¿Es lo que vendo, lo que dice que es?

 

Cuando escojo un par de productos entre las marcas disponibles en la góndola del supermercado y reviso sus etiquetas en busca de información que me permita discriminar para elegir cual llevar, lo hago confiando en que dicha información es completa y veraz.  Pero… ¿qué pasa si no lo es?…

Los efectos de información falsa o deliberadamente incompleta en las etiquetas de los productos, los sufre no sólo el consumidor que es engañado, sino todo el mercado, puesto que hay decisiones de compra que se están realizando sobre supuestos errados.

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Además de la responsabilidad que le cabe al proveedor, que obviamente conoce su producto mejor que nadie y por lo tanto sabe –o debiera saber- que lo que está informando a sus clientes no es cierto o está incompleto, ¿qué responsabilidad le cabe al supermercado que lo pone en sus góndolas?

Cuando la información de una etiqueta se refiere a las propiedades de un alimento, la situación puede ser muy delicada y por ello lo que debe comunicarse y cómo, está fuertemente regulado y controlado por las autoridades en cada país.  Pero cuando se trata de medioambiente, hay mucha menos regulación…y también menos fiscalización.

Sin embargo, cada vez más, los clientes quieren saber si el shampoo que van a llevar al camping es o no biodegradable; si el detergente que están comprando es tóxico para el ambiente; si la huella de carbono del aceite de oliva o del papel higiénico ha sido reducida dentro de lo posible; o si se ha afectado animales en peligro de extinción en la producción del aceite de palma que contiene la mayonesa o el bloqueador solar. Actualmente muchos jóvenes quieren que la ropa o los zapatos que se van a poner hayan sido fabricados por personas que trabajan en condiciones aceptables y a los que se les pagó un salario digno…y cada vez más, quieren estar seguros de ello.

 

Suplementos alimenticios gondola supermercado

 

Por supuesto que el cliente no espera ser engañado, y de alguna manera entrega su confianza a quien le vende el producto.  Algo así como: si está en la góndola, es porque es bueno, de lo contrario no me lo ofrecerían.

En los tiempos que corren, donde el acceso a información es universal y los ciudadanos esperamos –y exigimos- transparencia de parte de los políticos, los medios de comunicación, las iglesias, los empresarios y las empresas, cabe preguntarse si es atendible que el retail se reste de efectuar los controles adecuados para asegurarle a sus clientes que los productos que pone a su disposición son realmente lo que dicen que son en materia social y ambiental.

Sin duda que los esfuerzos que el sector haga por garantizar a sus clientes que la información de las etiquetas de lo que ofrecen es completa y veraz, se verán recompensados por las preferencias de los clientes de un futuro no muy lejano.

 

 


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