Roberto Busel: Impacto en el empleo trae grandes efectos en la inflación

Roberto Busel

El aumento de los precios de los alimentos, los combustibles y los diversos insumos que compramos y necesitamos día a día, en otras palabras, la inflación, ha sido un gran problema económico durante el año 2021. Los precios aumentan cada día y la escasez y muchos otros inconvenientes que tenemos en forma continua, pasan a ser efectos secundarios del problema.

En general, los presidentes de los países del mundo tienen menos control sobre la economía de lo que podrían sugerir los titulares de los diarios y las redes sociales.

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Pero, el caso de Estados Unidos es una excepción a la regla, viendo que la administración Biden ha inyectado un monto de 2,8 billones de dólares de ayuda pandémica. Además, la Reserva Federal ha mantenido una política monetaria ultra laxa durante mucho más tiempo que en ciclos económicos anteriores y su presidente, Jerome Powell, se ha centrado en devolver el mercado laboral a la plena salud y ha proyectado que el aumento de la inflación es temporal. Vemos a la Fed que no ha desempeñado el papel tradicional de adelantarse a un aumento de la inflación al desacelerar deliberadamente la economía donde la política monetaria tarda mucho en afectar los precios al consumidor, por lo que no es un hecho aislado que la situación de la inflación podría ser diferente si la Fed ya hubiese comenzado a subir las tasas.

En todo el mundo, al mirar las respuestas sobre si la inflación es el resultado de demasiado dinero en busca de muy pocos bienes, lo más probable es que pudiésemos inferir que este gasto adicional debiese ser el gran culpable. La mayor parte de los estímulos de toda índole entregados en muchos países sirvieron para reemplazar los ingresos perdidos de muchas personas que no trabajan, ya sea, voluntariamente o de alguna otra manera o que se hayan invertido de otras formas.

La historia de la inflación es más complicada que simplemente entregar demasiado dinero a disposición de la gente.

Cuando la pandemia cerró el mundo en 2020, los gerentes de operaciones de las todas empresas del mundo concluyeron: Necesitamos hacer todo lo posible para sobrevivir. Los fabricantes de autos lo vieron como una recesión severa y redujeron la producción y los pedidos de nuevos suministros, las empresas de arriendo de autos vendieron sus flotas, las líneas aéreas cancelaron sus pedidos de aviones nuevos, las empresas de energía cancelaron sus proyectos de perforación y muchas empresas de todo tipo de industrias despidieron miles de trabajadores. Todavía estamos viendo y sintiendo los efectos de esas decisiones que finalmente resultaron en una recesión económica corta con una recuperación muy rápida.

En la actualidad, los fabricantes de autos están reflexionando en que no debiesen haber cancelado sus pedidos de semiconductores, las compañías de bienes ven los precios del transporte que están por las nubes, nadie disfruta que los precios del combustible se disparen cada semana y todas las empresas están luchando contra la escasez de mano de obra.

Lo que parecían decisiones prudentes y sensatas resultaron ser incorrectas para la economía real con la que hoy terminamos. Sin embargo, a pesar de todo esto, la oferta de muchos bienes en realidad es mayor que antes de la pandemia. El problema es que la demanda ha aumentado muchísimo más de lo planificado, gracias a los montos de estímulos que se han entregado.

Aunque todos experimentaron la pandemia de manera diferente, cambiamos nuestros gastos hacia bienes materiales en lugar de los servicios. Los consumidores del mundo llevan la delantera en el gasto comprando más bienes físicos como autos, línea blanca, electrónica y muebles. Al contar con suministros en número limitados, hoy todo es más caro.

Mucha gente eligió dejar de trabajar o trabajar menos y la escasez de trabajadores ha llevado a las empresas a ofrecer sueldos más altos para atraer gente y esta condición también impulsa los aumentos de los precios.

El gran cambio en los patrones de compra y el impacto en el empleo provocado por la pandemia parece ser el principal culpable de este episodio de inflación. Al evaluar la culpa de la ola de inflación, existe una pregunta que hacer y donde todo el mundo quisiera saber si los responsables de la formulación de las políticas debiesen haber previsto anticipadamente los problemas en torno a las reaperturas, y quizás haber sido más moderados al tratar de estimular la economía.

Ahora, el futuro de la inflación no solo depende de lo que suceda con la pandemia; sino de la rapidez con la que la gente regrese a los patrones de gasto más típicos y más personas regresen a trabajar.


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