La difícil tarea del educador

Ramón Edelyv

Por: Ramón Edelyv

Hace una semana conversaba con mi viejo amigo, Jesús Oviedo. Educador egresado hace algunas décadas de la UC.


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Nos conocemos desde cuando él tenía bastante cabello y yo no tenía barriga, ni barba y mucho menos canas (él tampoco).

Comenzamos a hablar acerca de lo mal pagados que en, general (y en cabos y sargentos), están los docentes.

Tiste realidad.

Recordamos que cuando éramos estudiantes, por allí, en aquello denominado, Ciclo Básico Común, a los profesores les alcanzaba para vivir, comprar casa y hasta su automóvil.

Mira, mi profesora de inglés tenía un Renault.

Mi profesora de Historia Universal, también tenía su propio vehículo.

La de Geografía también tenía un Malibú de aquellos que se compraban por metros. La recuerdo con especial cariño. Vivía en el Trigal.

Si, me desvío.

La cuestión es que los educadores, mundialmente, no ganan lo que merecen.

Y eso tiene la consecuencia lógica de que menos personas quieran estudiar la carrera de Educación.

Pero Jesús, hizo un comentario, que me estremeció.

—»Ramón Edelyv, y lo preocupante es el relevo«.

Uy, eso fue impactante.

—»Esos muchachos ni siquiera leen».

—Cierto —concedí yo, agregando un poco más de leña al fuego—. ¿Cuántos de ellos se leerán el Quijote o alguno de los clásicos?

Lo que apuntaba Jesús, no era un comentario, es una observación. Triste observación.

Atiende.

Esta semana tuve la dicha de dictarle un Taller a un grupo de docentes de un conocido Colegio de esta ciudad (gracias por sus comentarios, de verdad me llegaron). En ese taller yo solo resalté la enorme labor y responsabilidad que tienen los educadores en un salón de clases. De hecho, llamé al salón de clase con otro nombre, y les mostré algunas cosas que les podrían servir de herramientas para su hermosa y riesgosa labor.

Y considerando la atención y comentarios de los educadores que estuvieron en mi exposición, no me queda dudas de que continúan preparándose, en contraste con ese relevo (insisto: sin generalizar) que le preocupa a Jesús.

Creo que ese remplazo, al parecer muchos de [email protected], podrían estar afectados y afectadas por la milenaria PEREZA.

Como probablemente recordarás, en los seres humanos existe esa tendencia natural de hacer lo más cómodo, lo menos difícil o lo más fácil y terminamos decantándonos por la opción que implique menos inconvenientes. Algunos lo llaman ley del mínimo esfuerzo. El problema está en que, si se hace lo mínimo, se obtiene lo mínimo.

Regularmente, estoy hablando por esta vía acerca de objetivos y metas, así que también sabemos que el éxito abrazará a quien esté dispuesto a dar ese paso adicional, esa visita mil y algo, es decir: hacer lo que otros no harían.

Pela los ojitos: la flojera es lo contrario a la disciplina y disciplina no es otra cosa que hacer lo que se tiene que hacer, aunque no te provoque.

Disciplina es hacer lo que se tiene que hacer aplicando la filosofía de cero excusas.

Tú lo sabes: La gente no consigue resultados porque, prefiere hacer lo cómodo en lugar de hacer lo necesario, así que pareciera que no leerán a Don Quijote de la Mancha. ¡Imagínate!, Moby Dick, tiene 619 páginas y el Tomo II de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha tiene 1099 páginas, algo así Lo que el viento se llevó.

No obstante; Casas muertas tiene mucho menos, al igual que Cantaclaro.

Okey, pon atención.

Tanto para los del relevo como para los que serán relevados, es importante esto que le leí a Jim Rohn: «La gente no consigue resultados porque prefiere hacer lo cómodo a lo necesario«.

Creo que esto último nos puede servir a todos para meditar durante la semana.

¡Que el éxito te acompañe!

Ramón «disciplinándome para tener disciplina» Edelyv

  1. Para escribirlo y colocarlo encima del espejo que se usa para afeitarse o pintarse los labios en la mañana (espero que no hagas las dos cosas): «Todos hacemos cosas que la gente de éxito hace, la diferencia es que la gente de éxito hace esas cosas siempre«.

 


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