Así actúa el «cerebro enamorado»

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Al amor se le han dedicado miles de reflexiones literarias y artísticas, y es que sin él nuestra vida no tendría sentido. Lo que ocurre es que siempre lo hemos asociado al corazón cuando el órgano donde en realidad reside es en el cerebro. Así lo explica José Ramón Alonso, neurobiólogo, en su nuevo libro ‘ El cerebro enamorado‘ (Espasa), pues asegura que conociendo los mecanismos neuronales del mismo conseguiremos entender cómo funciona y podremos mejorar en nuestro día a día para paliar frustraciones y fracasos.

¿Qué es el amor?

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Es un sentimiento, una pasión, una mezcla de pensamientos y emociones. Es también un proceso cerebral, es parte de nuestra identidad, de los mejores momentos de nuestra vida.

El amor es la piedra angular de la familia, la amistad y la vida personal y social. Somos lo que somos porque amamos.

¿Por qué nos enamoramos?

Porque es una característica distintiva de los seres humanos. Estamos hechos para amar. Queremos compartir nuestra vida con una persona, queremos sentir que nos hacemos uno, queremos tener alguien que nos conozca como nadie y nos acompañe en los buenos y malos momentos. Para la inmensa mayoría de las personas, las épocas más felices de su vida son cuando están enamorados y son correspondidos.

Si el amor reside en el cerebro, ¿por qué lo asociamos con el corazón?

Es una idea muy antigua que viene de Aristóteles. El sabio griego pensaba que los sentimientos residían en el corazón y que el cerebro era una especie de radiador que servía para enfriar la sangre. Es una idea que sigue en nuestro lenguaje cotidiano, decimos que algo nos rompe el corazón, o que hemos tenido una corazonada o que ha sido un encuentro muy cordial. Incluso cuando decimos que recordamos algo, viene de la idea de que volvíamos a pasar esas memorias por el corazón. Pero no, el órgano clave en el amor es el cerebro.

¿Por qué nos comportamos de forma diferente cuando estamos enamorados?

Porque nuestro cerebro, hormonas y cuerpo cambian. Vamos a entrar en un territorio desconocido y necesitamos herramientas diferentes. Vamos a ser más valientes, más generosos e incluso más atractivos. Nos brillan los ojos y la piel se vuelve más suave. Estamos dispuestos a correr riesgos, a afrontar las dificultades y el ridículo. Luchamos, sonreímos y sufrimos. Vamos a poner toda la carne en el asador.

«El amor hace que no veamos los defectos de la persona que nos gusta ni los peligros que puede entrañar la relación», José Ramón Alonso

¿Es el amor ciego?

La parte del cerebro que está detrás de nuestra frente se llama corteza frontal. Es el centro de las funciones ejecutivas, el juicio crítico, la planificación y la lógica. En el amor, esa zona se inactiva y en cierta manera todos estos procesos se echan por la borda. La disminución de la actividad de esa área del cerebro se traduce en una suspensión del juicio, en una relajación de los criterios racionales con los que juzgamos a otras personas. El amor hace que no veamos los defectos de la persona que nos gusta ni los peligros que puede entrañar la relación. Quizá, de no ser así, no podría funcionar.

¿Existe el amor a primera vista?

Mucha gente recuerda haber experimentado un flechazo, pero los científicos son un poco más escépticos. Los enamorados son proclives a rememorar el inicio de su relación con un color exageradamente positivo; esta circunstancia se debe a nuestro sistema de protección y compromiso, que nos impulsa a seguir adelante en algo tan ambiguo y complejo como una relación de pareja. Parece que lo que se siente en esa fase inicial no es amor a primera vista sino deseo a primera vista, que en gran medida es subconsciente. El amor es un proceso posterior, más elaborado, más rico, más cerebral.

¿Es el amor una amistad con deseo sexual?

La amistad comparte muchas características con el amor: confianza, resonancia emocional, compañía, cierta intimidad, preocupación por el estado del otro, afinidad. Pero el amor suma dos elementos poderosos: consumación y perpetuación. La consumación en el amor es diferente a la del sexo. En el sexo suele ser el orgasmo; en el amor, una forma de posesión, de pertenencia, de unión. En cuanto a la perpetuación, en la amistad no existe porque no nos ponemos un objetivo, dura lo que dura, a veces, toda la vida. En el amor, en cambio, sí queremos esa perpetuidad. Cuando de verdad estamos enamorados, deseamos que la relación nunca termine. Así, gastando una pequeña broma, podríamos decir que el amor es eterno, mientras dura.

¿Qué diferencia hay entre el amor romántico y el maternal?

El amor maternal y el romántico comparten un propósito evolutivo común y crucial, el de mantener y promover la especie. Necesitamos pareja para tener hijos, pero también para criarlos con éxito. El amor romántico y el amor maternal requieren que los individuos permanezcan juntos durante un período relativamente prolongado de sus vidas. Tanto el uno como el otro están ‘calculados’ por la naturaleza para establecer lazos firmes entre los individuos, haciendo de la vida en común una experiencia gratificante. Por otro lado, se activan zonas cerebrales diferentes, hay procesos distintos. El amor maternal es casi indestructible; el amor romántico puede ser más intenso, pero tras una época de pasión pasa a una nueva etapa de estabilidad y tranquilidad.

«Los maestros del amor tienen el hábito mental de explorar constantemente el ambiente de la pareja en busca de aspectos que puedan valorar y agradecer», José Ramón Alonso

¿Cómo podemos reforzar el amor saludable y desactivar el patológico?

Hay que trabajarlo. Generar un ambiente de tranquilidad y de conexión del uno con el otro, tener un comportamiento cálido y afectuoso, incluso en las discusiones. Hay que trabajar el respeto, la intimidad, sentirse bien física y emocionalmente, disfrutar del contacto físico, hablar…

Los maestros del amor, así les llamo en el libro, tienen el hábito mental de explorar constantemente el ambiente de la pareja en busca de aspectos que puedan valorar y agradecer, haciendo que el otro se sienta escuchado y atendido; construyen así una cultura de respeto y aprecio. Los desastres, por el contrario, solo están pendientes de los posibles errores que pueda cometer su pareja; con ojo escrutador saltan a la primera de cambio si el otro hace algo mal para denunciarlo y criticarlo.

¿Podemos hacer que el amor dure para siempre?

Podemos y debemos intentarlo. Hay muchas parejas que lo consiguen y tienen algunas características en común: comparten las cosas del día a día, mantienen sus intereses pero apoyan también los del otro, hablan con frecuencia y en profundidad, disfrutan del contacto físico y la intimidad, hacen cosas nuevas juntos, han encontrado pequeños trucos para aliviar la tensión en momentos menos buenos y recuerdan lo que sintieron cuando se enamoraron de esa persona.

En el libro expone que la evidencia demuestra que las parejas de casados que se conocieron en internet están más satisfechas que las que lo hicieron a la antigua usanza. ¿A qué se debe esto?

Es interesante. Quizá tiene que ver con lo que veíamos antes. Cuando conocemos ‘en vivo’ a alguien que nos atrae, el sistema de juicio crítico se desactiva y nuestro cerebro nos lanza a la piscina sin saber si hay agua. En internet, donde no hay aromas, ni tacto, ni música, donde estamos en nuestro terreno, al menos al principio, juzgamos más fríamente, exploramos la compatibilidad y buscamos aquellas cosas que son importantes para nosotros. Es posible también que estemos comparando edades diferentes. La gente que busca pareja en internet suele ser más madura, tener un bagaje previo que le ha hecho aprender de sus errores y de los de las otras personas, ser más cuerdos… pero si surge el amor, es la misma magia de siempre.


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