¿Recesión en puerta?

Hoja con gráficos, monedas y lupa

El pasado miércoles, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos de América, Jerome Powell, comentó que la batalla que el Banco Central está actualmente sosteniendo para controlar la inflación podría detonar el que las tasas de interés suban de tal forma que pudieran causar una recesión; esta declaración es la más explícita que el Banco Central (también conocida como la Fed) ha dado en las últimas semanas y muchos analistas coinciden en que ésta pudiera ocurrir en los próximos meses de este año o en el próximo. Por otra parte, el pasado viernes, el Fondo Monetario Internacional anunció que considera que la economía de Estados Unidos va a desacelerarse. ¿Cuál sería el impacto para nuestra comunidad si esto sucediera?

El Banco Central de Estados Unidos tiene una doble función: controlar la inflación (evitar el incremento en precios de productos y servicios) pero, además, ocuparse de que las tasas de empleos se mantengan altas, es decir, que los inversionistas mantengan un ritmo tal que permita que las empresas generen empleos. Si la gente tiene empleo, la economía se mueve y, como sabemos, ese dinero va a ser gastado en autos, casas, restaurantes, supermercados, otros productos, viajar e inclusive enviar dinero a otros países, como sucede con las remesas enviadas a nuestro país.

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Varios factores han influido para que en los últimos dos años la inflación en los Estados Unidos haya subido por encima de muchas estimaciones llegando en 2022 a la cifra más alta en las últimas cuatro décadas (8.5% tan sólo en este año). Los agresivos estímulos que el gobierno norteamericano proporcionó a su población en 2020 como un esfuerzo para reactivar la economía fomentaron el que muchas personas tuvieran un ahorro adicional que no se gastó inmediatamente debido a los cierres subsecuentes que hubo en el año, pero una vez que la emergencia sanitaria bajó de nivel, la demanda para todo tipo de productos aumentó provocando una escalada en los precios; luego, se conjugaron cierres sanitarios en otros países del mundo y con ello la escasez en algunos tipos de productos hizo su aparición generando una nueva ola de incrementos.

La volatilidad de precios sigue sin freno y recientemente el alto precio que los combustibles han tenido mundialmente debido a las sanciones impuestas a Rusia por muchos países derivado del conflicto que este país tiene con Ucrania, así como el impacto mundial que este país con su agricultura han generado una nueva una ola inflacionaria que pareciera no tener fin, afectando a los Estados Unidos, pero por añadidura a nuestro país.

La Fed en los Estados Unidos está haciendo intentos desesperados para controlar la inflación, pero el remedio no es fácil; al subir las tasas de interés, los bancos suben a su vez sus tasas y con ello, la gente comprará menos y los productos teóricamente bajarán de precio. Sin embargo, el causar un freno a la economía en un intento por controlar la inflación podría tener consecuencias catastróficas como la estanflación, la cual es una combinación de inflación, pero a la vez de recesión en donde muchas personas se quedarían en el desempleo debido a que existiría menor consumo de productos y servicios. Las recomendaciones ante una recesión en Estados Unidos son el pagar deudas, no hacer gastos innecesarios y ahorrar.

En México, las afectaciones mayores serían a las remesas, las exportaciones, los empleos relacionados con el sector (que es del cual dependemos en Index) y el tipo de cambio del peso frente al dólar. Pero, creámoslo o no y a pesar de la estrecha relación de la economía mexicana con la estadounidense, para México se abre una vez más la oportunidad de reconfigurar la estrategia orientada a la atracción -y retención- de inversiones y proyectos manufactureros basados en la transformación para la exportación, ya que las ventas al exterior siguen siendo uno de los principales motores de desarrollo para el país. La industria manufacturera, incluida la que opera con programas como el Immex, fue la que tuvo la mayor contribución al crecimiento de nuestro país durante el año pasado, impulsado por el dinamismo de la economía estadounidense (pese a la volatilidad existente), pero en el hipotético caso de una recesión, tendencias como las que estamos viendo hoy en día derivadas de problemas de abastecimiento de países asiáticos; retrasos en suministros desde Asia y Europa debido al conflicto bélico; problemas de logística en transportes marítimos y aéreos, así como la falta de semiconductores, deberán fortalecer estrategias, pero ahora con mayor inteligencia para seguir gestionando “nearshoring”, “reshoring” y “ally shoring” con muchas empresas internacionales.

Estamos en un momento en que México, y sobre todo nuestro estado, podría capitalizar muy bien y que no debe desperdiciarse. Mientras tanto estaremos a la expectativa para ver qué más ajustes a corto plazo estará haciendo el Banco Central y el Gobierno de México para estar listos ante una posible recesión. Espero que el gobierno federal lea con inteligencia las oportunidades que una recesión en el vecino país podría tener para la economía de nuestro país en el futuro. Se puede construir una gran historia de éxito.

Maestro en Administración. Presidente de Index Chihuahua


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