Crisis económica argentina, responsable de la caída del consumo de vino

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Aunque el consumo de vino en Argentina viene en claro descenso desde hace más de 20 años, los vaivenes económicos del país acentúan la falta de consumo de su bebida nacional.

En abril pasado, la Organización Internacional del Vino y la Viña (OIV) realizó un informe listando los 23 países que más vino beben en el mundo y la Argentina pese a estar dentro de los 10 países con mayor consumo mostró un descenso de más del 10%.

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«Yo siempre tuve una lectura más benevolente de la situación ya que este tema recorre la Argentina desde hace unos 15 años y siempre se habló de la caída del consumo del vino. Y creo que es cierto pero es parcial, porque la Argentina viene con una base histórica de hace 30 años cuando el consumo per cápita era muy alto porque tiene una cultura y una tradición de consumo de vino muy europea, por la inmigración, y cuando uno toma esa base ve que los índices fueron cayendo en las últimas décadas» comienza Matías Prezioso, presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers quien relaciona este descenso a dos cuestiones: «La primera es que en Argentina no había gran consumo de cerveza ni de aperitivos y eso en los últimos años ha crecido y como consecuencia ha disminuido parcialmente el del vino. Y después hay otra cuestión que es que cuando uno ve las estadísticas mundiales, el consumo de vino no crece estadísticamente en el mundo, pero sí crecen los precios promedio. En definitiva, la gente tiende a tomar menos cantidad de alcohol, pero de mayor calidad. Obvio que en un país como Argentina donde el contexto económico no es el mejor esto no está tan marcado como en otros países. A mí no me asusta que no crezca la cantidad de litros, pero sí que crezca la calidad que es un poco el camino que ha recorrido la Argentina en las últimas décadas cuando hizo la transformación y la apuesta por la calidad y no tanto por el vino de volumen».

Más allá que la Argentina vive históricamente en infelices vaivenes económicos, las últimas cifras de consumo además sufrieron una doble caída ya que en pleno 2020 con las duras restricciones que se vivieron en el país durante la pandemia el consumo de vino había tenido un momento de alza histórico.

Y como explica Javier Merino, el consultor del centro de estudios económicos de Bodegas de Argentina «el consumo en Argentina está directamente relacionado con el ingreso de la población. A niveles más bajos, los salarios, y a niveles más altos por salarios y rentas. Así, lo que está cayendo en la Argentina es la demanda por vinos derivada de una caída de demanda de los consumidores y esa demanda de los consumidores está directamente influida por el fenómeno inflacionario que tiene dos efectos: el primero hace caer el ingreso de los habitantes del país y el segundo es que desplaza consumo desde bienes prescindibles a bienes imprescindibles que captan mayor consumo y los prescindibles como el vino pierden consumo».

Y por si todo esto fuera poco la política de precios más cuidados de los últimos años ahora ya es cosa del pasado. «Lo que hoy pasa es que el efecto ingreso está directamente afectando al consumo de vino. Hace dos o tres años veíamos que caía el ingreso y subía el consumo de vino pero en ese caso hubo políticas de precios por parte de las empresas que disminuyeron sensiblemente los precios de los vinos y eso hizo que el consumo repuntara por una cuestión de oportunidad de precios por parte de los consumidores. Hoy ese fenómeno de precios se ha revertido y ahora la industria está subiendo los precios porque de alguna forma se está trasladando el mayor precio de la materia prima y de algunos insumos al precio final de vino. Entonces suben los precios del vino y está cayendo el ingreso de los consumidores. Insisto, es la inflación lo que está afectando el ingreso de los consumidores y ese menor ingreso hace que haya una menor demanda de vino. En ese sentido la proyección para 2022 no es mucho mejor que lo que hemos visto los primeros meses del año ya que no se proyecta una disminución de la inflación y por lo tanto es difícil prever que haya una subida del ingreso per cápita de los habitantes, entonces es difícil prever un aumento en la demanda del vino» explica el experto en materia económica.

Para Andrés Rosberg, ex presidente de la Asociación Internacional de la Sommellerie (ASI) «los vinos en los segmentos de precios medios y bajos son los que más sufren, tanto por caída del consumo como por pérdida de rentabilidad. Y los vinos de alta gama, que de todas maneras constituyen todavía un porcentaje pequeño del volumen del mercado, no parecen sufrir tanto, gracias a una mayor demanda generada por cambios en hábitos de consumo y el reingreso del turismo internacional».

En esa línea, Prezioso agrega que pese al contexto económico: «la industria del vino argentino está recorriendo una profundización muy interesante en cuanto a estilos de vinos, búsqueda de terroirs y nuevas regiones. Y está dando saltos agigantados cosecha tras cosecha. Ahora también lo cierto es que eso se contrapone un contexto económico que es complejo y en el tema del vino es muy complejo, porque la inflación y el tipo de cambio ha afectado claramente al mundo del vino y hay muchas subas de insumos secos (todo lo que no es el vino), por eso hoy es más caro o más difícil producir o encontrar la botella, la cápsula o la etiqueta. También lo cierto es que hoy la gente está más dispuesta a pagar un vino de alta gama en Argentina y eso tal vez no pasaba hace un tiempo atrás. Eso viene bien porque el vino argentino y sobre todo a los productores medianos o pequeños hoy les resulta muy difícil llegar a precios muy bajos y cuando uno no tiene una gran economía de escala -como tiene una bodega que hace millones de litros- hace que el vino termine llegando más caro al restaurante o la vinoteca».

Y claro que Rosberg no se queda atrás y subraya que «a pesar de las dificultades, es posible afirmar que la Argentina está produciendo los mejores vinos que se elaboraron en su historia y que, de mejorar la coyuntura, es una actividad económica con un enorme potencial de crecimiento y un gran impacto positivo en varias economías regionales del país».

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