¿Cuánto cuesta equiparse para salir a correr?

Siempre hace falta una inversión inicial. El camino hacia un cuerpo más sano y (con suerte) esbelto empieza con un costo mínimo, que luego podrá crecer conforme se mejore en la práctica y se tengan otras necesidades. No importa cuál sea el deporte, siempre habrá calzado, indumentaria, consulta médica, gimnasio, nutricionista, inscripción a carreras y demás cosas que el marketing deportivo indica que son necesarias. ¿Pero cuáles de esos elementos tan lindos y bien diseñados son fundamentales, y cuáles son accesorios? ¿Cuánto cuesta, finalmente, ser un runner?

Deporte de masas desde hace al menos una década, el running se convirtió en el objeto del deseo de miles de atletas urbanos que salen a correr por la ciudad y que, con algo de perseverancia, se anotarán en alguna de sus maratones. Y aunque todos los consultados coinciden en que salir a correr es un deporte barato (un par de zapatillas y la calle alcanzarían, en teoría), también es cierto que para hacerlo bien, no sufrir lesiones y que la rutina sirva, son necesarios algunos complementos, que dependerán del grado de compromiso que se asuma con la práctica.

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El calzado

«Yo siempre puse el foco en lo que me servía a mí, nunca me enganché en cuestiones marketineras ni de moda», afirma Andrea Doman, quien, con intermitencias, corre desde hace diez años. Según ella hay diferentes lecturas que se pueden hacer del running, algunas de ellas muy ligadas a la moda y al qué dirán: «La inversión en zapatillas es fundamental, y en todo lo demás influye lo que le importa a uno la mirada del otro, porque en realidad uno puede decir ‘si te gusta el deporte, invertís’, pero a muchos les pasa de que no les gusta porque no tienen la ropa correcta», explica. «Cuando uno empieza con la actividad física que sea, la sensación es de incomodidad, porque en general uno arranca con sedentarismo, un peso inadecuado, sin tonificar. En el running lo que manda es la zapatilla adecuada, y quien no la tenga se va a lesionar», cierra.

La zapatilla, entonces, es lo imprescindible, y el resto se puede negociar. ¿Pero cuánto cuestan y cómo se explican las diferencias de precio? Reebok tiene zapatillas que arrancan en los $ 1299 y llegan a los $ 2000 (las ZPUMP, un upgrade de las viejas zapatillas de básquet con cámara de aire Pump), mientras que Adidas se mueve en un rango de precios que va desde los $ 999 hasta los $ 2800. Nike, por su parte, tiene modelos que van desde los $ 860 hasta los $ 2850. ¿En qué varían unos con otros? «Las diferencias radican en el ajuste interno al pie, la capellada liviana y la amortiguación en el talón, sumado también a las suelas, que se desarrollan para conseguir una estabilidad de la pisada a diferentes velocidades y según el terreno», explica Carolina Goodacre, Brand Communication Manager de Reebok.

«Si no sigue a las tendencias, la ropa se puede seguir usando sin problemas», propone Doman, quien a pesar de tener una mentalidad minimalista con los gastos reconoce que la ropa «de marca» se justifica, porque es de una calidad que la fabricada en el país no tiene. Su secreto para que todo dure más es alternar el calzado y, por supuesto, renovar: «yo me compro entre uno y dos pares de zapatillas al año, y ya sé que en cada uno voy a gastar un mínimo de 2 mil pesos», admite. «La moda influye siempre a la hora de comprar indumentaria para todas las disciplinas del fitness, y el calzado es el elemento clave a la hora de mostrarse con otros pares», explica Goodacre, quien agrega un dato: ya es tendencia que los productos de running se incorporen dentro de los conjuntos de moda urbana, combinados con ropa informal.

Remeras y pantalones

¿Y qué hay de las remeras, calzas, bermudas y pantalones? ¿Son el Dri-Fit, el Clima Lite y el Speedwick algo necesario, o son necesidades creadas por el marketing? «Una cosa es lo imprescindible, y otra es lo que te hace sentir más cómodo y rendir mejor», define Doman. «Las telas tipo Dri-Fit o las medias con retorno venoso funcionan y hacen que uno pueda ponerse nuevos objetivos», explica. Desde Nike explican que las telas especiales, que no son el clásico algodón, importan en cuanto no retienen la transpiración, y actúan como una segunda piel que permite una mayor libertad de movimientos. Las remeras/musculosas están entre los $ 600 y $ 1300, mientras que las bermudas/calzas/shorts (tanto de hombre como de mujer) oscilan entre los $ 600 y los $ 1100.

Alimentación e hidratación

«Eres lo que comes» suena como una especie de mantra entre los deportistas, y los runners no son la excepción. «En la comparación, termina saliendo igual o más barato comer saludable, porque las gaseosas, las facturas, la pizza, el helado y las comidas rápidas están caras en comparación con el agua, los turrones de maní y los elementos para cocinar», explica Carina Peretti, nutricionista especializada en deportes, quien desmiente así eso de que comer sano es más caro, cuando no más complicado. Doman, por su parte, plantea la diferencia entre comer siempre en casa o tener que comer afuera, ya sea por trabajo o por gusto: «dejar las grasas malas implica consumir grasas buenas, como las del salmón, que es caro; pero en casa todo es más fácil», explica.

«Tener una buena hidratación es uno de los pilares del running, y las bebidas deportivas o isotónicas son caras, pero pueden ser hechas en casa», explica Peretti, y facilita la receta: un litro de agua (hidratación), 4 limones (potasio), 4 cucharadas soperas de azúcar (glucosa) y una cucharadita tipo café de sal (sodio) son el reemplazo perfecto para una botella de litro, que cuesta alrededor de $ 30. El turrón de maní, tan de moda en estos tiempos (y tan aumentado de precio también, alrededor de $ 4,50) sirve mucho para la reposición del glucógeno muscular, porque tiene hidratos de carbono de fácil absorción.

Gimnasio, entrenador, médico

El runner (o aquel que quiera serlo) también tiene otras inversiones que realizar: un entrenador, un gimnasio y una consulta médica resultan, según los consultados, entre importantes y fundamentales; mientras que las carreras, el reloj con GPS, y los accesorios (porta botellas y porta celular) quedan en el plano de los complementos de los que se puede prescindir.

El gimnasio: El fortalecimiento de las piernas y la zona lumbar y abdominal son fundamentales, y salvo que se monte un gimnasio en casa con tres o cuatro cosas necesarias, no es necesario invertir en los más grandes ni en las cadenas: el de barrio es suficiente. También se pueden sumar clases de spinning para mejorar la capacidad aeróbica. El gimnasio sirve, además, como resguardo para cuando por cuestiones climáticas no se puede entrenar en la calle. Depende del equipamiento y la zona, pero el mínimo mensual ronda los $ 300. En las cadenas tipo SportClub o Megatlon es bueno considerar los planes corporativos, que reducen el gasto en forma notable.

El entrenador: Implica la decisión del corredor de hacer las cosas bien, y también de que alguien se tome el trabajo en serio de observar y conocerlo, de armarle un plan a su medida y de ayudarlo a mejorar su técnica. Desde $ 120 por clase.

Carreras: Desde (por el momento) $ 250. Incluyen el kit (remera, chip y algún producto o voucher relacionado con el sponsor) y el acceso a la hidratación durante la carrera, al guardarropas y al monitoreo, además del seguro y las ambulancias propias de toda carrera.

Reloj: Ayudan a mejorar. Mide los datos del rendimiento, y los que tienen GPS, permiten al corredor desprenderse de las marcas del piso, de los circuitos prefijados. Si se sale a correr sólo por gusto, es innecesario; pero si se piensa en hacerlo un poco más en serio y de progresar en tiempos o en distancias, es un buen aliado. El Garmin arranca desde los $ 2700, y el flamante Swatch (que combina moda y funcionalidad) se consigue en el país a unos 2000 pesos. El smartwatch Motorola Moto 360 (que es más que un simple reloj, pero que sí incluye podómetro y monitor de frecuencia integrados) cuesta alrededor de $ 6000. Hay varias alternativas de precios intermedios, como las pulseras deportivas tipo Fitbit.

Apto médico: El chequeo médico determina si el corredor se encuentra apto para realizar actividad física. Si bien está contemplado en el PMO (Plan Médico Obligatorio) de cualquier prepaga y obra social (y es también realizable en los hospitales públicos), es un «gasto invisible» que se desprende del sueldo, la cuota o los impuestos, pero que está.

Fuente: La Nación


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