El consumo se desacelera pero recién se reflejará en cifras el segundo semestre

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La menor liquidez, la inflación y la subida del tipo de cambio ha frenado en parte las compras. Pero las importaciones siguen firmes y las ventas de autos no frenan.

Si el crecimiento de la economía llegó en 2021 a 11,7% fue gracias a la potencia del consumo, alimentado por el «dinero fácil» proveniente de los retiros desde las AFP y las ayudas fiscales. Ahora, el encarecimiento de los productos debido a la inflación y al aumento del tipo de cambio mostrarán la otra cara de la moneda: una caída del consumo este y el próximo año, según proyecta el Banco Central.

Pero luego que el consumo creciera 18% el año pasado, deshacer ese impulso tampoco está siendo tan fácil. Si los dos primeros meses del año mostraron retrocesos en las importaciones de bienes de consumo y de capital, en marzo se recuperaron aunque de forma dispar. Y productos que han sido emblemáticos de la potencia del consumo, como las ventas de automóviles, también volvieron a exhibir niveles récord.

Si se mantiene la normalización fiscal y monetaria, y no se concretan nuevos retiros desde las AFP, nada evitará la desaceleración del consumo. Las preguntas son cuándo y cuánto.

«Ya vimos indicios de ello en el verano, sobre todo en la Región Metropolitana, porque este año con la apertura de la economía hubo mucha movilidad hacia las regiones, que todavía continúan con fuertes crecimientos en las ventas», comenta la gerenta de Estudios de la Cámara Nacional del Comercio, Bernardita Silva.

Más en general, las bases de comparación mostrarán dinamismo en las ventas a nivel anualizado (no mes a mes) durante el primer semestre, favorecidas por los magros resultados registrados en las masivas cuarentenas de abril y junio de 2021. Lo contrario ocurrirá en la segunda mitad del año.

«La desaceleración del consumo no la vamos a ver en el primer semestre, pero sí con más seguridad en el segundo, porque nos van a pegar fuerte la menor liquidez y el aumento de los precios», proyecta la economista.

Los que resisten y los afectados

El economista senior de BCI, Antonio Moncado, plantea que el menor dinamismo del consumo es un fenómeno global, pero que en Chile debe verse con cierta cautela ya que los hogares todavía mantienen en reserva cerca de US$ 11 mil millones de los retiros desde las AFP, los que no se han inyectado a la economía.

«Más allá del menor dinamismo en las ventas de comercio en su conjunto respecto de los meses previos, todavía hay sectores bastante fuertes respecto de sus promedios históricos», dice. Apunta, por ejemplo, al alza de 11% en el crecimiento anual del comercio minorista en febrero y a la  expansión en las ventas automóviles nuevos, vestuario y calzado.

Crédito: PAUTA/Fernanda Monasterio Blanco

 

En contraste, dice el economista, uno de los sectores que se ha desacelerado con fuerza es el de los materiales de construcción. «Se trata de bienes semi durables que no se renuevan con tanta facilidad y que además están en un rubro que enfrenta estrechez de oferta, un fenómeno que es más bien global».

Añade que también hay algunos productos electrónicos (como televisores) que muestran similar comportamiento, debido a distintos factores, incluyendo un mayor tipo de cambio que encarece las importaciones. «Se aprecia una moderación en las ventas del retail, pero no una caída libre». advierte.

Resiliencia de los servicios

Con la plena reapertura de la economía, el sector servicios es el que ha estado empujando la actividad. Educación, transporte, salud, alojamientos y hoteles, entretenimiento, además de servicios personales y empresariales, entre otros, parecen no verse tan afectados como otros sectores a los que los afectan las tasas de interés más altas y un tipo de cambio más elevado.

Moncado explica que el consumo asociado a servicios no está tan afectado por el ciclo económico en general. «Tras la pandemia, hay condiciones que favorecen el consumo de servicio, que debiera mostrar una moderación mucho más tenue que el consumo de bienes», sostiene. Probablemente va a ser «uno de los impulsores del consumo total en esta fase de desaceleración de la economía chilena, operando como una especie de amortiguador», afirma.


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