La Audiencia exonera a Fridman de manipular el mercado para hacerse con Dia a precio de saldo

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El juez archiva la denuncia de unos accionistas que acusaban al magnate de hundir la cotización y de usar información privilegiada

El juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama, no aprecia indicios de que el fondo Letterone y su propietario, el magnate ruso Mijaíl Fridman, actuasen de forma ilegal para hundir la cotización de las acciones de la cadena de supermercados Dia y hacerse así con la empresa a precio de saldo. Por ello, el juez archiva la denuncia presentada a inicios de 2019 por un grupo de accionistas que entendían que el millonario ruso y su fondo, que acabó adquiriendo Dia mediante una opa, manipularon el mercado para rebajar las acciones y ahorrarse una suma millonaria en la adquisición.

Según han explicado fuentes judiciales a EL PAÍS, el juez desestima una denuncia en la que un número de accionistas de la cadena de supermercados acusaban a Fridman y Letterone de mantener “una elevada tensión financiera con el objeto de lograr la baja cotización de las acciones, hasta lograr la compra de la compañía”, actuaciones que podrían constituir los delitos de manipulación para alterar el precio de las cosas o de uso de información privilegiada. Los accionistas presentaron la denuncia en febrero de 2019, pocos días después de que Letterone, ya propietario del 29% de las acciones de Dia, presentase una opa por el resto a 0,67 euros por acción.

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El juez, tras las diligencias efectuadas, entiende que “no puede concluirse que por parte de Mijaíl Fridman, de la entidad Letterone o de terceros a ellos vinculados hayan realizado actuaciones dirigidas a provocar una caída en el valor de cotización de las acciones de Dia que les permitiera una adquisición más ventajosa de la sociedad, ni tampoco que de alguna manera pudieran haber tenido acceso a información relevante sobre dicha sociedad cotizada que no fuera conocida por el resto de inversores y les hubiera permitido conocer con la suficiente anticipación la situación real de la compañía”.

El fallo del juez se basa en informes y declaraciones de técnicos de la CNMV que señalaron, básicamente, que las caídas de las acciones de Dia —del 92% desde mediados de 2017 y hasta febrero de 2019, cuando Letterone presentó la opa—, respondían a la mala marcha de la empresa que cualquier inversor podía conocer, no a maquinaciones del fondo Letterone para rebajar el precio de las acciones. En su testimonio ante el juez, los técnicos afirmaron que la denuncia se había presentado también ante el supervisor y que no aportaba “evidencias” que soportasen las acusaciones ni describía “conductas concretas que pudieran constituir abuso de mercado”.

Por ejemplo, el juez destaca respecto a la opa, presentada a 0,67 euros por acción, que los técnicos de la CNMV afirmaron que fue “objeto de un análisis en profundidad” y se consideró que el precio ofrecido era equitativo después de que Deloitte emitiese un informe en que valoraba la compañía en cero. De hecho, cuando Letterone ejecuta la opa, por la que desembolsa casi 170 millones de euros, la acción ya está en 0,40 euros y la cotización sigue cayendo hasta mínimos incluso de 0,060 euros. El auto señala que a noviembre de 2020, la acción estaba en 0,15 euros. Por tanto, estima el juez, “Letterone todavía estaría muy lejos de recuperar su inversión inicial de mayo de 2017 (cuando entra en Dia a 3,38 euros por acción, desembolsando 754,7 millones) y la cantidad que posteriormente pagó al ejecutarse la opa de febrero de 2019 a 0,67 euros”. El juez entiende que esta pérdida de inversión es “un dato a tener en cuenta a la hora de valorar la posible relevancia penal de los hechos”.

Otro de los aspectos analizados por el magistrado es la elevada presencia de inversores bajistas en el accionariado de Dia, que los denunciantes señalaban como indicio de esa maquinación, sugiriendo que Letterone alentó su presencia para forzar la caída de la cotización. Los inversores bajistas sacan beneficio apostando a la caída del precio de las acciones. Los técnicos afirmaron que el hecho de que la cadena de supermercados tuviese desde 2016 una gran presencia de inversores bajistas —hasta el 24%— no fue alentada por Fridman, sino que se debía precisamente a la mala situación de la empresa, peor que la de otros competidores y conocida por cualquiera que tuviese interés. Es decir, el hecho de que hubiera bajistas es síntoma de que la empresa va mal, no al revés.

Por ejemplo, uno de los informes sostiene que en 2017 la cadena sufrió un ligero descenso de ventas del 0,6%, pero hubo un “deterioro relevante” en otros parámetros, como el resultado operativo (-16,1%) o el beneficio neto (-37%). La situación empeoró notablemente en 2018, cuando incluso la empresa tuvo que corregir sus cuentas de 2017. De hecho, la cadena estuvo a punto de irse definitivamente a pique, con pérdidas de 790 millones en 2019 y una situación de quiebra técnica. “Vistos tales datos económicos, resultaba lógica una caída del valor de las acciones, circunstancia que avalaba un incremento de las posiciones en corto”, dijeron los técnicos. Además, la CNMV no encontró indicios de incumplimientos del reglamento sobre ventas en corto.

Otras caídas del precio de la acción se explican por la marcha de la empresa y los hechos relevantes en los que iba comunicando sus malas perspectivas, como la caída del 42% en octubre de 2018, cuando afloró la situación real de Dia al comunicar la empresa cambios en la cúpula y anticipar malos resultados. La CNMV descarta el uso de información privilegiada que aprovechase ese espectacular desplome bursátil ni la brutal subida del 63% del 5 de febrero de 2019, el día en que Letterone ofreció 0,67 euros por acción en su opa.

Los técnicos contradijeron en su testimonio ante el juez un informe de la Unidad de Delitos Financieros de Policía Nacional (UDEF), que no encontraba explicación a la presencia de bajistas por los datos financieros de Dia, se sugería que habían llegado alentados por Fridman y se destacaba que en la junta de accionistas de 2018 se rechazó, con el voto de Letterone, un plan de refinanciación que abocó a los accionistas a elegir entre la opa de Fridman y la desaparición de la empresa.


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