Una nueva era en la inflación mundial con apellidos: climática, fósil, verde … y viene a quedarse

inflación

Las tasas de inflación de los precios al consumidor han variado entre países, lo que refleja sus condiciones económicas y las expectativas de inflación futura de la gente. A finales de 2021, la tasa de inflación anual de Estados Unidos fue del 4,7%, en comparación con el 4,8% de Inglaterra y del 5% de la eurozona. Una característica común es que las tasas de inflación parecen acelerarse. En Japón, después de experimentar tasas de inflación negativas durante gran parte del año pasado, la tasa de inflación mensual en diciembre de 2021 había aumentado al 0,8%.

Inflación

¿Por qué surgió la inflación durante la pandemia y en qué condiciones se estabilizará o incluso desaparecerá? En general, la inflación comienza cuando la demanda de bienes o servicios supera su oferta. La inflación impulsada por la demanda generalmente ocurre cuando la demanda es impulsada por políticas monetarias o fiscales expansivas. En un diagrama simple de oferta y demanda, la curva de demanda con pendiente negativa se desplaza hacia arriba y hacia la derecha, y el precio y la cantidad de equilibrio aumentan.

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De manera similar, la inflación impulsada por los costos ocurre cuando la curva de costos con pendiente positiva se desplaza hacia arriba, como cuando aumentan los precios de la energía y las materias primas. En este escenario, el nivel de precios normalmente aumentará y la cantidad negociada disminuirá.

La invasión rusa de Ucrania ha enfrentado al mundo con otra fuente de presión inflacionaria. Para imponer sanciones contra Rusia por su agresión, Occidente debe reducir o detener sus compras de petróleo y gas rusos. Eso significa que el precio relativo de los hidrocarburos debe subir, lo que implica un aumento de los precios en general. En este escenario, habrá un impulso hacia una mayor inflación impulsada por los costos, una opción dolorosa pero quizás necesaria para que Occidente castigue a Rusia.

A medida que la tragedia humana en Ucrania se desarrolla ante nuestros ojos, el aumento de los precios de las materias primas está empujando la inflación en muchos países a los niveles más altos en más de 40 años, lo que exige un cambio radical en la política energética.

Energías renovables

Hoy en día, nuestra dependencia de las fuentes de energía fósil se considera un peligro para nuestro planeta y una amenaza para la seguridad y los valores de libertad y democracia.

Acelerar la transición hacia las energías renovables es la tarea del momento considerando estas amenazas. Cada panel solar instalado, cada planta hidroeléctrica construida y cada turbina eólica agregada a la red nos acercan un paso más a la independencia energética y una economía más verde. Nuevos avances tecnológicos significan que, para 2040, se puede esperar que incluso los costos de los pequeños sistemas fotovoltaicos sean más bajos que los de cualquier planta de energía de combustibles fósiles. Y una vez que la demanda de energía pueda satisfacerse cada día con más energías renovables, los hogares se beneficiarán de precios de electricidad más bajos.

A medida que construimos una economía más sostenible, nos enfrentamos a una nueva era de inflación energética con tres shocks distintos pero interrelacionados que se puede esperar que conduzcan a un período prolongado de presión alcista sobre la inflación.

El primer shock está relacionado con los costos del propio cambio climático, o “climateflation”. A medida que aumenta el número de desastres naturales y fenómenos meteorológicos severos, también aumenta su impacto en la actividad económica y los precios. Por ejemplo, las sequías excepcionales en gran parte del mundo han contribuido al fuerte aumento reciente de los precios de los alimentos que impone una pesada carga a las personas que luchan por llegar a fin de mes. Partes de la India fueron testigos de los meses de marzo y abril más calurosos registrados, lo que puso en riesgo vidas y medios de subsistencia en la nación de 1.300 millones de personas. Las lecturas de los termómetros ya alcanzaron los 46 grados centígrados en el centro y norte de la India, cuando faltan dos meses para la temporada de monzones que suelen traer lluvias refrescantes. El intenso calor también amenaza con agravar la crisis energética de la India a medida que aumenta la demanda de aparatos de refrigeración.

El segundo shock, la “fosilflación”, es el culpable de gran parte del fuerte aumento reciente de la inflación en la zona del euro. En febrero, la energía representó más del 50% de la inflación general en la zona del euro, reflejando principalmente los fuertes aumentos en los precios del petróleo y el gas.

La fosilflación refleja el costo heredado de la dependencia de las fuentes de energía fósil, que no se ha reducido con la fuerza suficiente en las últimas décadas. En 2019, los productos del petróleo y el gas natural representaron el 85 % del uso total de energía en la zona del euro. La lucha contra el cambio climático es un factor que está contribuyendo a encarecer los combustibles fósiles y, por tanto, a hacer más visible su daño medioambiental.

En la Unión Europea, el precio del carbono se mantiene considerablemente por encima de los niveles previos a la pandemia a pesar de la reciente volatilidad elevada. Además, muchos inversionistas institucionales en los mercados financieros han comenzado a reducir significativamente su exposición a los productores de energía de combustibles fósiles, lo que genera mayores costos de financiamiento y contribuye a la lenta respuesta de la producción de petróleo crudo en gran parte del mundo.

Sin embargo, una parte abrumadora del reciente aumento de los precios del gas y el petróleo por encima de sus niveles previos a la pandemia refleja la capacidad de los productores de energía para dirigir la oferta en un mercado oligopólico. Los mercados del petróleo y el gas suelen estar artificialmente ajustados, lo que eleva los precios a expensas de los importadores de energía, como la zona del euro.

Tanto Inglaterra como Estados Unidos se enfrentan a una coalición de complicaciones con un mercado laboral súper activo y precios de la energía desbocados. ¿El resultado? Alta inflación y crecimiento estancado.

Los embargos a las importaciones de petróleo ruso impuestos por Estados Unidos e Inglaterra, así como el plan de la Comisión Europea para reducir las importaciones de gas ruso en dos tercios para fin del 2022, significan que la inflación fósil y sus repercusiones serán más amplias en otros precios de insumos y productos. Es probable que siga siendo un contribuyente importante a la inflación general y subyacente en el futuro previsible. Una caída marcada de los precios de la energía fósil, como lo indican los precios de futuros actuales, parece bastante improbable desde esta perspectiva.

Los efectos de la tercera categoría de perturbaciones, la “inflación verde” es más sutil donde muchas empresas están adaptando sus procesos de producción en un esfuerzo por reducir las emisiones de carbono. Pero la mayoría de las tecnologías verdes requieren cantidades significativas de metales y minerales, como cobre, litio y cobalto, especialmente durante el período de transición. Los vehículos eléctricos usan más de seis veces más minerales que sus contrapartes convencionales. Una planta eólica marina requiere más de siete veces la cantidad de cobre en comparación con una planta a gas.

Independientemente del camino hacia la descarbonización que sigamos en última instancia, las tecnologías ecológicas representarán la mayor parte del crecimiento de la demanda de la mayoría de los metales y minerales en el futuro previsible. Sin embargo, a medida que aumenta la demanda, la oferta se ve limitada a corto y mediano plazo. Por lo general, lleva de cinco a diez años desarrollar nuevas minas.

Inflación verde

Este desequilibrio entre la demanda creciente y la oferta restringida es la razón por la que los precios de muchos productos básicos críticos han aumentado considerablemente en los últimos meses. El precio del litio ha aumentado más del 1000% desde enero de 2020. Las restricciones a la exportación de materias primas rusas pueden aumentar la presión sobre los precios a corto plazo.  Estos desarrollos ilustran una paradoja importante en la lucha contra el cambio climático: cuanto más rápido y urgente se vuelve el cambio hacia una economía más verde, más costoso puede resultar a corto plazo.

Hasta ahora, la inflación verde ha tenido un impacto mucho menor en los precios al consumidor final que la inflación fósil. Por lo tanto, es engañoso afirmar que la ecologización de nuestras economías es la culpable del doloroso aumento de los precios de la energía. Pero a medida que más y más industrias cambien a tecnologías de bajas emisiones, se puede esperar que la inflación verde ejerza una presión alcista sobre los precios de una amplia gama de productos durante el período de transición.

El mundo no está reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero con la rapidez necesaria para evitar los efectos más peligrosos del cambio climático, como afirma el último informe climático de las Naciones Unidas publicado en abril. Los peligros de reducir las emisiones deben verse en un contexto más amplio. La fiebre por los minerales para construir la nueva infraestructura energética es solo un problema temporal. El FMI estima en 15 años la contracción de minerales y por el contrario, es probable que el clima más caluroso sea irreversible en cualquier escala de tiempo que los humanos puedan planificar.

La forma en que la política monetaria debería responder a estas presiones sobre los precios se ha convertido en tema de intenso debate. Se han expresado preocupaciones de que la política monetaria podría ralentizar, o incluso obstaculizar, la construcción de una economía menos intensiva en carbono si reaccionara a una mayor inflación de los precios de la energía eliminando el estímulo monetario. Después de todo, las tasas de interés afectan directamente al costo del capital y, por lo tanto, el incentivo para invertir en tecnologías más ecológicas.


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