875. Era hijo de un humilde pescador y, cuando era adolescente, se estableció en Osaka para aprender el oficio de herrero en una fundición. Pero, muy pronto, el joven japonés demostró que no iba a ser como los demás, y ascendió hasta la dirección de la empresa al tiempo que desarrollaba una brillante faceta de inventor.

Después de fundar su propia compañía, se dedicó a producir armas para el Ejército imperial y la exportación. En 1921, volvió a su ciudad natal para hacerse cargo de la Toyo Cork Kogyo, una empresa que hasta entonces fabricaba corcho para usos diversos, como los aislamientos.

Esta compañía atravesaba entonces graves dificultades para subsistir. Ante su poca viabilidad comercial, Matsuda reconvirtió la factoría para producir primero herramientas y más tarde motos de 250cc, de las que solo se llegaron a ensamblar un total de 36.

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Pero la situación de la población nipona demandaba en ese momento una mayor capacidad de carga. Así, en 1931, llegaría el vehículo que daría origen a la actual marca de automóviles, un motocarro bautizado como Mazda-Go.

Los inicios fabricando motocarros

La llegada de la II Guerra Mundial obligó a la empresa a volcarse en la producción de material bélico. Aunque en 1940 ya existió un prototipo de coche utilitario, este quedó olvidado mientras se decidía la feroz lucha que se libraba en el Pacífico.

Un conflicto que para Mazda y los habitantes de Hiroshima terminó de la peor manera posible cuando. El 6 de agosto de 1945 la aviación de Estados Unidos destruyó la ciudad lanzando una bomba atómica. Una hecatombe que, junto con la segunda explosión en Nagasaki, forzó a Japón a una rendición incondicional frente a las fuerzas aliadas.

Afortunadamente, las instalaciones de Toyo Kogyo no fueron arrasadas, porque se encontraban en el barrio periférico de Futu. Muy pronto, los trabajadores de la plantilla que habían logrado sobrevivir (refugiados en una estación de tren) retomaron la fabricación del Mazda-Go, un vehículo esencial para acometer la recuperación del país.

Su éxito, incluido el comienzo de su exportación a la India, impulsó definitivamente a Mazda como fabricante de vehículos. Y por fin, en 1950, lanzó un pequeño vehículo comercial bautizado como Type CA, y al que en 1958 seguiría el Romper, un camión ligero que inició la producción de una larga lista de vehículos de este tipo.

El primer coche Mazda

El relevo del fundador por su hijo, Tsuneji Matsuda, llevó nuevos vientos de modernidad a la empresa. En 1958, se adelantó a la era de la informática instalando en la fábrica el primer ordenador. Mientras tanto, la gama de vehículos industriales ligeros crecía y afianzaba financieramente a Mazda.

El primer turismo producido en serie por la firma de Hiroshima vio la luz en 1960. El minúsculo utilitario llamado R360 nació para competir en el mercado local con los Subaru 360 y Suzuki Light, de planteamientos similares. Y dos años después daría origen a una versión más polivalente de cuatro puertas, que se comercializaría durante los años posteriores con el nombre de Carol.

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No obstante, Mazda era una pequeña empresa familiar que tenía muy difícil competir con grandes grupos industriales como Toyota o Nissan. Por eso, sus directivos optaron por distanciarse de los demás, ofreciendo una tecnología diferente y soluciones más sofisticadas que el resto de las marcas.

Para conseguirlo, contactaron con el ingeniero Félix Wankel, que entonces desarrollaba un motor rotativo de su invención en la marca alemana NSU. Mazda compró la patente y creó entonces su departamento RE (Rotary Engine) para desarrollar modelos con esta revolucionaria mecánica.

En 1967, se convirtió en la primera marca que lanzó al mercado un coche con un motor de pistón rotativo, el Cosmo 110 Sport, adelantándose por unos meses al europeo NSU Ro 80.

Las 24 horas de Le Mans

La arriesgada apuesta funcionó y en la década posterior Mazda se ganó la admiración y el respeto a nivel internacional. Consiguió grandes éxitos deportivos con el RX-3, que consiguió poner en jaque en su propio terreno al todopoderoso Nissan Skyline. Y también se expandió por todo el mundo, inaugurando incluso un avanzado centro técnico en la localidad californiana de Irvine (EE UU).

Sin embargo, la crisis del petróleo de 1973 asestó un duro golpe a la espectacular progresión tecnológica de Mazda, porque el poderoso y refinado motor rotativo exigía para funcionar más gasolina que los convencionales.

Entonces, y coincidiendo con la llegada a la presidencia de la compañía de Kohei Matsuda, tercera generación de la familia, Mazda tuvo que dar un golpe de timón y concentrarse en modelos más convencionales y de mecánica tradicional.

Fue por entonces cuando llegó el 323, un coche popular, polivalente, fiable y con una calidad superior a la media. Con fama de indestructible y muy manejable, triunfó en sus ventas y encumbró a la marca al entonces pujante fenómeno mundial de los compactos, una nueva categoría capitaneada por el icónico Volkswagen Golf. Un acierto que acompañó a otros, como el descapotable MX-5, un deportivo que ha creado escuela y se ha convertido en un icono en su categoría.

Sin embargo, el motor rotativo no había dicho su última palabra. Con el prototipo de carreras 787B, Mazda consiguió ganar en 1991 las 24 Horas de Le Mans asombrando a propios y extraños. Una gesta que desde entonces ha logrado mantener viva esta tecnología única.

El primer modelo eléctrico

La crisis económica de final de siglo golpeó de nuevo a Mazda y, para poder sobrevivir, vendió gran parte de sus acciones a la estadounidense Ford, con la que desde entonces trabajó conjuntamente en el desarrollo de modelos, tecnologías y plantas de producción. Hasta 2012, año en que la marca japonesa recuperó su independencia.

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En los últimos años, Mazda ha seguido fiel a sus principios y se ha mantenido a la vanguardia de la tecnología automovilística. En parte, gracias a su avanzada electrificación, con la reciente incorporación a la gama del SUV sin emisiones MX-30.

Pero también por una fascinante visión de futuro reflejada en el espectacular prototipo RX Vision de motor rotativo, o también en la búsqueda de nuevas tecnologías a contracorriente, como un sorprendente motor 3.3 diésel de seis cilindros con apoyo microhíbrido de 48V y destinado a completar la oferta mecánica del SUV familiar CX-60.

La historia del logotipo de Mazda

Los principios fundacionales de Mazda han quedado bien reflejados en el propio nombre de la marca y en su logotipo. Ahura Mazda, de origen persa, es la divinidad suprema del zoroastrismo y representa la armonía, la sabiduría y la bondad. El nombre coincide en su fonética con el apellido de la familia Matsuda y ya aparecía grabado en el tapón de gasolina de los primeros motocarros de los años 50.

Después de evolucionar a lo largo del tiempo en sucesivos diseños diferentes, el emblema actual representa la común letra inicial, pero escrita en una grafía estilizada y en la que los trazos centrales sugieren unas alas representativas de la libertad, la velocidad y la ascensión para alcanzar metas superiores.