La ciencia logra descubrir por qué hay personas solitarias

mujer mirando por la ventana

Estar a solas puede ser una sensación maravillosa cuando llevas muchas horas aguantando a los demás, con la mente a punto de explotarte y la barrita de paciencia al mínimo. No obstante, para muchas personas no es una cuestión circunstancial, sino un modo de vida: siempre tienen ese sentimiento interno de querer estar a solas consigo mismas, de querer huir inexplicablemente de la compañía ajena y refugiarse en la soledad. En ocasiones está bien, pero en otras pueden sentirse aisladxs, desconectadxs y tristes. Y, lo peor de todo, sin la más mínima idea de por qué esconden ese deseo. Pero la ciencia parece haber dado en el clavo.

En concreto, una investigación realizada conjuntamente por científicos estadounidenses y australianos con más de 500 participantes. Los autores sospechaban que una de las principales razones escondidas tras esos deseos de soledad eran determinados patrones de regulación emocional. Y los resultados les dieron la razón. Como explica en Psychology Today el psicólogo y genetista Arash Emamzadeh, «el aumento de la soledad se correlacionó con un mayor uso de una variedad de estrategias de regulación de emociones inadaptadas, particularmente la autoculpa, la culpa a los demás y la rumiación».

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Además, añade este especialista de la Universidad Británica de Columbia en Canadá, «los datos mostraron que las personas con altos niveles de soledad tendían a ocultar sus sentimientos y suprimir su expresión, además de tender a no buscar apoyo social y a rechazar el apoyo social ofrecido«. Un conjunto de rasgos que no favorecen precisamente la conexión con otros seres humanos y que, quizás, provoca relaciones poco saludables, lo que desembocaría lógicamente en una idea equivocada de los vínculos interpersonales. Algo así como «¿para qué rodearme de personas cuando todas son una mierda? Mejor estar solx».

Esta idea viene reforzada por otro descubrimiento de esta investigación: que «los individuxs más solitarios fueron menos proclives a utilizar la estrategia de reevaluación cognitiva, que es la estrategia de dar un significado positivo a un evento estresante o perturbador». Así, en lugar de ver esas relaciones desastrosas como una oportunidad para aprender y mejorar la próxima vez, se quedan simplemente con la imagen negativa inicial y, en consecuencia, con las emociones desagradables asociadas a ella. La buena noticia es que este tipo de soledad puede combatirse. Lo importante es conseguir identificarla en primer lugar.

Después de todo, y como dice Emamzadeh, «apuntar a estrategias de regulación de emociones disfuncionales puede reducir la soledad a través de la psicoterapia, como la terapia cognitivo conductual». Además, y al margen del fomento de la soledad, bastante nocivo en sí mismo, esas estrategias de regulación emocional no adaptativas traen bastante desgracia a la vida de la gente. La culpa, la atribución de culpa, la catastrofización, la supresión expresiva, la rumiación o el rechazo suelen ser enemigas de la armonía y la felicidad. En vez de cultivar una personalidad alrededor de la soledad, trabájala. Estarás mejor.


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