El cerebro y el universo tienen mucho en común

Mano sosteniendo globo con cerebro en panel digital inteligencia artificial

El cerebro y el universo son dos entidades que distan mucho en su tamaño. Sin embargo, se acercan bastante en cuanto a sus similitudes. De hecho, el uno parece ser una metáfora del otro y a la inversa. Fascina el hecho de que neuronas y galaxias construyan entramados morfológicos tan similares. Casi cuesta creerlo.

Bien es cierto que, en un primer momento, parece casi inverosímil buscar parecidos entre una dimensión y otra. Sin embargo, tanto la neurociencia como la física cuántica llevan años explorando los parámetros que los acercan. Un ejemplo, Vitaly Vanchurin, profesor de física de la Universidad de Minnesota Duluth, publicó en el 2020 un interesante trabajo.

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En él, planteaba lo siguiente: ¿y si el universo fuera en realidad una gran red neuronal? Obviamente, esa premisa no fue más que un modo de provocar a la comunidad científica para explorar un poco más ambas cosmologías: la humana y la cósmica. Tanto es así que, solo un poco después, la Universidad de Bolonia abordó en detalle todos esos puntos en común entre un universo y otro.

Los datos no pueden ser más interesantes. Los analizamos.

El cerebro y el universo: ¿en qué se parecen?

Todo lo que somos, todo lo que vemos, está conformado por micro y macrouniversos. Grandes y pequeños entramados de los que estamos hechos y de los que formamos parte. Fueron muchas las civilizaciones que miraban a diario las estrellas, creando fantásticas cosmogonías de dioses ancestrales e historias que buscaban dar sentido a nuestros orígenes.

A día de hoy, nos encanta llevar la mirada hacia la inmensidad y buscar esos puntos que trazan constelaciones. También, esperar el paso de alguna estrella fugaz para pedir un deseo. Desde nuestra pequeñísima posición e inconmensurable distancia, no somos conscientes de lo denso que es el Universo. Por ejemplo, las propias constelaciones forman filamentos que recuerdan al entramado neuronal de un cerebro.

Esto mismo es lo que han estudiado el astrofísico Franco Vazza de la Universidad de Bolonia y el neurocirujano de la Universidad de Verona Alberto Feletti. En su trabajo publicado en la revista Frontiers in Physicsnos revelan esas singulares semejanzas descubiertas entre el cerebro y el universo. Son las siguientes.

Galaxias y neuronas se organizan en “redes”

En primer lugar, más allá de las diferencias en cuanto a tamaño, hay una semejanza indudable según los expertos. El cerebro y el universo tiene los mismos niveles de complejidad y de autoorganización. Ambos se organizan en redes, en conglomerados de nódulos y conexiones. La red cósmica de galaxias se parece muchísimo a la red de todas esas células nerviosas que forman el cerebro.

Es más, mientras el cerebro alberga cerca de 69 000 millones de neuronas, se estima que en el universo habitan unas 100 000 millones de galaxias. La cifra es “casi” similar. Ambas esferas evidencian además estructuras de interconexión, filamentos que conforman densos y fascinantes entramados.

Agua y materia oscura

El cerebro no es un órgano conformado en exclusiva por neuronas. Solo el 30 % de su masa lo integra ese cuerpo de células nerviosas, pero el resto es agua. Algo muy similar ocurre en el universo. El 70 % de él lo ocupa eso que denominamos como “materia oscura“. Es decir, es un tipo de masa no visible, que no interacciona con el campo electromagnético y que sería clave en la formación de toda estructura cósmica.

El cerebro y el universo son sistemas en los que solo el 30 % de sus “cuerpos” están compuestos por estructuras que son perceptibles. El resto está integrado por materiales aparentemente pasivos, pero que resultan clave para la subsistencia y creación de todo lo que contienen esos micro y macromundos.

Agua y materia oscura

El cerebro no es un órgano conformado en exclusiva por neuronas. Solo el 30 % de su masa lo integra ese cuerpo de células nerviosas, pero el resto es agua. Algo muy similar ocurre en el universo. El 70 % de él lo ocupa eso que denominamos como “materia oscura“. Es decir, es un tipo de masa no visible, que no interacciona con el campo electromagnético y que sería clave en la formación de toda estructura cósmica.

El cerebro y el universo son sistemas en los que solo el 30 % de sus “cuerpos” están compuestos por estructuras que son perceptibles. El resto está integrado por materiales aparentemente pasivos, pero que resultan clave para la subsistencia y creación de todo lo que contienen esos micro y macromundos.

La distribución se realiza a base de nódulos y conjuntos de conexiones alrededor de esos núcleos. Bien, otro aspecto destacable es que el cerebro y el universo son sistemas que crecen y se expanden de la misma manera. El astrofísico Franco Vazza estima que el universo está creciendo de la misma manera que lo hace un cerebro cuando se desarrolla.

Si en este órgano se originan “disparos eléctricos” entre las células cerebrales cada vez que se crea una conexión y avanza en su crecimiento, las galaxias imitan este mismo fenómeno cuando se expanden. De hecho, fue el propio Edwin Hubble quien descubrió que el universo lleva expandiéndose desde hace miles de millones de años.

Ahora, sabemos que lo hace de una forma muy similar al cerebro. Las redes neuronales y cósmicas son tan similares que no es una locura plantearnos lo que sugirió irónicamente el profesor Vitaly Vanchurin: ¿y si el universo fuera en realidad una red neuronal? Obviamente, no es así, pero la idea es tentadora.


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