Neuromarketing: Descubre cómo influye la dopamina en nuestra vida

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La dopamina es la hormona que controla nuestros deseos. Una sustancia que fue clave en el desarrollo de la humanidad (todavía lo es), en todos los aspectos. Esta hormona determina qué o a quién queremos y también por qué nos aburrimos de las cosas una vez que las hemos conseguido. Es la razón del éxito de las redes sociales. Es responsable de las adicciones y de la ambición, de que sacrifiquemos una relación maravillosa por acostarnos una noche con una persona desconocida. Para la dopamina lo importante es conseguir algo, cueste lo que cueste, con tal de que sea algo nuevo, diferente. Entender cómo funciona la dopamina nos ayuda a entender y predecir nuestro comportamiento, y también el de los demás.

Eso es lo que sostiene el doctor Daniel Z. Lieberman que acaba de publicar en español un amplio estudio sobre la misma titulado ‘Dopamina – La molécula que condiciona el sexo, el amor, el voto y nuestro porvenir’ (Península, 2021).

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El autor habla en cada uno de los capítulos del libro de cómo la dopamina influye en nuestra vida y la determina. Su tesis principal es que esa simple molécula, formada por carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, es la que nos hace ir tras las cosas que imaginamos, nos hace avanzar hacia el futuro. Pero también tiene algunos efectos negativos, es una bendición y una condena. Veamos a continuación cómo influye en algunos de los ámbitos de nuestra existencia.

La dopamina y el amor

El efecto de la dopamina en el amor es maravilloso y a la vez cruel. La dopamina es lo que nos hace enamorarnos y desear con todas nuestras fuerzas estar con alguien. Hace que nuestro cerebro mire hacia el futuro, pero cuando ese futuro se convierte en presente o, dicho de otra manera, cuando conseguimos estar con la persona amada, el entusiasmo por ella tiende a desaparecer y la propia dopamina nos impulsa a buscar otras cosas.

Lieberman nos pone un ejemplo. Imaginemos que te hubieras enamorado de una cafetería. No podrías dejar de pensar en su café y sus cruasanes. Estarías esperando cada día la hora de ir allí, pedirlos, disfrutarlos a solas en tu mesa. Pero, conforme pasen los días, ‘el mejor café y cruasán de la ciudad’ pasarán a ser algo cotidiano, el mismo desayuno de siempre. Sin embargo, el café y los cruasanes son los mismos, siguen estando buenísimos, pero lo que han cambiado son tus expectativas. «A veces, cuando conseguimos lo que queremos, resulta que no es tan agradable como esperábamos», afirma el autor. «El entusiasmo dopaminérgico (es decir, la emoción ante la expectación) no dura eternamente, porque con el tiempo el futuro se convierte en presente. El misterio emocionante de lo desconocido pasa a ser la aburrida familiaridad de lo cotidiano, momento en que la dopamina ya ha hecho su trabajo y se instala la desilusión».

La dopamina y el dominio de uno mismo

Este es quizá el efecto más complejo de la dopamina. A priori podríamos pensar que la dopamina nos hace perseguir un deseo cueste lo que cueste, pisoteando a todo el que se interponga en nuestro camino, pero en ocasiones su acción es más sutil.

Es posible, por ejemplo que para conseguir un deseo tengamos que mostrarnos sumisos o tengamos que fingir que ese objetivo no nos importa o no lo buscamos. La dopamina también nos provoca esas reacciones más complejas e indirectas. “De forma moral o inmoral, dominante o sumisa, a la dopamina le da lo mismo, siempre que dé lugar a un futuro mejor”, explica el doctor. “Pensemos en un espía destinado en un país hostil que intenta acceder a un edificio gubernamental. Mientras merodea por un callejón, se tropieza con el conserje. El espía lo tratará de igual a igual, quizá incluso como a su superior, intentará hacerse su amigo o ganarse su simpatía, con el fin de obtener su colaboración, una conducta sumisa encaminada a dominar el medio y lograr su objetivo”.

La dopamina, la creatividad y la locura

La creatividad y la locura son dos cosas que habitualmente están unidas. Pensemos en la cantidad de genios que, o bien han tenido problemas para relacionarse con las personas, o bien han sufrido directamente problemas mentales. La lista es interminable: Ludwig van Beethoven, Vincent van Gogh, Charles Darwin, Georgia O’Keeffe, Nikola Tesla, Virginia Woolf o el maestro del ajedrez Bobby Fischer.

Esta relación se debe a la dopamina. Unos niveles altos de la misma hacen que una persona pueda abstraerse del mundo y crear cosas nuevas, imaginar un futuro diferente, crear arte que hasta entonces nadie había imaginado. Pero estas construcciones de mundos inexistentes se parecen mucho a algunos tipos de problemas mentales. Es por ello que las personas que tienen altos niveles de dopamina en el cuerpo son muy creativas, pero también tienen más riesgo de aislarse de la sociedad y de padecer esquizofrenia u otro tipo de enfermedades mentales.


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