Javier Fano: Finanzas sólidas en tiempos líquidos

Javier Fano, Responsable de Banco Mediolanum en la Zona Levante

Javier Fano, Responsable de Banco Mediolanum en la Zona Levante

Si en 2020 estábamos preocupados por la situación sanitaria o la posible recesión por la pandemia, a finales de 2021 lo que llenaba nuestras conversaciones era la erupción de un insólito volcán en España (concretamente en Canarias) y el arranque de una histórica crisis de suministros y una inflación que los bancos centrales consideraban entonces fácil de domesticar. Pocos imaginaban que, en 2022, íbamos a ver otra guerra en Europa o que esa crecida de los precios se volvería tan feroz que los bancos centrales tendrían que sacar todas sus armas para combatirla.

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Muchos de estos grandes acontecimientos eran imprevisibles y, lejos de aparecer solo en las portadas de los periódicos, saltaron directamente a nuestras vidas e impactaron de lleno sobre nuestras finanzas personales. No es lo mismo presupuestar un viaje cuando la gasolina se ha encarecido un 40% desde enero, ni es lo mismo endeudarse ante la subida de tipos de interés que prepara el Banco Central Europeo, como tampoco lo es reformar una vivienda cuando fallan los suministros y se dispara el coste de los materiales.

Los tiempos líquidos requieren inversiones sólidas y, para conseguirlo, uno de los elementos que necesitamos es una estrategia de inversión lo suficientemente flexible como para adaptarse a los acontecimientos y lo bastante robusta y a largo plazo como para que los acontecimientos no la desborden continuamente haciéndonos cambiar de prioridades todos los meses. Una de las grandes amenazas de los tiempos líquidos para los inversores es que ese desbordamiento los lleve no solo a confundir lo urgente con lo importante, sino también a creer que todo es urgente y que, por lo tanto, las decisiones importantes y a largo plazo pueden suspenderse o postergarse indefinidamente.

La mejor manera de dar a nuestros objetivos financieros a largo plazo la importancia que merecen es diseñar una buena estrategia de inversión con la ayuda de un asesor financiero que nos ofrezca confianza y serenidad, que sepa ver las oportunidades más allá del ruido diario y que comparta con nosotros su larga experiencia en el mercado. Las finanzas sólidas y profesionales dependen de un asesoramiento sólido y profesional que no se deje distraer por los constantes estallidos de una era tan convulsa como la nuestra.


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