Esto sucede en el cerebro de los músicos cuando improvisan

Mano sosteniendo globo con cerebro en panel digital inteligencia artificial

El mismo sentimiento que tienes en las fiestas cuando ponen tu canción, es el que experimenta un mesero de un club de musical cuando sube al escenario el trío mexicano de jazz contemporáneo, Alatrío.

“¡Juan, por favor toca mi rola!”, grita el mesero cada que toca el conjunto. La composición le voló la cabeza y es que –aunque sea la misma pieza– nunca suena igual, porque la improvisación de los integrantes le da un toque distinto cada vez. Esa es la magia del jazz.

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Te contamos los efectos de la música en el cerebro:

Efectos de la música en el cerebro: contar historias, sin perder el ritmo

Improvisar es entrar en una especie de trance de máxima concentración. “Todos mis sentidos están conectados en lo que dicen mis compañeros y, cuando es mi turno, cuento mi historia”, así describe Juan Pineda Barajas, guitarrista del grupo y egresado de la licenciatura en jazz de la Escuela Superior de Música del INBA en la Ciudad de México.

“Lo que creemos que ocurre cuando los músicos improvisan es que están contando su propia historia musical, para lo cual derriban todas las barreras capaces de impedir el flujo del futuro y de lo nuevo”, escribió Charles J. Limb, profesor de la Universidad John Hopkins y quien dirigió un estudio donde se hizo seguimiento de la actividad cerebral de los pianistas de jazz cuando improvisan.

Al momento de la improvisación, en el cerebro de los músicos se incrementa la actividad en la corteza prefrontal media y en el centro del lóbulo frontal.

La primera zona está asociada a la conducta, la personalidad y, la segunda, nos posibilita para elegir, planificar y tomar decisiones voluntarias y conscientes.

Estas mismas zonas son las que se encienden cuando contamos una historia sobre nosotros mismos, que coincide con lo que describe Juan Pineda.

La fórmula de la improvisación

Durante una interpretación de jazz, los músicos “tocan sobre el disco”, es decir utilizan la melodía y la estructura de acordes de una composición como base sobre la cual se improvisa un solo innovador.

El estudio del John Hopkins también mostró que casi la mitad del cerebro de los músicos de jazz se nivela para permitirles improvisar.

Funciona de la siguiente manera, se activan las áreas sensoriomotoras neocorticales, responsables de mediar la organización y ejecución de la interpretación musical. Pero también se desactivan las estructuras límbicas, que regulan la motivación y el tono emocional.

Para Yair Alatriste, contrabajista, bajista y compositor del trío de jazz Alatrío, “la improvisación es composición al instante”.

La composición musical requiere de una gran preparación, se trata de dominar el lenguaje melódico y armónico.

Improvisar puede ser comparado con hablar un idioma extranjero, entre más vocabulario conoces, tienes más posibilidades de expresar lo que realmente quieres decir, explica Fernando Moreno, baterista del trío y egresado de la Escuela Superior de Composición y Arreglo Musical (Escam) y LaFaro Jazz Institute.

De hecho, las imágenes de resonancia magnética del estudio revelaron que los músicos de jazz tienen un acceso más rápido a la zona del cerebro responsable del flujo creativo, pero a condición de que dediquen mucho tiempo a practicar, como describen los jazzistas.

Entre la memoria y la improvisación

“Entre más conoces las reglas del jazz, puedes ser más libre. Cuando yo improviso escucho dónde estoy y sé qué notas o qué acordes quedan bien, después de eso solo tengo que contar una historia de inicio a fin. Por eso es un poco memoria”, cuenta Juan Pineda Barajas, guitarrista de Alatrío.

La improvisación demanda un incremento en la actividad en la corteza prefrontal media asociada con la memoria de trabajo y las tareas de control aprendidas en exceso.

Los cerebros de los músicos de este género musical muestran que el proceso de la improvisación tiene un patrón neuronal de activaciones y desactivaciones en la corteza prefrontal, las regiones sensoriomotoras y límbicas del cerebro.

“Este patrón único puede ofrecer información sobre las disociaciones cognitivas que aparentemente pueden ocurrir fuera de la conciencia y más allá del control volitivo en el proceso creativo”, indica, por su parte, el estudio.


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