Esto ocurre en nuestro cerebro cuando nos enfadamos

Persona observando laptop y gritando

Según publica el portal lavanguardia.com El enfado es una emoción tan básica como desagradable, que cumple una función muy importante en nuestra vida diaria. En ocasiones viene acompañado de ira y profundo malestar, emociones muy presentes en situaciones de conflicto que nos hacen perder las formas y el control. Es por ello que tendemos a reprimirlo en la medida de lo posible, algo que puede ser más contraproducente de lo que parece.

El cerebro humano recibe constantemente un flujo enorme de información del mundo que nos rodea y de las interacciones que protagonizamos, las procesa, ordena y hace que nuestras vivencias cobren sentido. Cuando nos enfadamos, las reacciones automáticas de nuestro cerebro lo alteran todo, provocando cambios en el sistema nervioso autónomo y en el sistema endocrino.


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El enfado provoca grandes cambios en el sistema nervioso autónomo y el endocrino

El organismo comienza a experimentar un incremento de la actividad cardiovascular y  a liberar mayores cantidades de noradrenalina, lo que lleva a una mayor activación física y emocional. Generalmente el enfado llega de la mano de una situación que nos indigna o nos hace sentir agraviados, por lo que nos ayuda a canalizar emociones negativas.

Los cambios a nivel cerebral que se producen durante un estado de ánimo negativo provocan que el organismo libere mayores cantidades de glutamato y dopamina, un neurotransmisor que nos vuelve más competitivos y nos ayuda a defendernos en situaciones de peligro. El aumento de la presión arterial y el ritmo cardiaco son el motivo por el que en momentos de enfado las sensaciones físicas son tan evidentes.

Los estudios demuestran que disminuyen los niveles de serotonina y vasopresina

Respecto al papel que juega el funcionamiento endocrino, se sabe que disminuyen los niveles de serotonina y vasopresina, y los de testosterona y cortisol varían y determinan nuestra respuesta al enfado.

Los niveles de testosterona, hormona que se relaciona con una conducta dominante y violenta, aumentan cuando estamos enfadados. Sin embargo, el cortisol, más relacionada con el estrés, se asocia con la inhibición y la sumisión, lo que parece mediar el efecto de la testosterona.

Según estudios recientes, la testosterona únicamente se relacionaría con la agresión cuando los niveles de cortisol son muy bajos. No obstante, cuando sus niveles son altos atenúan el efecto que la otra hormona tiene sobre nuestro comportamiento.

Cada una de las emociones que experimentamos provoca una activación cerebral diferente y cuando se trata del enfado esta activación la protagoniza la amígdala, pequeña estructura subcortical que forma parte del cerebro emocional o sistema límbico.

Cuando percibimos estímulos amenazantes, la amígdala se activa para garantizar nuestra supervivencia y lo hace tomando el control y desactivando áreas cerebrales como el córtex prefrontal, relacionado con el pensamiento lógico, el razonamiento y el control de impulsos. Además, el hemisferio izquierdo, que según el modelo de dirección motivacional provoca el acercamiento, se acelera.


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