Perú ¿muestra estabilidad económica? Esto es lo que dicen las cifras

bodegas perú, Mypes

Perú vive una crisis política permanente. Pero su economía sigue un derrotero diferente.

El país ha tenido cinco presidentes en menos de cinco años y el último, Pedro Castillo, ya va por su cuarto gobierno en los apenas seis meses que lleva en el poder.

Con cambios constantes en puestos claves y un pulso sin resolver entre el presidente y el Congreso, no se atisba un final al clima de precariedad institucional, y, sin embargo, Perú ha sido en los últimos años visto desde fuera como un ejemplo de éxito y un raro modelo de estabilidad en el convulso panorama de las economías latinoamericanas.

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Pedro Francke, ex ministro de Economía, le dijo a BBC Mundo que «la economía se ha comportado increíblemente bien desde que Pedro Castillo es presidente». Los datos de crecimiento del PIB y de inversión privada en 2021 han sido «increíblemente buenos», cuando «esas no eran las proyecciones de nadie en junio o julio del año pasado».

Otros expertos en cambio pintan un panorama menos triunfalista y señalan a los indicadores menos halagüeños.

Un PIB que crece, ¿pero lo hace lo suficiente?

De acuerdo con las proyecciones del Banco Central de Reserva de Perú, el Producto Interno Bruto (PIB) del país creció en 2021 un 13,2%.

El aumento se explica en gran parte por la pronunciada caída del 11% registrada el año anterior como consecuencia del golpe de la pandemia, que se cebó especialmente con Perú.

Pero aunque el bajón anterior sea una de las explicaciones, Perú puede presumir de haber recuperado su nivel de PIB previo a la pandemia mucho antes de lo que habían pronosticado los expertos y haber crecido muy por encima de la media latinoamericana.

Así que los augurios de algunos de los rivales y detractores de Castillo en la campaña, que vaticinaron un colapso de la economía al estilo del producido en la Venezuela chavista, parecen lejos de haberse cumplido.

Sin embargo, en los últimos meses se acumulan los motivos para la preocupación.

El PIB suma ocho meses consecutivos de desaceleración. Cada vez crece menos y las previsiones del Banco Central para 2022 son bastante modestas. Estima un crecimiento del 3,4%, mientras que otras entidades manejan proyecciones aún más bajas.

Diego Macera, experto del Instituto Peruano de Economía y miembro del directorio del Banco Central, le dijo a BBC Mundo que «crecer a un 3% está bien para una economía desarrollada como la de Estados Unidos, pero para un país emergente como Perú es insuficiente».

La inversión extranjera no cayó, pero parece que lo va a hacer

Según Francke, «se calcula que en los primeros meses de la presidencia de Castillo hubo una fuga de capitales de US$15.000 millones», aunque el ex ministro cree que fueron sobre todo de inversores locales que buscaron refugio en el dólar.

En una campaña muy polarizada y con su rival Keiko Fujimori alertando de un supuesto peligro por la llegada del comunismo a Perú, «alguna gente se puso nerviosa, pero los inversores internacionales son más flemáticos», indica Francke.

Habitualmente se considera la inversión extranjera directa como el indicador que más fielmente refleja el desarrollo de proyectos que generen empleos y prosperidad.

Según las proyecciones del Banco Central, en Perú se incrementó un 18,3% en 2021, con un aumento significativo concentrado en el cuarto trimestre del año, cuando ya Castillo se había ceñido la banda presidencial.

Esa cifra representa un gran aumento, pero, las perspectivas para 2022 son menos alentadoras y se estima que al final de año se habrá reducido un 17,1%. De confirmarse, sería una caída muy cercana al alza registrada en el primer año de presidencia del profesor cajamarquino.

El repliegue inversor de 2022 bien podría estar influido por un panorama internacional más incierto, sobre todo por la evolución de la inflación, que ha alcanzado en todo el mundo desarrollado niveles no vistos en décadas.

Pero Macera cree que, «hechas las sumas y las restas, el contexto internacional sigue siendo muy favorable para Perú, sobre todo, por el alto precio de los metales».

El experto considera que las promesas de reforma constitucional de Castillo pueden haber disuadido a los inversores, igual que el nombramiento de algunos altos cargos sobre los que pesan sospechas de corrupción o incompetencia.

«Aunque ya no parece que las promesas de reforma constitucional se vayan a concretar, si uno mira el panorama en su conjunto, se percibe una desconfianza de los inversores que responde a factores internos», indica Macera.

¿Un boom minero o una oportunidad perdida?

El sector de la minería y los hidrocarburos es un sector crítico para Perú y en 2019 representaba un 12,2% de su PIB.

Gran parte de su economía depende de las exportaciones de metales

El sector minero experimentó un crecimiento estimado interanual del 9,6% en 2021, pero de nuevo esa cifra responde en gran medida al enorme bache del año anterior y entre enero y noviembre de 2021 la producción minera fue un 5% inferior a la del mismo periodo de 2019.

En un contexto de alza del precio de los metales, con la cotización del cobre en los mercados internacionales en niveles récord, muchos observadores temen que el país esté perdiendo la oportunidad que supone la tendencia mundial a buscar energías alternativas a los combustibles fósiles para las que se requieren minerales que abundan en Perú.

«Hay un boom minero que debería favorecer que las inversiones llegaran al país, pero las cosas no van según lo esperado porque el diálogo de las autoridades con las compañías extranjeras no fluye«, señala Hugo Ñopo, analista del centro de investigación Grade.

Un informe del Instituto Peruano de Economía atribuye el bajo desempeño del sector, lejos aún de su nivel anterior a la pandemia, a la «intensificación de los conflictos sociales y al agotamiento de recursos minerales en algunas zonas ante el retraso de nuevas inversiones».

Pese a que Castillo prometió en la campaña que alcanzaría nuevos acuerdos con las empresas que explotan las minas para que estas supusieran un beneficio a las comunidades, un reciente informe de la Defensoría del Pueblo reportó un aumento de los conflictos sociales en todo el país y Rolando Luque, adjunto a este organismo, señaló que «existe un crecimiento extraordinario en el número de conflictos».

Quizá el más emblemático sea el que afecta a Las Bambas, en Chumbivilcas, una de las mayores minas de cobre del mundo, donde las comunidades locales mantienen un pulso con la empresa china que la explota que ha obligado a suspender en varias ocasiones su actividad.

Una economía «estable»

Su evolución en los últimos años ha hecho de Perú un ejemplo de estabilidad en una región poblada por países con monedas inestables y cuentas públicas desequilibradas.

Perú lidera por delante de Chile y Colombia. el ranking de estabilidad económica de Bloomberg, que mide distintos factores políticos, económicos y sociales.

Para Francke, esto es consecuencia de «la solidez de sus finanzas públicas y políticas económicas» y no de la situación política del país. El ex ministro cree que hay «fuerzas heredadas» que contribuyen a que las cosas vayan bien.

El país cuenta con unas cuentas públicas saneadas. Su bajo déficit fiscal, del 3,3%, destaca en el contexto latinoamericano, pese a que la pandemia obligó a movilizar fondos para aplicar medidas de estímulo y apoyo a la economía.

Parte de ese esfuerzo fue el del Banco Central para frenar las fluctuaciones en la cotización del sol, la moneda nacional, que si bien sufrió devaluaciones significativas en los últimos dos años, cerró la semana con su mejor cotización respecto al dólar desde que Castillo asumió la presidencia y posicionada como la segunda moneda más fuerte de América Latina solo por detrás del real brasileño.

Sin embargo, el margen fiscal del Estado no se ha empleado en reformas económicas de calado que corrijan las carencias que sufre gran parte de la población, sobre todo en el Perú rural.

La hacienda pública cuenta con recursos para acercarse a ese objetivo, pero para eso se requiere un entendimiento con el Congreso y una línea política, justo lo que los críticos de Castillo, y también algunos de los antiguos miembros de su gabinete, han echado en falta hasta ahora.

Un salario que no alcanza

Lejos de las cifras macroeconómicas que manejan los expertos, está lo que la gente percibe más directamente en su día a día.

Los críticos del modelo económico implantado en las últimas décadas en Perú se quejan de que el crecimiento económico no se ha traducido en beneficios para la población ni en una reducción significativa de las desigualdades.

Y, por más que la renta per cápita se muestre en una pronunciada curva ascendente desde mediados de la década de 1990, Perú parece tener un gran camino por recorrer en la mejora de sus servicios públicos y en la búsqueda de una mayor cohesión social, aspectos señalados por muchos analistas como una de las causas del inesperado triunfo electoral de Castillo.

La pandemia no ha hecho sino empeorar las cosas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el ingreso medio proveniente del trabajo en el área metropolitana de Lima fue de 1.639,5 soles (unos US$440), lo que significa un caída del 8,8% desde que comenzó la pandemia.

En un país en el que la informalidad y los bajos ingresos marcan el día a día de muchas personas, esto ha agravado para bastantes las dificultades en un contexto de inflación como el actual.

Más de uno de cada cinco trabajadores recogidos en el informe percibía un salario inferior al mínimo legal de 930 soles (US$250) y cabe presumir que la situación sea aún peor en el interior del país, donde la informalidad tiende a ser más alta que en Lima.

Es ahí donde con más avidez se espera que Castillo cumpla la promesa que repitió en la campaña y que por ahora no se refleja en las cifras: «no más pobres en un país rico».


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