Fábrica chilena Ecocitex convierte la ropa usada en hilos ecológicos de alta calidad

Un emprendimiento latinoamericano que revoluciona la manera de crear nuevas prendas de ropa teniendo en cuenta el futuro de nuestro único planeta.

La historia de Ecocitex empezó con ropa de bebé. Cuando Rosario Hevia quedó embarazada de su segundo hijo, empezó a darse cuenta de la cantidad de prendas infantiles que se desperdician.

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Los bodies que compró para su primogénita, estaban en perfecto estado, pero no le servían a su nuevo hijo. Así que empezó a interesarse por los residuos textiles en Chile, su país de origen.

Gracias a su formación en ingeniería, Hevia no paró de hacer números, encontrar soluciones y mejorar los sistemas conocidos. Chile es el principal consumidor de moda rápida en América Latina, por lo que el tema le parecía apremiante a nivel social, no sólo era un tema personal.

La historia de Ecocitex

Rosario Hevia de Ecocitex
Rosario Hevia, fundadora de Ecocitex.Foto: Paz Olivares-Droguett. 

Mientras sostenía a su bebé, de solo un día de nacido, en la clínica en 2018, decidió crear Travieso, un emprendimiento de ropa de bebé usada y un negocio de upcycling. Unos meses después, decidió dejar su puesto como subdirectora de planificación financiera de Latam Airlines Group para dedicarse de lleno en su negocio.

A medida que Travieso ganaba popularidad en Santiago de Chile, Hevia no tardó en acumular telas viejas y descartadas. Estaba recibiendo 400 kilogramos de residuos textiles cada mes a finales de 2019.

Hevia comenzó a buscar alternativas para la ropa que no podía ser reciclada o revendida, lo que suponía alrededor del 20% de las donaciones que recibía en ese momento: ‘Fuimos al Ministerio de Medio Ambiente, a los municipios, a las grandes tiendas que querían reciclar de forma sostenible. Todos se limitaron a responder: ‘Lo donamos’, y ella les insistía: ‘Pero yo me refiero a la ropa en mal estado’, y me dijeron: ‘Ah, no, esa se tira’, y no encontró ninguna solución viable en Chile en ese momento.

Ecocitex en Chile
El patio de la sede de Ecocitex en Santiago, Chile. La gente puede dejar residuos textiles para ser reciclados por una pequeña tarifa de recuperación. Foto: Paz Olivares-Droguett. 

Pero Hevia siguió buscando. A finales de 2019, se enteró de una antigua fábrica de hilos en venta. Y así fue. Crearía hilo a partir de residuos textiles para su nueva empresa llamada Ecocitex, un portmanteau de Economía Circular Textil.

El conocimiento de Hevia sobre los residuos textiles chilenos surgió de las estadísticas publicadas por la revista Diario Financiero en 2018 que revelaban que Chile producía 550 toneladas de residuos textiles cada año.

Ella se sentía esperanzada con su fábrica de hilos: ‘Tengo [la capacidad de] procesar 20 toneladas al mes, así que serán 240 al año’, comenta. Pero en noviembre de 2021, salieron a la luz en Chile unas impactantes imágenes del desierto de Atacama que revelaban 39,000 toneladas de ropa desechada y abandonada en vertederos improvisados.

El asunto era peor de lo que Hevia pensaba. Las fotos se hicieron virales en todo el mundo, y medios internacionales como Al Jazeera y la BBC se hicieron eco de los vertederos: ‘Lo que más me entristeció de esta noticia fue que el problema se hizo viral en todo el mundo, pero no ocurrió lo mismo con las soluciones’, dijo Hevia. Esto le dio más fuerza para hacer que Ecocitex funcione.

En el patio de la empresa, en Santiago, hay contenedores para dejar la ropa que se va a reciclar y las prendas pre-usadas para su venta. El reciclaje le cuesta al donante 990 pesos chilenos por kilo -alrededor de 1,20 dólares– para la ropa en mal estado y sin elementos no textiles como cremalleras, botones o lentejuelas.

‘La única forma de eliminar los residuos textiles es educar e involucrar al consumidor’, dice Rosario. Ella explica que a los consumidores les cuesta diferenciar la donación del reciclaje; un proceso que requiere mucho trabajo: ‘Si donas ropa en buen estado, es como donar una lavadora que aún funciona, pero cuando algo está roto o manchado, entra el servicio de reciclaje’.

Ecocitex
La fábrica de Ecocitex, que procesa la ropa donada y la convierte en hilo reciclado.Foto: Paz Olivares-Droguett. 

El proceso en la fábrica es bastante fascinante. Los empleados de Ecocitex -Hevia colabora con Abriendo Puertas para contratar a algunas mujeres que en el pasado estuvieron privadas de libertad- empiezan a clasificar lo que se va a vender, a reciclar o a utilizar como relleno ecológico (retazos de ropa utilizados para rellenar bolsas de boxeo, cojines o muebles).

Nada acaba en la basura y procesan aproximadamente una tonelada a la semana. Podrían procesar más, pero sólo crean la cantidad de hilo que sostiene su negocio en relación con sus ventas actuales.

La ropa vieja que se va a reciclar en la fábrica de hilo se corta y se separa por colores. Hay montones de ropa de varios colores, diferentes tonos de azul, verde y amarillo que luego se convertirán en un hilo ecológico único. Ese montón de telas seleccionadas por colores pasa primero por una guillotina y luego por grandes y ruidosas máquinas antiguas supervisadas y controladas por los operarios de Ecocitex.

Una vez que los distintos tejidos se han combinado, procesado y convertido en balas texturizadas, se añade un aglutinante químico, un desinfectante, un antiestático y gotas de agua.

No hay procesos de tinte ni de lavado para evitar la liberación de productos químicos tóxicos en el agua. Hevia sabe que las industrias textiles desempeñan un papel importante en la contaminación de las aguas limpias. Además, el hilo de Ecocitex no pierde el color porque se fabrica con ropa ya lavada y usada.

En la etapa final, una gran máquina convierte el tejido procesado en una tela parecida al algodón que se corta en tiras, creando la primera versión débil del hilo. Por último, otra máquina retuerce las hebras resultantes para construir un hilo más fuerte y acabado. Rosario nos muestra con orgullo el resultado final: ‘¡Me encanta! Cada color se crea a mano, gracias a esa selección inicial de prendas’, dice. El hilo está listo para nuevas creaciones.

El próximo reto de Ecocitex es conseguir que más empresas y marcas se impliquen para lograr una verdadera economía circular. ‘Si queremos resolver un problema industrial, necesitamos una solución industrial’, explica Hevia, que actualmente vende el hilo de Ecocitex en tiendas físicas y online, en Amazon y Mercado Libre, y a través de su página web.

En la actualidad, los microempresarios son la principal fuerza de ventas de Ecocitex, con 67 socios –boutiques, pequeños empresarios y diseñadores– distribuidos por todo Chile y con más tejedores que nunca durante la pandemia.

Fabiana Ávila, una diseñadora de 23 años, es una de estas nuevas tejedoras que aprendió el oficio durante el confinamiento y está creando prendas de punto vanguardistas con el hilo de Ecocitex. Una profesora le habló de Ecocitex, lo que despertó su interés por el producto para crear nuevas piezas para sus proyectos de diseño.

La industria textil es una de las que más contamina, y nosotros, como nueva generación de diseñadores, debemos tenerlo en cuenta’, dice Ávila. ‘Podemos seguir creando y estar a la última tendencia, pero de forma ecológica’.

Ávila trabaja como diseñadora de vestuario en Santiago, y en su tiempo libre diseña nuevas piezas y teje con su madre, Evelyn Salazar, en casa mientras ve Breaking Bad. Salazar también aprendió a tejer durante la pandemia viendo vídeos de YouTube y se enamoró del oficio. Ahora ayuda a su hija a crear nuevas piezas: ‘Ella es el cerebro; es como mi jefa’.

Salazar explica que el hilo de Ecocitex es caro en comparación con otros productos del mercado. Una madeja de hilo ecológico Vanguardia cuesta 2.990 pesos chilenos (unos 3,70 dólares). Salazar dice que puede comprar una madeja de hilo tradicional en algunos mercados por 1.000 pesos (1,25 dólares), pero encuentra un valor añadido en el de Ecocitex. ‘Tienes que comprar un excedente porque cada color es único, y no podrás volver a comprar ese color exacto. Eso me parece brillante’.

A pesar de saber que hay un largo camino por recorrer, Hevia se siente esperanzada: ‘Estoy impresionado por lo rápido que nos hicimos virales. Conseguimos 163,000 seguidores en sólo dos años, hemos salido en la televisión… El hecho de que hoy estamos hablando con Vogue’.

También ella encuentra alivio en saber que más gente se involucra en el cambio: ‘Siento que por fin estamos hablando del problema, y ese es el primer paso para un cambio real. Ahora tenemos que pasar de las palabras a los hechos’, culmina.


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