De Jeff Bezos a Sergey Brin: por qué los más ricos del mundo confían sus inversiones personales a mujeres

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  • Aunque las personas más ricas del mundo son hombres, son las mujeres quienes manejan esa economía a nivel personal y ocupan 20% de las family offices de todo el mundo.
  • Durante la última crisis financiera, el valor de los fondos dirigidos por hombres cayó un 19% de media, mientras que los gestionados por mujeres solo lo hicieron un 9,6%.

Casi el 90% de los multimillonarios del mundo son hombres, según Forbes. Sin embargo, cuando se trata de en quién confían estos ricos su dinero, la brecha de género es menor.

La reservada oficina familiar del cofundador de Google, Sergey Brin, Bayshore Global, nombró el pasado mes de enero a Marie Young, exalumna de Goldman Sachs de 35 años, como directora de inversiones.

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Jeff Bezos contrató a su compañera de estudios en Princeton, Melinda Lewison, para dirigir la rama de inversiones de Bezos Expeditions, que tiene en su cartera a empresas como Airbnb o Business Insider.

Las inversiones de Mousse Partners, la oficina familiar de los herederos de la fortuna de 90.000 millones de dólares de Chanel, está gestionada por Suzi Kwon Cohen, que anteriormente dirigió las inversiones de capital privado de GIC, el fondo soberano de Singapur.

El multimillonario Jim Simons, heredero de la cadena hotelera Hyatt, JB y Tony Pritzker, y los Walton también han nombrado a mujeres para gestionar sus miles de millones.

No son casos aislados.

El 20% de las oficinas de gestión de patrimonios familiares (family offices) de todo el mundo tienen una mujer como directora de inversiones o especialista en inversiones con títulos como directora de capital privado o gestora de activos senior, según una encuesta realizada en 2021 por la publicación especializada Family Capital y Guernsey Finance.

En la gestión de activos alternativos, solo el 12,9% de los puestos directivos están ocupados por mujeres, según estimaciones de la empresa de datos de inversión Preqin.

Las razones que explican el número de mujeres directoras de inversión (chief investment officers o CIO, por sus siglas en inglés) en las family offices son varias, al igual que el hecho de trabajar en una family office.

Mira Muhtadie, directora de inversiones de la family office del multimillonario gestor de hedge funds Dan Och, no puede explicar del todo por qué tantas mujeres comparten este puesto.

Tal vez se sientan atraídas por las responsabilidades interpersonales que implica trabajar con una familia y que no se requieren en las «finanzas duras», explica a Business Insider. Och tiene una fortuna estimada en aproximadamente 4.500 millones de euros, según el índice de multimillonarios de Bloomberg.

«Hay un elemento emocional», apunta Muhtadie, que lleva casi una década en Willoughby Capital. «Tratas con miembros de la familia, y el trabajo es algo más que ganar dinero y tiene que ver con la capacidad de conectar a nivel humano».

Preservar el patrimonio

Wendy Craft, que dirige la family office del heredero inmobiliario estadounidense Kent Swig, está de acuerdo en que trabajar con las familias requiere un toque personal.

«Muchos hombres lo hacen muy bien, pero hay una pequeña parte de ellos que no son tan colaboradores y no se llevan tan bien con las familias, mientras que muchas mujeres son capaces de navegar por la dinámica de las oficinas familiares», explica sobre el trabajo en equipo.

Independientemente del sexo, los profesionales de la inversión, especialmente de los hedge funds o de los grandes bancos de inversión, a veces tienen dificultades cuando se les pide que antepongan, por ejemplo, la aversión de una familia a las inversiones en cannabis a los posibles beneficios, según detalla Craft.

Dicho esto, señala que, en general, las mujeres inversoras son más conservadoras, lo que suele convenir a las familias.

«No son tan arriesgadas con las inversiones y eso les viene bien a los family offices, porque se enfocan a una línea de tiempo de 100 años«, reflexiona. «No se concentran en una línea de tiempo de 10 años, por lo que no necesitan esos movimientos de crecimiento agresivo que hacen los fondos».

Mejores resultados

Los family offices también tomaron nota cuando los hedge funds gestionados por mujeres obtuvieron mejores resultados que los dirigidos por hombres durante la crisis financiera, subraya. Un estudio de la empresa Hedge Fund Research estimó que los fondos dirigidos por hombres cayeron un 19% en valor, mientras que los gestionados por mujeres solo cayeron un 9,6%.

«Realmente tuvo un profundo impacto», destaca Craft. «Hablamos de ello en las conferencias de family office durante todo un año».

Para las madres trabajadoras, los family offices suelen ofrecer un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida privada, según Katherine Hill Ritchie, que asesora las inversiones de 8 family offices multimillonarias.

«Trabajé con una family office que tenía 55 personas y 15.000 millones de dólares, y funcionaba como un minibanco de inversión, pero seguía teniendo un tipo de orientación más familiar», recuerda Ritchie, actualmente directora de la family office Nottingham Spirk.

«Hay que trabajar mucho, pero se respetan las vacaciones. Puedes ajustar tu horario de trabajo para llevar a tus hijos al colegio o ese tipo de cosas».

El papel sigue requiriendo estar cara a cara con los directores, pero a diferencia de lo que ocurre en un banco de inversión, no hay presión para quedarse en la oficina hasta las 11 de la noche, explica.

Por otra parte, las mujeres no han avanzado tanto en lo que respecta a los puestos de mayor responsabilidad. Solo el 3,5% de los family offices tienen mujeres como directoras ejecutivas, en comparación con el 7,5% de las empresas de la lista Fortune 500, que recoge las 500 empresas más importantes de Estados Unidos, según la encuesta de Family Capital.

Craft atribuye parte de este hecho a los prejuicios involuntarios de los reclutadores, así como al sexo de la mayoría de los directores de las family offices. «En algunos casos, los cabeza de familia tienen 70 u 80 años», señala Craft. «Surgieron y trabajaron en una época en la que una mujer no podía conseguir una tarjeta de crédito o una hipoteca».


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