«¡Atención empresa! Se reparten roles»

roles en una empresa

“Señoras, señores… pónganse en fila. De a dos. Vamos a repartir los roles para nuestro próximo estreno “La Gran Empresa” y necesitamos que estén organizados. Vamos, vamos, vamos. Que somos muchos y el tiempo es poco”. Y así se fueron asignando papeles y su rol correspondiente. A cada uno el que mejor le sentase, según criterio de dirección, claro está. A los pertenecientes al grupo de señores se les asignó el papel de poder liderar y los pertenecientes al del llamado sexo débil, o invisible, o de mujeres, el de ayudar a los que lideraban. Faltaría más.

Las personas del primer grupo, hombres líderes, deberían asumir el papel de un protagonista fuerte, pilar de apoyo de todos sus colaboradores, aparente sabedor de todo y, esencial, pero que muy esencial, que jamás mostrase ningún signo de debilidad. “Los ejemplos deben de ser admirados para ser seguidos – explicaba el director de la obra- y el papel del que dirige debe mostrar fuerza, valentía y capacidad de llegar a las metas que La Gran Empresa plantee”.


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La gran empresa

A las personas del segundo grupo, mujeres ayudadoras, se les asignó el papel de cuidar, de estar pendientes de las necesidades de las personas del grupo uno y de, sobre todo, mostrar dulzura y comprensión. El egoísmo no estaba permitido y pensar en ellas y en sus necesidades, tampoco. El rol para esta obra tenía que destacar por su capacidad de entrega a los demás, su tacto a la hora de tratar a las personas de las que se rodeasen y de apoyo y de entrega al prójimo, entendiendo por prójimo a toda persona existente en un radio de doscientos metros a la redonda. Como mínimo.

Con tanto ensayo de obra, actores y actrices aprendieron cada uno a comportarse como exigía el guion y a defender unos roles de tal manera, que los hicieron suyos. Se olvidaron de quiénes eran en esencia y se transformaron en el rol que los directores de aquella obra esperaban que fuesen: unos tipos duros centrados en alcanzar objetivos sin dejar ver atisbo de vulnerabilidad y unas tipas dulces, generosas, comprensivas y entregadas al servicio de los objetivos de los tipos duros.

Y llegó el día del estreno y “La Gran Empresa” vio la luz. Y a día de hoy seguimos con la misma obra en cartelera. Y todavía no nos hemos dado cuenta de que entre tanto rol, nos perdemos.

Roles aprendidos

Nos perdemos porque no nos hemos dado cuenta de que la empresa, formada en su inicio por mayoría de hombres, mantiene en ella su rol aprendido. Nos perdemos porque ese rol va tanto de objetivos que nos olvidamos de los equipos que los alcanzan. Nos perdemos porque dentro de tanta fortaleza aparentada, echamos fuera cualquier signo de vulnerabilidad, de sensibilidad y de delicadeza, “no nos vayan a tachar de flojitos”. Nos perdemos en la necesidad de seguir siendo lo que aprendimos. Y ahí… ahí nos perdemos.

“Llevo más de treinta años dedicada al mundo del Retail y durante todo este tiempo me he dado cuenta de la necesidad de relajar algunos roles y de incluir otros”

¿Qué cuál es el papel de la mujer en el mundo de empresa y, afinando en el entorno que nos une, en el campo del Retail? Romper los roles que nos asignaron aquel día de reparto. Sin duda.

Llevo más de treinta años dedicada al mundo del retail y durante todo este tiempo me he dado cuenta de la necesidad de relajar algunos roles y de incluir otros. Lo de alcanzar objetivos es necesario. Lo de hacerlo con personas que se sientan valoradas por lo que son, lo que hacen y lo que nos hacen sentir, también.

El mundo de tienda necesita hombres líderes y mujeres líderes capaces de aunar ambos roles y de encontrar un equilibrio esencial entre objetivos y personas, entre autoridad y sensibilidad y entre respeto y entrega a los demás.

Para ello, sería interesante que pensemos en lo siguiente:

  1. Lo vulnerable genera pertenencia al equipo. Vulnerabilidad significa que no puedo con todo y que necesito de tu ayuda. No existe palabra más generosa que el verbo “Recibir”. Recibir significa que tú tienes algo que yo no tengo y el hecho de que con ello puedas contribuir a mi mejora, te convierte en alguien muy necesario y capaz. Los equipos que se sienten útiles y pertenecientes son los que descubren que tienen algo valioso que entregar, no algo valioso que recibir. La persona líder que pide ayuda genera esos sentimientos en las personas de su equipo.
  2. Mostrar aprecio al equipo no es de flojitos. Como animales de tribu que somos, no hay nada que nos haga sentir mejor que ser aceptados, queridos y válidos dentro del equipo. Crear espacios donde el objetivo se convierta en consecuencia de cómo los equipos se comportan es el verdadero reto. Hacerlo desde la sensibilidad y la generosidad del que expresa aprecio, también.
  3. Ponerse en segundo plano es de valientes. Un día nos acostumbramos a dar directrices para asegurarnos el lugar al que queríamos llegar, sin pensar que proponer respuestas a trasvés de preguntas transforma en responsables a las personas obedientes. Ponerse en segundo plano tiene que ver con preguntar, con esperar respuestas en vez de darlas y en crear situaciones de mayor visibilidad a las personas que te acompañan en esos objetivos.

“El mundo de tienda necesita hombres líderes y mujeres líderes capaces de aunar ambos roles y de encontrar un equilibrio esencial entre objetivos y personas, entre autoridad y sensibilidad y entre respeto y entrega a los demás”

Érase una vez una mujer que aprendió roles aquel día de reparto y, cuando pasó a formar parte del mundo creado por hombres y para hombres, recordó que llevarlos en la maleta para incorporarlos ayudaría a que los primeros pudiesen descansar de la armadura de imbatibles y a ellas cubrir la necesidad de ocupar su espacio, dirigiendo equipos donde se permita lo sensible, lo vulnerable, lo cuidado y lo humano, sin perder al mismo tiempo los objetivos a lograr.

Fuente: revistaaral.com


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