Las panaderías, afectadas por la guerra en Ucrania y por la política de la UE

La empresaria Ana Muñoz denuncia «la terrible incomprensión que sufrimos los pequeños obradores de pan»

La suspensión del suministro del trigo procedente de Ucrania como consecuencia de la invasión rusa tiene una repercusión directa en un producto de consumo de primera necesidad como es el pan. Las panaderías ya atisban el fantasma de la falta de harina, pero saben que este problema, que se intuía desde hace tiempo, podía haber tenido solución de haber actuado la Unión Europea con medidas que no hicieran a España en particular tan dependiente del trigo ucraniano.

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Ana Muñoz Vizuete en la gerente de la Panadería Tradición Cordobesa y pertenece a una familia vinculada al sector desde antiguo y denuncia “la terrible incomprensión que sufrimos los pequeños obradores de pan” a los que la crisis generada por la pandemia del coronavirus se les suma ahora la originada por la guerra en Ucrania.

Señala que desde el inicio de la guerra en Ucrania se ha duplicado el precio de la harina “y va en camino de seguir ascendiendo”, pero de esta situación “en absoluto echo la culpa a los países en conflicto, sino más bien a nuestros gobernantes y a su desidia”.

Muñoz explica que como consecuencia de la cosecha de 2006, que tuvo una producción muy corta y unos precios disparados, la Unión Europea suspendió durante un año el barbecho obligatorio en cereal, para así incrementar la producción. Fue cuando “la Unión Europea se planteó el futuro de régimen de retirada de tierras y así incentivar el cultivo de cereales”, pero no llegaron a derogar de forma definitiva el barbecho obligatorio.

La actual guerra en Ucrania tiene su precedente inmediato en la crisis de Donbass de 2014. En aquel momento se vio que Rusia podía ir más allá y que Ucrania, la gran productora de cereal, sería su próxima presa. “¿Cómo, sabiendo nuestros gobernantes desde 2014 la posibilidad de una guerra en Ucrania y siendo este país el octavo del mundo en exportación de trigo, y más aún comprando España el 68 por ciento de trigo, no se adelantaron y volvieron a hacer los mismo que en 2007?”, se pregunta Ana Muñoz.

Esta empresaria cordobesa no entiende que el comisario de Agricultura de la UE diga que va a considerar la adopción de medidas destinadas a asegurar y liberar la capacidad de la producción europea en 2022, cuando, en su opinión, se puede usar todo el terreno que queda en barbecho para este tipo de cultivos.

Ya hay voces que se han alzado en contra de esta postura y reclamando medidas más efectivas. Es el caso del presidente de Asaja en Castilla y León, Donaciano Dujo, quien ha exigido un cambio urgente de la normativa europea que limita la siembra, lo cual serviría para compensar la perdida de producción con 500.000 hectáreas más de cereal.

Este conflicto geopolítico tiene su repercusión en lo más cercano, como es el caso de la panadería de Ana Muñoz, quien apunta que “inmersos en toda esta debacle nos encontramos los pequeños obradores de pan, luchando por subir lo mínimo los precios a nuestros clientes, pero también pensando que de no subir lo necesario nos veríamos obligados a cerrar”.

El riesgo en 15.000 panaderías

“Somos aproximadamente unos 15.000 obradores de pan en España con muchísimas familias detrás de cada uno de ellos, ¿acaso no nos merecemos la consideración y el cuidado de nuestros políticos?, se pregunta la gerente de Panadería Tradición Cordobesa. “Me revelo, me revelo una y mil veces contra esta desidia e ineptitud de estos gobernantes que solo piensan en sus votos y como ponerse zancadillas entre ellos”, añade.

Muñoz sólo pide a las autoridades competentes en la materia “un poco de ayuda a nuestro sector, un sector que elabora un producto de primera necesidad como es el pan y que siempre se ha mantenido callado y sumiso”.

Estas lucha no la mantiene en solitario esta empresaria cordobesa, ya que hay otras voces como la de su colega Javier Cuenca, “que ha hecho visible, a través de diversos medios, nuestra lucha por la supervivencia, por lo que le estoy infinitamente agradecida”, o la actitud de Rafael Santos, comercial de Harinera Vilafranquina, “el cual nos regala calma y sosiego en estos momentos tan duros”.

Por último, Ana Muñoz explica que comprende “que la mayoría de los españoles no son conocedores de las artimañas políticas ni del problema del cultivo de oro que es nuestro trigo español; por eso, he querido hacer publico nuestro grito por si alguien lo escuchara y así al menos recibir empatía, comprensión o lástima”.


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