Los esfuerzos de Chilenter para avanzar en el reciclaje electrónico

Con 20 años de trayectoria, la fundación chilena Chilenter se ha encargado de reciclar, refaccionar y transformar los residuos electrónicos en nuevos dispositivos para la ayuda de establecimientos educacionales y otras comunidades que no tienen fácil acceso a la tecnología. Su nuevo desafío, que viene de la mano con la nueva directiva a cargo de Irina Karamanos, se basa principalmente en ser cada vez más sustentables y seguir acortando la brecha digital.

Arturo Barría, Jefe de Tecnología y Sistemas en Chilenter, recuerda con mucho detalle cómo funcionaba la fundación hace 20 años atrás. Una iniciativa que nació desde los pocos recursos que se tenían en establecimientos educacionales, y que iba en ayuda directa de quienes no tenían acceso a la tecnología que, en ese entonces, era nueva y necesaria.

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“Había una problemática que permanece hasta la actualidad, que es la brecha digital que tienen ciertas comunidades”, comenta Barría. Un problema que se podía ver en ese entonces en ciertos espacios pero que, asegura, luego de la pandemia se acrecentó aún más a nivel general. “Los ministerios o el poder ejecutivo no tenían alcance para cubrir los laboratorios de computación de los colegios y los recursos que se le asignaban a los establecimientos educacionales no permitían que todos tuviesen acceso a este tipo de tecnología”, puntualiza.

Dentro de ese escenario, Chilenter comenzó a crear una comunidad de instituciones públicas y privadas que quisieran entregar sus computadores viejos, viendo que había un nicho factible con la reutilización de estos equipos. Actualmente el proceso es muy diferente, mucho más extensivo que solo el de reacondicionar los primeros computadores para entregarlos en establecimientos educacionales, sin embargo el objetivo es el mismo: acortar la brecha digital. Algo que hoy, junto al nuevo Gobierno, pretenden mejorar.

Chilenter está justo en un momento importante para la entidad, porque si bien sus objetivos y forma de trabajar no responden particularmente a una autoridad u otra, hay ciertos lineamientos generales que tienen que ver con las necesidades actuales del país y cómo las quiera tratar las nuevas direcciones ejecutivas. Hoy, sin saber exactamente quién será el que encabezará esta directiva, ya se entiende que desde la presidencia de Irina Karamanos, la nueva Primera Dama, el foco seguirá siendo la brecha digital y procesos verdes, preocupados por el medioambiente y lo sustentable, tal como lo ha demostrado la nueva administración desde su programa de Gobierno.

Estas líneas generales son justamente un pilar que construye los nuevos desafíos de la fundación, que hoy está buscando mejorar cada vez más sus procesos, cumpliendo con normativas internacionales de sustentabilidad y agregando líneas de educación medioambiental. Pero, ¿cómo funciona Chilenter hoy en día? La base está en el reciclaje electrónico, algo más complejo pero con resultados mucho mejores que una simple reparación de aparatos electrónicos. “Antes nos dedicábamos solo al reacondicionamiento, pero vimos que nos estábamos quedando con material que no tenía destino asequible y que no era posible drenar. Fue por eso que quisimos mejorar”, explica el Jefe de Tecnología.

Dignificar y ayudar a través del proceso

Tal como lo adelantaba Arturo Barría, Chilenter no nació necesariamente desde una necesidad medioambiental, sino que de una necesidad social y educacional. “Era un proyecto de oportunidades. Desde ese foco se quiso cubrir la brecha desde el más alto estándar, dándole un peso a la dignificación”, dice el experto. Él explica que lo que querían hacer era renovar el modelo de la donación, uno que es muy utilizado en empresas, pero que no les parecía correcto, porque se perdía la dignificación de la persona. “El equipamiento se entrega en el estado en el que se encuentra. El escenario en esa época era computadores guardados, llenos de polvo, muchos maltratados. Regalar un computador en ese estado no nos parecía correcto”, admite.

Chilenter buscó una experiencia que fuese duradera en el tiempo, lo más digna posible, donde la persona que recibe el dispositivo, en este caso un computador o notebook, pueda estar usándolo al menos cuatro años después de ser refaccionado. Fue así como crearon un método, uno que igualmente se ha transformado con los años a uno cada vez más sustentable, que logra, a partir de residuos electrónicos de todo tipo, entregar aparatos como si fuesen nuevos, a gente que los necesite.

El viaje de un computador refaccionado

Este proceso consta de varias etapas que se han ido mejorando con el tiempo. Al comienzo los equipos son sometidos a revisión en las instalaciones de Chilenter y se separan los que cumplen con un estándar de calidad alto. Se le sacan los stickers, las rayas y desperfectos estéticos para luego prepararlos con todas las condiciones operativas y físicas. “Con estos nuevos métodos que estamos implementando, nosotros reacondicionamos estos aparatos para que se proyecten con una vida útil mucho más larga de lo que se está acostumbrado”, comenta.

Chilenter logró, luego de varios años, una autorización sanitaria que amplifica su trabajo desde el reacondicionamiento al reciclaje directo, un proceso donde no solo trabajan con computadores, notebooks y pantallas, sino que reciben residuos tecnológicos de todo tipo para luego darles un uso diferente. Actualmente reciben, y en mucho más volumen que hace una década atrás, servidores, cables, impresoras, fotocopiadoras, routers, switches, equipos periféricos, celulares, tablets, aparatos de telefonía fija, telefonía IP, entre otros. “No tenemos límites tecnológicos. En este caso no tenemos obsolescencia tecnológica porque todo podemos procesarlo”.

Para graficar, el viaje de un notebook usado, que llega desde instituciones públicas, instituciones privadas como bancos y mineras, e incluso desde aportes voluntarios de gente común, comienza en la revisión primera de laboratorio, y luego llega al proceso donde se separan las partes y las piezas. Aquellas que están en buenas condiciones y además cumplen el estándar para soportar nuevos sistemas operativos, pasan a la siguiente fase de reciclaje.

El material es tratado en una línea de valorización donde los plásticos y los metales son separados y enviados a diferentes proveedores. Por ejemplo las latas y los plásticos son procesados en Chile, pero las tarjetas madre o electrónicas son enviadas a países orientales para un fin sustentable, allá son fundidos y extraídos los metales. “Usamos este modelo para tratar de ser lo más sustentable posible, ya que hoy no existe aquí una manera sustentable de hacerlo y el reglamento aquí en Chile en ese aspecto no está regulado. Mandándolo a otro país podemos asegurarnos de que el proceso será sustentable, amigable con el medio ambiente y no se hará con químicos nocivos”.

Luego, todas esas piezas vuelven como nuevas y se confeccionan los computadores que se entregarán a diferentes instituciones. En este viaje, el notebook refaccionado puede ocupar piezas extraídas de hasta 7 aparatos diferentes. Además, gracias a un acuerdo que tienen con Microsoft que les permite tener licencias con precio preferencial, el dispositivo puede contar con el último sistema operativo.

Así, hoy Chilenter ha podido rehacer y entregar casi 112 mil computadores a 13.200 establecimientos educacionales y 4.100 organizaciones sociales en todo el territorio nacional.

Hacia un futuro más sustentable

Además de hacer parte de su proceso fuera de Chile para que cumpla con las normas medioambientales correctas a través de la innovación tecnológica extranjera, Chilenter está incorporando otros procesos que ayudan a mantener sus acciones “verdes”. “Hay una parte oculta que tiene que ver con el E-waste Monitor, una organización sin fines de lucro que está monitoreando a todos los países del mundo a ver cómo hacen tratamiento sustentable de sus residuos electrónicos”, señala.

Arturo Barría, Jefe de Tecnología y Sistemas en Chilenter, dice que “somos, junto a Brasil, los únicos países de Latinoamérica que hacen declaración de procesos”. Esto ayuda a llevar una cuenta de cómo sus procesos ayudan a reducir el desperdicio electrónico. “Cada vez se están fabricando más artículos electrónicos y consumiendo más. Eso significa más residuos. Durante el 2020 cada chileno produjo cerca de 9,9 kg de residuos electrónicos por persona, por eso es importante llevar una cuenta y ver cómo nos ha ayudado tener una autorización sanitaria al respecto”, afirma.

Es una obligación mensual de declarar quienes trajeron estos residuos y qué se hace con ellos, por lo mismo se puede llevar un claro registro de cómo estos procesos ayudan a la descongestión tecnológica, una que aún afecta a nivel global. En términos generales, el 81% de los residuos electrónicos tienen un destino desconocido y el 19% de estos son enviados a rellenos sanitarios junto con los residuos domésticos o terminan en vertederos. A pesar de los aportes, desde Chilenter comentan que esto se debe a una falta de la cultura del reciclaje.

Chilenter

Educación medioambiental

Uno de los espacios que se pretende fortalecer ahora que un nuevo gobierno encabeza la fundación justo cuando la pandemia parece estar bastante más controlada que en los años anteriores, es el rol de Chilenter como educador. Los talleres medioambientales que hacen tienen el foco de entregar conciencia. “Los niños tienen que saber que cada mil equipos refaccionados versus equipos nuevos se ahorran 883 toneladas de co2, algo que es un indicador medioambiental super poderoso en este momento, la huella de carbono. Es esa una cifra que necesitamos decir y educar desde nuestra labor”, explica Barría.

Actualmente los talleres se enfocan en la orientación medioambiental de educación básica y superior, y según el perfil y rango etario se hacen recorridos con monitor y charlas para conocer las necesidades medioambientales. “Por ejemplo, los niños vienen con sus profesores, se instalan unos módulos donde se les pasan herramientas para desarmar un computador y saber cómo es por dentro algo que siempre han visto por fuera”, apunta.

Estas líneas de educación son las que eventualmente evolucionan según las necesidades que vean las nuevas direcciones ejecutivas y los lineamientos. En este caso, la necesidad de acortar la brecha digital y la sustentabilidad podrían terminar en más iniciativas de talleres, robusteciendo las artistas y abanicos de servicios que dan a la comunidad.

Así mismo, la nueva administración podría estar muy enfocada en las nuevas aristas de la Ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor), la que establecerá metas asociadas a la Gestión de Residuos. “Esta va a llegar al mercado también, algo que empezó con las bolsas del supermercado en algún momento llegará a la línea electrónica”, pronostica.

El desafío a futuro entonces es poder seguir nutriendo de equipamiento a las comunidades que lo necesiten, adecuarlo a las necesidades del mercado según la ley, y, sobre todo, ser cada día más sustentables, esperando así que la ayuda pueda multiplicarse de aquí a los próximos años, solucionando el problema de la brecha digital que no ha terminado de agudizarse con el paso del tiempo.


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