La «neurociencia» del cuerpo

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Según publica el portal Quo La neurocientífica Nazareth Castellanos publica el llibro «Neurociencia del cuerpo», un repaso a las múltiples formas en las que nuestro cerebro solo funciona conectado al resto del organismo

Nazareth Castellanos es licenciada en física teórica y doctora en beurociencia. Desde hace años desarrolla una labor investigadora en Alemania, Inglaterra y España para desentrañar el funcionamiento de la conexión entre el cuerpo y el cerebro, y cómo el intestino, el corazón, la respiración o la postura corporal influye en nuestro estado emocional y nuestro comportamiento. hablamos con Nazareth de su nuevo libro, «Neurociencia del cuerpo», editado por Kairós.


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Darío Pescador: Tu libro se llama Neurociencia del cuerpo y esto parece una contradicción en términos porque cuando la gente piensa en neurociencia, piensa en lo que tenemos entre las orejas. La idea de que el cuerpo y la mente son lo mismo no es una idea que esté tan extendida.

Nazareth Castellanos: Bueno, esto es lo que pensaba la comunidad científica hace cinco años y aún sigues escuchando. Es una semilla que acaba de implantarse, que ha arraigado bien en la tierra científica. Pero el árbol todavía tiene que crecer muchísimo.

DP: ¿Recuerdas el momento en el que llegas a esta conclusión? ¿El momento de iluminación cuando piensas que sí, está todo conectado?

NC: Yo creo fue más un continuo. Yo me dedico a esto desde hace bastante tiempo y hubo una época en la que yo tuve un poco más de dificultad en mi relación con el mundo. Entonces yo observaba mucho mi propio cuerpo y veía como afectaba a las sensaciones gástricas, el corazón, mi postura. Coincidió con ese momento de replanteamiento de lo que yo estaba estudiando. También es verdad que yo siempre he sido muy curiosa de otras culturas y de otras visiones, y también en otras formas de concebir al cuerpo humano. Es todo mucho más integral, más deslocalizado. Esto empezó hace como hace diez años y, claro, en aquel momento era una herejía decir aquello.

DP: La idea de la separación entre cuerpo y cerebro incluso está representada en la cultura popular, como en la serie Futurama en la que aparecen cabezas vivas, pensantes, conservadas en unas urnas de cristal, y en realidad eso sería imposible porque sin el cuerpo sería imposible pensar.

NC: Exactamente. Fíjate que incluso con los robots hay toda una línea de investigación sobre cómo hacerles sentir su propio cuerpo, su propio espacio. El proyecto conectoma en el que yo estaba metida y que intentaba descifrar qué zonas del cerebro y que neuronas están conectadas unas a otras, ha llegado a decir que no solo somos esos circuitos neuronales. Eso es fabuloso.

DP: Bueno, hay cierta esperanza. En una serie nueva llamada Upload, que habla de un futuro cercano en el que la gente cuando muere sube su conciencia a una especie de balneario virtual, estos muertos tienen que ir al baño. Cuando se preguntan por el motivo les explican que lo han estudiado y la gente se volvía loca si no podía hacer pis.

NC: ¡Qué bueno! Mira, Quevedo, que era tan escatológico nos devolvía a, como él decía, al mundo de la caca, y esto no era sólo una provocación. Este hombre era de una inteligencia muy alta, y era una forma de decir, mira, es esa conexión con nuestra parte más, más física, más visceral, más terrenal, es lo que también nos hace humanos. A mí me parece que es esa unión, ese abrazar el cuerpo, cómo necesitamos la sensación de tengo que ir a hacer pis, necesito sentir el cuerpo, necesito sentir la necesidad que decía Bergson, y eso es muy bonito.

DP: En tu libro citas muchos ejemplos, quizá en los últimos años el más notable sea el de Amy Cuddy, la investigadora de Harvard, con su estudio sobre la influencia de la postura en la actitud y en los niveles de cortisol, y que sin embargo, recibió muchas críticas por parte de la comunidad científica, y tuvo que hacer un segundo estudio para corroborar sus resultados.

NC: Ella fue una visionaria y muy valiente. Porque enfrentarte a la visión estándar del mundo científico no es nada fácil. Pero ella lo hizo, luego otros siguieron investigando y ya hay muchísima evidencia. Hay un estudio que menciono en el libro que mostraba, por ejemplo, como mujeres que tenían problemas clínicos de autoestima, en su terapia tendían a adquirir posturas propias de una situación difícil, se iban encogiendo. Al cambiar su postura durante la terapia hubo una mejora significativa de los resultados.

DP: Cualquier persona que haya algo de teatro sabe que la postura y la posición del cuerpo influyen las emociones que sientes y en las que transmites. Pero también explicas que cuando la gente dice siente algo en sus tripas, tienen en realidad mucha razón.

NC: Cuando empezamos a investigar la influencia del organismo sobre el cerebro, me sorprendió que había mucha más resistencia en el mundo científico que en la calle. Cuando yo le contaba a amigos que estaba estudiando esto me decían ‘¿Pero está claro, no? Todos lo hemos sentido’. La corazonada, la sensación en la tripa. La influencia que tiene el intestino y el estómago en el cerebro es una de las más estudiadas. En nuestro intestino vive una población de microorganismos, la microbiota, que son principalmente bacterias, y que tienen una una influencia muy destacada sobre el sistema inmune endocrino y también sobre el sistema nervioso, de forma que influyen en el aprendizaje y en la memoria. Hace dos semanas, John Cryan, de la Universidad de Cork ha publicado un estudio  donde muestran que la microbiota intestinal está relacionada con lo la neurogénesis en el hipocampo. Es decir, que se formen nuevas neuronas nuevas en el hipocampo, la zona más involucrada en la memoria. Cuidar nuestro intestino es cuidar nuestra salud mental, hoy y mañana.

DP: Teniendo en cuenta que las poblaciones de bacterias en nuestra microbiota están influidas por lo que comemos, ¿tenemos un control aunque sea parcial sobre lo que va a ocurrir en nuestro cerebro?

NC: Exacto. Es el control parcial no solo es la comida, influyen muchos factores. Por ejemplo, nosotros hemos estudiado en el laboratorio el impacto que tiene hacer ejercicio físico de forma regular sobre la microbiota, y hemos visto que aumenta su diversidad, que es uno de los valores más importantes para la salud de la microbiota. Pero es verdad que la influencia más evidente es la de la dieta. ¿Quién iba a decir hace diez años que eso iba a influir la memoria, en las emociones, en tener un envejecimiento sano y no patológico? Sobre todo la dieta que damos a los niños, una de las cosas que a mí más me impacta desde que soy mamá. Es algo que me verdad me entristece. Vas a un restaurante y el menú infantil es todo una guarrada: patatas fritas, grandes pizzas, ketchup y una bebida con burbujas. Hay que tener cuidado, porque ellos no saben lo que tienen que comer y les podemos estar haciendo mucho daño. Su cerebro está aún desarrollándose.

DP: Otros estudios que mencionas nos dicen que el cerebro piensa en movimiento, y que la forma en la que nos movemos, sea para hacer deporte, o para bailar, influye en la forma en la que pensamos.

NC: El otro día vi una entrevista de Pérez Reverte muy interesante, en la que le preguntan que era aquello en lo que más si fijaba en una persona, y respondió ‘cómo se mueve’. Este hombre es un gran observador. Decía Nietzsche que cuando veas caminar a una persona, sabrás que ha encontrado el camino. El movimiento refleja mucha parte de la personalidad. Hay una zona del cerebro, que es la ínsula, que según la teoría actual más aceptada en neurociencia es la parte más involucrada en la idea de quién soy yo, de identidad, y también con la postura corporal. Al hacer ejercicio activamos el eje músculo cerebro y ahora se está descubriendo que tiene un papel importantísimo en la memoria. Se está viendo que trabajar los músculos, la fuerza, el equilibrio, hacer ejercicios de cardio, hacer ejercicios lentos, es decir, tener un abanico de ejercicios, por ejemplo, reduce el riesgo de padecer ansiedad y depresión en un 25%.

Muchas veces se aconseja hacer diferentes formas de ejercicio físico, al menos dos o tres veces a la semana, unos 120 minutos. ¿Pero qué pasa con el resto del día? Nos pasamos horas sentados frente al ordenador o en el coche. ¿Cómo incorporar el que haya más movimiento a lo largo del día? Es difícil si tenemos que estar trabajando en una mesa, pero me parece que sería bueno que nos replanteamos los estilos de vida en el ámbito laboral, social y docent. Creo que en el cole debería haber clases de movimiento todos los días, que todos los bailen, hagan gimnasia, yoga, conciencia corporal o taichí.

DP: Tendría que haber clases peripatéticas como en la academia de Aristóteles.

NC: Completamente.

DP: En tu libro hablas de los sentidos y no solamente de los cinco sentidos que conocemos, que nos permiten percibir cosas del exterior, sino también de los que nos informan sobre lo que ocurre dentro de nosotros, de la información que dan al cerebro los latidos del corazón, la presión arterial o el ritmo de la respiración.

NC: Es algo que se ha empezado a aceptar científicamente. En el último libro que escribe Antonio Damasio, acepta que no podemos estudiar el cerebro sin estudiar el cuerpo. No habla de la homeostasis como una de las formas de consciencia. Es verdad que a nivel social la gente sabe lo que es una corazonada, tener un nudo en el estómago o el corazón en un puño Lo que no se sabía es que es una carretera de dos direcciones. El cerebro obviamente tiene control sobre lo que están haciendo los órganos, pero el cuerpo tiene control sobre el cerebro porque le manda información constantemente. Las carreteras que van de abajo hacia arriba son más numerosas que las que van de arriba hacia abajo. Esto es la interocepción, y es un sentido. Es información que llega al cerebro a través del nervio vago, que “vagabundea” por el cuerpo recogiendo información y se la envía al cerebro, que la procesa. Esto es lo que se llama la respuesta del cerebro evocada por el organismo.

DP: Afortunadamente se empieza a hablar un poco más del nervio vago, como algo que tenemos que entrenar como si fuera un músculo. Esa es la base de los métodos de respiración y de exposición al frío que ha hecho populares Wim Hof. Parece que es el nervio más importante del cuerpo en muchos sentidos.

NC: Y le llamamos vago, pero fíjate, el trabajazo que tiene [ríe]. El nervio vago se ha convertido en una de las dianas de estudio más importante para la salud mental, para psiquiatría, y para enfermedades neurodegenerativas. Creo que viene una época apasionante, porque ahora vamos a empezar a estudiar miles de casos de alteraciones para ver cómo podemos actuar para mejorar. Yo animo a la gente joven a que se dedique a investigar, porque está todo por hacer y faltan personas con entusiasmo que nos ayuden a crear esta esta nueva ciencia.

DP: Ahí nos está ayudando un poco la tecnología, porque ya hay dispositivos muy baratos que nos permiten medir la variabilidad cardíaca, que da el estado del nervio vago. ¿Crees que el acceso a esta tecnología nos ayuda a conectar con el cuerpo?

NC: Yo creo que nos puede ayudar si utilizamos como bastón, pero no si lo convertimos en nuestra piernas. La tecnología me puede ayudar a medir parámetros que me orienten, pero no puede convertirse, como ocurre en algunas líneas de investigación, en dispositivos que hagan el esfuerzo por mí. Hay dispositivos que te dicen, creo que ahora tendrías que meditar. Pero yo creo que es algo que cada uno debiera desarrollar por sí mismo.

DP: Otra de los temas del libro es la subjetividad y de que en realidad lo que pensamos que percibimos del mundo es en gran parte inventado. Nuestro cerebro, junto con el resto de nuestro cuerpo, está fabricando nuestra conciencia y nuestra visión de la realidad cada minuto. ¿Esto nos deja en una situación de incertidumbre y estrés, o al contrario, es algo que nos debería tranquilizar pensando que no es tan grave lo que nos pasa?

NC: Las dos cosas. Yo creo que nos debería espabilar, pero tranquilamente. Los griegos decían que ser escultor latino es ser escultor de la propia escultura. Cuando hablamos de la subjetividad hablamos de que cada uno percibe el mundo de una forma que se llama la representación interna de la realidad. Pero yo también tengo un papel protagonista en intentar cultivar algunas percepciones en mí y dejar de cultivar otras. Creo que nos habla de esa responsabilidad que tenemos cada uno, de ser la mejor versión de nosotros mismos.


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