La gran prueba de resistencia de las tiendas tradicionales

tiendas tradicionales

En detrimento de las tiendas tradicionales, el comercio electrónico ha ganado mucho terreno en los últimos años y cada vez está más consolidado como el método de compra preferido por los consumidores. La pandemia ha provocado que todos los comerciantes hayan enfocado sus recursos hacia la digitalización. Eso sí, es evidente que los negocios que ya se habían digitalizado previamente parten con ventaja, y las tiendas más tradicionales han tenido que adaptarse de forma repentina, por lo que se enfrentan a desafíos más profundos.

El precio de los productos, que siempre es un elemento decisivo, se vuelve aún más importante en el canal online, ya que los consumidores pueden acceder de manera inmediata a otras alternativas, además de comparar de forma más sencilla y rápida en busca de la mejor oferta.

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Tiendas tradicionales

Los negocios orientados al comercio electrónico tienen la capacidad de reducir costes y así ofrecer precios más bajos, ya que no tienen que pagar el alquiler de un local y pueden trabajar con un personal más reducido y unas operaciones logísticas más centralizadas y eficientes. En un ecommerce, todo el stock está centralizado y es un fondo de armario que no rota, con la consiguiente mejora financiera para este modelo de negocio. En cambio, para una empresa que provenga del canal offline puede resultar muy complicado competir con los negocios nativos del online, que ya ofrecen los mismos productos que ellos a precios más bajos.

Como parte del debate que existe en torno a la coexistencia entre el comercio electrónico y el físico/tradicional, se habla mucho sobre la omnicanalidad. Este concepto define una fórmula para integrar de forma coherente y equilibrada todos los canales de venta y comunicación de una compañía, tanto los online como los offline. Sin embargo, este concepto no deja de ser un espejismo en muchos aspectos.

Tiendas tradicionales v/s canales digitales

El camino que está siguiendo el consumidor medio es claramente el digital, y los datos de evolución de ventas de los últimos ejercicios así lo avalan. Abrir tiendas tradicionales tiene cada vez menos sentido. Mantener tiendas físicas supone un alto coste adicional muchas veces innecesario para las compañías (alquiler o compra del local, seguro, luz…). Estos costes obligan a elevar márgenes para poder compensarlos, encareciendo sus productos en una tendencia que se espera que siga yendo a más durante los próximos años a medida que el comercio electrónico continúe ganando terreno y las tiendas físicas pierdan ventas. Si antes de la pandemia ya costaba rentabilizar los costes estructurales de un punto de venta, ahora es mucho más complicado debido a la caída de tráfico que han sufrido las tiendas físicas. Las tiendas físicas han empujado a sus clientes a que compren en sus webs durante la pandemia, con el fin de perder el menor número de ventas y evitar que sus clientes compren en webs de la competencia.

La omnicanalidad y la apuesta por seguir utilizando tiendas físicas también plantea ciertos inconvenientes logísticos para gestionar el flujo del stock. Por ejemplo, cuando los compradores utilizan estos establecimientos físicos como opción de recogida en compras online, una práctica muy habitual en ciertas tiendas y cadenas, de esta manera pueden llegar a generar problemas con los pedidos en el almacén, a diferencia de enviarlos directamente al domicilio.

Evolución del ecommerce

Hay que tener en cuenta que se requiere más personal y más especializado, lo cual supone un coste que no todas las empresas pueden permitirse. Es decir, sus costes de estructura en el negocio físico siguen incrementándose y sus ventas siguen bajando, mientras que en el digital sí disminuyen los costes y se aprovechan mejor las economías de escala.

Parte del problema que tienen es que, aunque es positivo y necesario para ellos adentrarse en el comercio electrónico, a las tiendas tradicionales les falta la experiencia en el canal online, que es muy importante para competir y es algo que se adquiere gradualmente. Como consecuencia de ello, están perdiendo clientes físicos y se enfrentan a un panorama online muy competitivo para el que no están preparados.

Al final, basta con observar la evolución en la tendencia de precios y costes durante los últimos años para comprender que el canal físico no puede competir con el online. Dicha evolución nos muestra que este fenómeno va a ser cada vez más pronunciado, también en parte por la canibalización de algunos negocios en la transición entre un modelo y el otro, y que la brecha entre los precios de productos en tiendas físicas, comparados con los de las tiendas online, será cada vez mayor.

Necesidades del cliente

Al cliente cada vez se le está educando más para que compre online: las herramientas digitales son cada vez más importantes en la vida cotidiana de las personas, que ahora tienen muchos más conocimientos para llevar a cabo de forma completamente natural el proceso de adquirir un producto online y buscar las mejores ofertas disponibles a través de las diversas webs y aplicaciones. Además, las nuevas generaciones cada vez reciben una enseñanza más enfocada a lo digital, tanto en el colegio como en el entorno personal.

Por consiguiente, las necesidades del cliente mandan y cada vez están más claras. Aquellas compañías que analicen de forma certera la situación serán capaces de prever mejor el futuro a corto y medio plazo. Y, por tanto, podrán desarrollar estrategias correctas que les permitan sobrevivir y triunfar en un entorno cada vez más digital.

Fuente: cincodias.elpais.com


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