Opinión: Cómo llevar a mi empresa al título mundial

Mike Tyson decía “antes de cada pelea todos tienen su plan,  hasta que son golpeados en la cara”. Si el ex campeón hubiese sido un empresario, seguramente diría “todas las empresas tienen su business plan, hasta que quiebran”.

 

En efecto, la historia nos ha enseñado de muchos casos en los que grandes campeones mundiales, al parecer invencibles, caen sin saber siquiera qué fue lo que los golpeó. Por ejemplo,  Blockbuster era el máximo referente en su “deporte”. Parecía competir solo y nadie  logró sostener un round con él, hasta que Netflix llegó y, antes de darse cuenta, la empresa de arriendo de películas, estaba en la lona.

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Una de las claves para mantenerse vigente es día a día mejorar, hasta volverse el mejor de la industria; tal como un boxeador que, a través del trabajo duro y metódico, además de múltiples jornadas de entrenamiento, se vuelve competitivo y logra conocer en profundidad su deporte, formando así, parte de un selecto grupo.

 

Las empresas, al crecer y triunfar, adquieren un conocimiento sobre su negocio para seguir mejorando. En definitiva, la repetición los lleva a un perfeccionamiento: día a día mejores, más rápidos y a menor costo. En este status quo no hay ningún riesgo inmediato, pues las empresas llevan a cabo una intensiva “explotación” de lo que ya saben hacer, tal como lo hizo Kodak y Blockbuster, quienes gracias a esta práctica,  se volvieron los mejores en sus respectivos rubros.

 

¿Basta con esto? La verdad es que no. De hecho, Blockbuster y muchas otras gigantes iteraron hasta volverse muy competitivas, acaparando la mayor parte de su mercado, sin embargo, terminaron quebrando.

 

¿Qué hacer entonces para, además de liderar, mantenerse vigente? Volvamos al boxeo. El 30 de octubre de 1970, Muhammad Ali inmortalizó su nombre en la historia del deporte al recuperar el título de los pesados tras derrotar a George Foreman, quien por su parte había ganado cómodamente a los grandes contendientes de la época.

 

Esto fue posible gracias a que Ali, pese a ser más longevo y físicamente más débil,  fue capaz de entender que la “explotación”, recurso del cual abusó Foreman, no era suficiente para obtener el triunfo y, en ese contexto, hizo uso de la “exploración”, recurso que comenzó a utilizar luego de analizar a los rivales de Foreman, los cuales a pesar de hacer siempre lo mismo, sucumbían ante su superioridad física.

 

La “exploración” es mucho más riesgosa, pues no se conocen las respuestas a priori,  lo cual podría conducir a una cadena de fracasos en el corto plazo; sin embargo, en el caso de Muhammad Ali, esto le significó adquirir una nueva forma de boxear y así, lograr una victoria que remeció al mundo entero.

Esta es la lección que deberían aprender las empresas.

 

El éxito resulta una trampa, que lleva a no explorar y a no preguntarse cómo hacer las cosas mejor. En efecto, la gloria de Blockbuster y Kodak hizo que explotaran demasiado, pero que no exploraran.  Las empresas deben aprender a lidiar con el éxito y a entender que deben conseguir un equilibrio entre exploración y explotación.

 

Equivocarse es parte de un proceso iterativo de constante mejora y es parte de cambiar el deporte.  Errar en el corto plazo es un proceso que culmina con cambiar antes de que nos sorprenda un golpe.

 

Las empresas deben procurar restarle gravedad al fracaso y, más aún, generar instancias de discusión, debate y de  muchos errores. Una buena práctica es destinar tiempo del día en discutir cuáles son los principales problemas de la empresa o dónde hay oportunidades de mejora. En resumen, destinar tiempo a explorar.

 

Este proceso debe ir de la mano con un liderazgo apropiado, pues involucra reiteradas fallas en el corto plazo, lo que se suma a una alta incertidumbre; sin embargo, sólo explotar hará que con toda seguridad en el largo plazo, tu empresa se vuelva el nuevo Foreman.

 

La reflexión a la que debería someterse la empresa entonces es ¿voy a destinar parte de mi capacidad a explorar, o voy a conformarme con la mediocridad del éxito?

 

AUTOR: Nicolás Hardy, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Finis Terrae


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