Farmacias rurales lanzan un SOS: ¡Vamos a desaparecer!

Fachada de farmacia
  • Su labor principal es dispensar medicamentos, pero sus servicios van más allá de la venta de fármacos

«¡Estás en Babia!». Esta es una frase típica de una madre, de un padre o de un amigo a una persona que «está distraída y como ajena a aquello de que se trata», señala el Diccionario de la RAE. Un origen que tiene sus coordenadas en 42°56’55.6«N 6°04’29.0»W o lo que es lo mismo la región de Babia, al norte de Castilla y León. La leyenda cuenta que los reyes del Reino de León iban allí a despejarse, de ahí este dicho que se mantiene en el tiempo, pero que, paradójicamente, cada vez lo frecuentan menos personas.

Esta comarca leonesa, Reserva de la Biosfera, fue moldeada por los glaciares que ahora han dejado en un hermoso valle. Un enclave ganadero que en los tiempos que corren acoge a apenas 2.000 personas. Bordeando la frontera asturleonesa, la CL-626, carretera autonómica, divide en dos Cabrillanes, el mayor pueblo de la comarca. La estampa es la habitual de la Península Ibérica, una carretera con casas a ambos lados del asfalto.

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Viviendas que ya tienen las persianas bajadas y algunas destrozadas por el paso del tiempo. El último censo del Instituto Nacional de Estadística (INE) cuantifica los habitantes de este enclave en 731. «Los meses de noviembre a enero pueden ser 400», ajusta Jaime Espolita, presidente de la Sociedad Española de Farmacia Rural (Sefar).

A la entrada del pueblo, según se viene de León, la farmacia y el ayuntamiento reciben a los visitantes. A unos metros, el campanario de la iglesia. «Dame un segundo», se excusa mientras responde una consulta de una vecina. «Tienen que llegar ahora», responde a su clienta. Espolita, además, de ser el presidente de Sefar es el dueño de esta farmacia a la entrada de Cabrillanes. «En este pueblo y en los más pequeños, lo único que queda ya es la farmacia y la atención primaria. Aunque esta última ya no es a diario, es dos veces por semana o, incluso, horas», advierte. «Al final somos el único servicio sanitario bueno que queda en estos pueblos», señala.

En España, hay una red de farmacias rurales de cerca de 5.000 establecimientos. «Son aquellas que dan servicio a localidades con menos de 5.000 habitantes y tienen una o dos farmacias», explica Espolita. «Las que están en verdadero peligro son las que están en poblaciones de menos de 1.000 habitantes», advierte. «Unas 2.128», añade.

«Si no hay cambios estructurales las farmacias VEC podrían desaparecer en 10 años»

Jaime Espolita, Presidente de Sefar

En total, en todo el territorio español, hay 22.200 farmacias, de las cuales un 25% están en el medio rural y de esa cuarta parte, cerca de 700 son consideradas VEC o lo que es lo mismo farmacias con viabilidad económica comprometida debido a los recortes en el sector, las bajadas de precios o la despoblación. «Si no hay cambios estructurales desaparecerán en diez años», alerta el farmacéutico de Cabrillanes.

«No solo vendemos medicamentos»

Licenciados en farmacia, su labor va más allá de dispensar medicamentos, aunque en realidad «se nos paga por ello», asegura el presidente de Sefar. Este es uno de los problemas de las farmacias rurales. «El modelo retributivo es uno de los grandes problemas», señala.

Los medicamentos cada vez son más baratos y las farmacias son compensadas por el número de fármacos dispensados. «Salimos perdiendo, no puedes comparar una farmacia de gran ciudad con nosotros, hay menos gente».

Sin embargo, la venta de paracetamoles o tratamientos crónicos no son su única actividad.

«Yo estoy seis meses de guardia y no se me pagan», advierte. «Pero, puedo enumerar más cosas: seguimiento a los pacientes, control de botiquines caseros, atención farmacéutica domiciliaria y muchas más».

Así, la cuenta de resultados a final de mes no es del todo positiva, «prefiero no hacerla», responde Espolita. Las farmacias VEC facturan por debajo de los 200.000 euros anuales, una baja facturación que provoca que cada año la cifra de estos establecimientos vaya cayendo. En 2020, había 822, número que bajó a 799 a cierre de 2021 y este 2022 no llegan a las 700. «No llegan a los diez años como sigamos así», vuelve a repetir Espolita.

Relevo generacional

En estas fechas, las fiestas populares y las verbenas se celebran en los pueblos, la población se multiplica y los servicios son los mismos. Además, la irrupción del teletrabajo ha revertido el éxodo rural de años anteriores. La llamada ‘España vaciada’ se llena poco a poco, «pero nos falta un relevo generacional», asegura Espolita, «y lo entiendo, porque se gana más de adjunto en una farmacia de ciudad».

Aunque, la «voluntad política también es distinta», asegura el presidente de Sefar. Unas palabras y quejas que se han hecho escuchar en los despachos de Castilla-La Mancha. La Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), a través de la Facultad de Farmacia del Campus de Albacete, va a poner en marcha a partir del próximo curso académico el proyecto ‘Botica rural’, un programa de prácticas en farmacias situadas en zonas rurales con el que se pretende acercar a los jóvenes a otros entornos, promover el empleo y combatir la despoblación en esos territorios. «Yo te digo que se van a enamorar de este trabajo, porque la relación que tienes con el paciente no la hay en la ciudad», apunta Espolita.


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