Harris Farm discrepa de la línea ortodoxa de los supermercados contemporáneos

Compras en el supermercado

Harris Farm nos volvió locos en el 18. Cuando los descubrimos. Crack dentro de la cabeza.

El retailer australiano es un maravilloso agitador de los dogmas estándares del sector. Uno de esos retailers jamás mencionado por los foros ultraespecializados de esta parte del mundo. Harris Farm discrepa radicalmente de la línea ortodoxa de las cadenas de supermercados contemporáneas, basadas en el primitivo concepto distribudor&fabricante (que a su vez se basa en la ecuación producto&precio, y poco más).

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El origen de Harris Farm viene de ser granjeros. Abrieron sus propios supermercados en el 71. Hoy tienen una treintena de supermercados de culto en Australia.

Harris Farm es un concepto fronterizo, ultraortodoxo de las marcas locales allá donde van, nutren de localismo sus estanterías. Y todo gira en torno a la comunidad. Los supermercados Harris Farm hacen cosas locas como meter dentro un parque infantil, o máquinas gigantes donde viaja el pan que te zamparás.  Harris Farm no se centran en el producto y el precio como los distribuidores de alimentos y bebidas, sino que van mucho más allá: crean tribu en torno a su marca.

Última innovación

En su última obra disidente en Brisnabe, gran parte de la decoración interior de la tienda proviene de materiales reciclados y reutilizados de origen local, y las paredes están inundadas de murales (lejos de las aburridas paredes de los supermercados que conocemos), realizados por artistas locales y niños de una escuela pública de la zona. Mientras, aquí seguimos con las paredes insípidas y de distribuidor de alimentos y bebidas.

En sus supermercados hay mucha fuente a granel por las que se derraman ríos de miel, aceite de oliva y mermeladas. Máquinas donde puedes servirte leche de barril, traída diariamente de una granja lechera cercana, como hacían tus abuelos, y por supuesto a verter en botellas de vidrio, como en los viejos tiempos. Y también verás barriles de miel, y bloques de mantequilla de almendras y anarcardos que podrás cortar tú mismo, y montañas diminutas de granos de café y hojas de té, y kits para cultivar hongos y flores comestibles.  No es un supermercado de cosas con precios, Harris Farm va de una verdadera experiencia de compra en el mercado todos los días de la semana. Poco producto estándar y mucho de cerca de casa, un lugar donde es conveniente tirar a la basura tus listas de compras y dejarte sorprender, una especie de safari diario de cosas apetecibles…. De eso debería ir el supermercado del futuro. Tan disidentes que tienen una enorme sección que se llama “selecciones imperfectas”: ahí es donde los compradores pueden comprar frutas y verduras de temporada que quizás no se vean perfectas, ayudando a reducir el desperdicio alimenticio.

Hoy, en estos tiempos de tiendas del futuro prefabricadas por consultoras, Harris Farm regresa a lo que fuimos y nos revela cómo serán realmente algunos de los supermercados más brillantes del futuro.


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