Oktoberfest en Bogotá, expectativa vs. realidad

Oktoberfest

Un esperado evento suscitó en Bogotá este fin de semana, era mi primera vez por visitarlo, con unos amigos, me dispuse a conocer del popular Oktoberfest, las expectativas: excelente organización, logística, lindos espacios por conocer, degustar variedades en cervezas, comida por supuesto, shows musicales y bailables, maravillosos, lo que compete a un evento al aprendizaje de la cultura Alemana…

Realidad: dos horas de fila para comprar un Perro caliente, que viendo el lado bueno, pese al hambre contenida, las salsa de Curry estaba muy buena, la salchicha estaba bien cocida, con un buen sabor, posterior a eso, hice otra fila de apróximadamente 2 horas por comprar unas cervezas, ya iba sumando 5 horas de mi “diversión”, además,en el festival no había un lugar donde sentarse, las pocas mesas para la cantidad de personas, ya estaban ocupadas, la gente comía sentada en el pasto, o cualquier lugar que encontraron para el disfrute entre amigos, pareja o familia, en pocas palabras, el espacio que volvió minúsculo para recorrer, ya que el exceso de visitantes, no correspondía a lo ofrecido, es evidente que los organizadores del evento, se enfocaron a vender entradas por doquier, sin pensar en la calidad y comodidad de los asistentes.


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Un espacio no aprovechado

Haciendo comparación con ediciones anteriores (Por la información conseguida en internet), en el Oktoberfest, el recibimiento a los clientes era muy atractiva, la inauguración de la edición 2021, contó con barril de cerveza, en donde los acudientes podían llenar su vaso de cerveza, y la atención muy diferente a lo vivido.

“Sin duda alguna, todo mal”…comentaba una expectadora de la tercera edad, quien con su esposo habían participado en eventos pasados, y señalaron que este evento, ya quedaría en el olvido…solo pudieron estar presentes unas 4 horas, no lograron almorzar por las largas filas, solo “picaron” para calmar el hambre y definitivamente, no volverían…”Recuerdo que los músicos recorrían las mesas y uno podía tomarse fotos con ellos, solía ser divertido”, señaló Sol Mendoza.

Una carpa que contenía carros de colección, era mucho más amplio y aprovechable en el lugar, lo miré y pensé que debieron usarlo para ampliar el comercio de la venta de comida y cerveza, e incluso, en época de lluvia, para albergar a las personas, en caso tal de que cayera un diluvio, de esos que no han cesado en la gran Bogotá.

Por otra parte, el cansancio finalmente me venció, y decidí embarcar de regreso a mi hogar, no sin antes de ir al baño luego de evitarlo en esas 6 horas de visita, lo que para mi sorpresa no hice fila, estaban limpios y esto sin duda, es un aspecto positivo para resaltar, además de el transporte gratuito que garantizó la llegada del público, la comida y la cerveza, pero es poco probable que vuelva a alistarme en una próxima edición del OktobertFest.


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