Una hoja de ruta para dar mayor acceso a la conectividad

Catalina Achermann, VP de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de WOM

Por Catalina Achermann, VP de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de WOM

 

A todas luces, 2022 será recordado como un año clave o “punto de quiebre” en materia de telecomunicaciones en Chile. Muchas acciones que se están ejecutando en cuanto a conectividad digital actualmente en el país contribuirán a mejorar la forma de vivir de sus habitantes por los próximos decenios.

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Por una parte, la finalización durante este año del despliegue del proyecto de Fibra Óptica Nacional (FON), que entregará a muchas localidades, especialmente alejadas, la posibilidad de conectarse a un Internet de alta velocidad por primera vez. Y por otro lado, vemos cómo avanza rápidamente el despliegue de la red 5G, de alta velocidad, lo que también se traducirá en un real impacto en la descentralización, y el surgimiento de nuevos polos productivos y de innovación digital.

Si bien somos uno de los primeros países de la región en desplegar esta tecnología, aún  tenemos importantes desafíos en nuestra industria. Entendemos que la conectividad no puede ser un lujo para algunos, y de ahí también surge nuestra propuesta para establecer una hoja de ruta clara para el sector, que permita abrir la discusión, en búsqueda de mejores condiciones para los consumidores y mayor acceso a Internet para los usuarios, cumpliendo con el sueño de la verdadera democratización de las telecomunicaciones.

Es en este sentido, para lograr un Chile más inclusivo y equitativo, se hace prioritario, por una parte, la liberación de más espectro mediante concursos públicos competitivos, y también resulta vital una profundización del modelo de competencia en redes, creando incentivos para un despliegue más eficiente de infraestructura, acciones que producirían un mayor beneficio social reduciendo la brecha digital.

No podemos perder de vista que lo más importante de estos despliegues territoriales de conectividad es precisamente conectar a miles de personas que no habían tenido la posibilidad aún de beneficiarse de la calidad en su servicio, o que no contaban con mayores opciones, teniendo que pagar altísimos costos por los servicios de conectividad contratados.

Todos estos avances en despliegue están permitiendo soñar con un Chile más descentralizado, equitativo en oportunidades y con nuevas matrices de desarrollo, pero eso no sólo nos permitirá crecimiento y sumar puntos al PIB, sino que además posibilitará un Chile más justo. Y es esa la motivación que las empresas de telecomunicaciones y el Estado debemos perseguir.


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