En Alcorcón está la farmacia más grande de España

2.000 metros cuadrados, 35 empleados, un valor millonario

Hilario Martín convirtió su pequeña botica del extrarradio en un referente para el sector. El mercado estima su valor en 18 millones de euros.

En 1974, las metáforas eran habituales en las farmacias españolas.

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-¿Me daría calcetines de viaje?

-Eh… Perdón, señor… Ropa no vendemos.

El joven boticario, de nombre Hilario Martín, aprendió pronto a qué se refería el cliente: «Quería preservativos. Era la forma discreta de pedirlos», cuenta mirando por el retrovisor hacia aquellos primeros días ante el mostrador de la pequeña farmacia que acababa de abrir en uno de los barrios nuevos que ya expandían Alcorcón, un pueblito sin más hasta pocos años antes. Se disparó a la vez el municipio y el negocio del intrépido Hilario, que hoy posa orgulloso para GRAN MADRID ante la espléndida fachada de su farmacia, la más grande de Madrid y «seguramente», apunta él con tibia modestia, «también de España». Más no se atreve, aunque podría, por los 2.000 metros cuadrados y 35 empleados que gestiona. «En Alemania seguro que hay alguna más grande, ¿no?», pregunta con media sonrisa.

Hilario es una institución en el Parque de Lisboa, área residencial de enormes bloques con terrazas y toldos playeros de colores. Barrio tranquilo, mirando hacia Madrid, que siempre fue la zona bien de Alcorcón, antes de que las estribaciones de esta ciudad de 170.000 habitantes creciera hacia Villaviciosa de Odón y aparecieran urbanizaciones de alto standing. Hilario no se ha movido de la esquina de la calle Porto Cristo, donde recibe a puerta gayola a vecinos y clientes que ya son como de la familia. «Hola Marisol, ¿cómo va tu espalda? ¿Y los nietos?», se interesa, mientras con el rabillo del ojo vigila que la última orden dada se cumpla. Dirige con mano firme la coreografía de su ejército de batas blancas para que la espera del comprador se reduzca al mínimo.

Hilario, dentro de su farmacia.
Hilario, dentro de su farmacia.EM

Si en otros barrios de Madrid al ir a la farmacia -como a Correos o el banco- se corre el riesgo de echar la mañana, en el supermercado de la salud de Hilario, todo fluye a una velocidad de vértigo. «Por allí, señora», «amigo, tú al fondo», «¿le han dado la muestra de champú?»… Agota ver su frenético ritmo. «Tengo 72 años y ninguna gana de jubilarme», responde fiero. Ni con la heredera ya formada -su hija, a su lado cada día recibiendo en la puerta- se plantea abandonar tal creación, una mastodóntica farmacia que ha sido un ejemplo para el sector por su dimensión, modelo y alguna novedad, pionero él en la entrega de muestras gratuitas de productos higiénicos.

De la Costa del Sol

Poco a poco, fue expandiéndose por los pisos y locales que rodeaban la modesta tienda inicial, de 73 metros. La farmacia crecía y crecía, para asombro del vecindario. «En los años 80, me fijé en una de San Pedro de Alcántara, junto a Marbella. Su concepto me gustó». Una planta para la óptica, otra para el laboratorio donde realizar sus propias fórmulas, el gran recibidor… En los 80 le ofrecieron 20 millones de pesetas (120.000 euros) por el negocio. Después, la explosión. «En el año 2.000 ya pedía 2.000 [12 millones de euros] por ella». ¿Y hoy? Sigue sin querer vender y prefiere no dar precio, pero fuentes del sector calculan su valor en 18 millones, una cifra que en la Comunidad de Madrid suele responder a la facturación anual multiplicada por dos. Él sube las cejas, medio despistado, cuando el periodista le hace el cálculo de su emporio. «Me da igual, porque no voy a vender», repite como mantra vital.

Hilario, ante su farmacia, en la calle Porto Cristo de Alcorcón.
Hilario, ante su farmacia, en la calle Porto Cristo de Alcorcón.EM

No faltó al pie del cañón en el crudo confinamiento de la primavera de 2020, donde sus ventas apenas bajaron un 15%. Lo más duro ha sido echar de menos a más de una docena de clientes, víctimas del zarpazo del covid. «Adiós, Hilario», se suceden los saludos, implacable guardia de tráfico este farmacéutico de leyenda. «Una vez, en los años de la droga, me pusieron una recortada en la cara. Se llevaron estupefacientes». Hoy ya nadie pide calcetines de viajes. «Hace tiempo que nos compran más preservativos mujeres que hombres».


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