Cómo desarrollar un modelo de negocio sostenible

 

Con tantos expertos ―o autoproclamados expertos― opinando sobre los modelos de negocio, la investigación en este campo se está avanzando a un ritmo muy rápido, a menudo en direcciones bastante contrapuestas. Eso no obstante, hace poco encontré un artículo muy interesante sobre modelos de negocio sostenibles y sus arquetipos.

 

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Un equipo de investigadores de las universidades de Cambridge y Delft, financiado como parte del esquema de innovación del anterior modelo presupuestario de la UE, desarrolló un marco que ayuda a agrupar los modelos de negocio sostenibles en dos niveles distintos. En primer lugar, se pueden diferenciar tres áreas macro de modelos de negocio, que abarcan conceptos tecnológicos, sociales y organizacionales. Esto sirve como recordatorio constante de que la sostenibilidad no solo viene impulsada por la tecnología, sino que puede conseguirse y se consigue gracias a dinámicas sociales, personales y de grupo.

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El segundo nivel de clasificación define ocho arquetipos distintos, que incluyen:
1) Maximizar la eficiencia de los materiales y la energía
2) Crear valor a partir de lo sobrante
3) Sustituir por procesos naturales y renovables
4) Proporcionar funcionalidad
5) Adoptar el papel de administradores
6) Fomentar la suficiencia
7) Retomar las causas sociales y medioambientales
8) Desarrollar soluciones que se puedan escalar

En el ámbito tecnológico, hay tres arquetipos definidos que se ocupan de la reducción y reutilización de residuos y la sustitución de materiales y procesos por alternativas más naturales, siempre que sea posible. Bajo este paraguas se incluyen soluciones de producción ajustada (lean manufacturing), así como los pilares de la economía circular, la economía azul, diseño de la cuna a la cuna y la biomímesis.
El grupo social se ocupa de los modelos de negocio que influyen en nuestra manera de consumir productos y servicios. Algunos ejemplos de los modelos que encontramos en este ámbito serían las empresas que promueven «soluciones inteligentes», como el coche compartido, soluciones para mejorar la movilidad en las ciudades (por ejemplo, bicicletas), o soluciones basadas en el pago-por-uso (payment-per-usage) en lugar del pago-por-propiedad (payment-per-property). Sin embargo, este grupo va mucho más allá de este territorio, pues incluye nuevos modelos de negocio en el que los consumidores reciben la educación que necesitan para tomar las mejores decisiones para su salud y, a la vez, las más respetuosas con el medio ambiente. Estas decisiones no se toman necesariamente solo en función ​​del precio. En un sentido más amplio, este segmento incluye los modelos de negocio que pretenden desafiar el ritmo y dinámicas de consumo modernos, limitando la sensibilidad al precio, la elección del consumidor y la frecuencia de compra con la elección de una forma más justa de intercambio.

El último grupo, el relativo a la organización, es el que trata de desafiar el statu quo de nuestra forma de trabajar, construir y consumir. También cuestiona el concepto de escala, tal como lo hemos entendido tradicionalmente. Los modelos de negocio sostenibles de este segmento incluyen empresas híbridas/sociales, crowd-sourcing, crowdfunding e innovación abierta.

 

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¿Cuál es el quid de la cuestión? Pues, en última instancia, que tener un «producto verde» o un servicio más verde no significa necesariamente que un negocio sea más sostenible, a menos que estés seguro de que el producto se utiliza correctamente, ha sido adquirido en un entorno sostenible y será re-usado/reciclado como es debido. En pocas palabras, un producto «verde» que se vende en un contexto tradicional no es más que parte de una campaña de comunicación con el objetivo de que sea percibido como más sostenible. No constituye propiamente un modelo de negocio sostenible: en otras palabras, la maximización de la eficiencia energética y material será un arquetipo de la sostenibilidad cuando se incorpore a toda una gama de productos, no cuando sea el mero escaparate para uno o dos productos.

Además, el aspecto tecnológico se asocia a menudo con determinados aspectos sociales y organizacionales. Por ejemplo, la creación de valor a partir de residuos, combinada con un diseño empático y un pensamiento creativo, puede ser un poderoso agente de cambio. Esta idea fue explorada en profundidad por Sanergy, una spin-out del MIT. Este equipo desarrolló un plan de negocio para proporcionar retretes franquiciados a barrios marginales de Nairobi, que recogen los residuos fecales humanos y los convierten en biofertilizantes.

 

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Con su modelo de negocio, ayudan a mantener los barrios limpios, lo que repercute en un incremento de la demanda de retretes franquiciados y un aumento de la producción de fertilizantes para ayudar a los agricultores locales. De hecho, los aspectos sociales y de organización de la planificación de modelo de negocio están ganando más y más fuerza, hasta el punto que la revista Forbes publica una lista anual de los mejores emprendedores sociales denominada “Impact 30”, que incluye tanto emprendedores con ánimo de lucro como sin él, cuyos negocios tienen como objetivo propiciar el cambio en nuestra sociedad, y cuyo arquetipo, en casi todos los casos, se encuentra en el grupo social o el organizacional.

¿Cómo puedes transformar tu negocio en sostenible? ¿Producto a producto o bien replanteándote el modus operandi de tu empresa?

 


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